|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Burning + Sex Museum Aqualung. 21 de febrero de 2003 A priori, el cartel presentado no podía dar sino parabienes: dos de las bandas más relevantes del territorio rockero madrileño en una unión generacional de ésas que permiten comprobar cómo se avanza o retrocede. Sex Museum, con su habitual cargamento de rock durísimo, es, hoy por hoy, el grupo que mejor abandera el clasicismo del estilo en España. Son contundentes, una pura máquina en escena y con un sonido demoledor. Su repertorio, que no varió excesivamente del que presentaron en Madrid el pasado noviembre, está considerablemente asentado en un sabio equilibrio entre material propio y versiones y su capacidad interpretativa muestra en todo momento un engranaje finamente ajustado y preparado para las más duras batallas. Burning, sin embargo, se maneja en otros terrenos y aborda el rock de un modo tan distinto como personal. Tal y como se había avanzado en sus conciertos del año pasado, el grupo tiene entre ceja y ceja la renovación, la dejadez de historias juveniles y la actualización de su repertorio con una fe absoluta en el material grabado más recientemente. Eso lleva a la banda a un salto que no necesariamente es entendido por su público más duradero pero que, con las mismas, ni debe nada a nadie ni ha de medirse por la respuesta que obtenga únicamente entre la parroquia más clasicota. Los Burning actuales hacen más rock que “roll” y fundamentan la mayoría de sus desarrollos en las evoluciones de un guitarra virtuoso capaz de tocar absolutamente de todo. Su propuesta tiende ahora más hacia el AOR americano que hacia el rock’n’roll directo y sencillo que siempre les ha caracterizado. En su nueva puesta en escena Burning retoca cada una de sus canciones concediendo espacio a la música y confiando en que su material de toda la vida gana enteros cuando se le arregla de un modo más elaborado. El resultado, aun siendo más sólido y expresivo, no convence a todos, especialmente a quienes adoraban la explícita desnudez de las canciones más emblemáticas del grupo. Pero… en fin. Para gustos hay colores: unos pueden solicitar siempre lo mismo y otros elegir el riesgo que supone dar un paso adelante. En el caso de Burning era necesario este paso y, seguramente, llegará a buen puerto según se vayan rodando en directo las nuevas formas de sus canciones legendarias. Con todo, el cuarteto no tuvo su mejor día en Aqualung. Midieron mal el tiempo y su repertorio no mostró un equilibrio acertado entre lo nuevo y lo viejo. Se echaron a faltar canciones y en algunas de las presentadas se exageró un poco su duración. Una buena excusa para volver a presentarse ante el público madrileño cuanto antes. E.P.
|