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Bill Evans

Clamores. 18 y 19 de marzo de 2003

Suele decirse que el jazz es una de las músicas que, actualmente, no convoca a la gente joven. Y, admitámoslo, es un hecho en la mayoría de los conciertos que se realizan alrededor de esta música. Eso no quita para que, en los últimos años, algunos artistas de jazz hayan cambiado poderosamente su convicción sobre esta música y para que, al mismo tiempo, jóvenes integrados en la escena electrónica hayan mirado al jazz como fuente de inspiración. Entre los primeros habría que destacar el papel jugado por Bill Evans, un saxofonista que, cuando prácticamente era un crío, fue a parar al grupo de Miles Davis y que, desde entonces, no ha dejado de evolucionar. Evans se ha acercado, en la década de los 90, a todos los géneros que mandaban en la escena juvenil, pero no lo ha hecho desde un planteamiento comercial o facilón, sino, muy al contrario, con la mente puesta en extraer de esos estilos todo aquello que pueda enriquecer su música. Y su música, mientras la cosa no cambie, es el jazz.

Daba gusto contemplar cómo el público que reventó Clamores durante dos días seguidos era, mayoritariamente, joven. Y no sólo eso: era un público exigente, que sabía valorar lo que tenía en el escenario y que no se conformaba con cuatro guitarrazos mal tirados y con saltos llenos de cabriolas. Evans se presentó ante este público con una banda estupenda, llena de músicos solventes capaces, por sí solos, de contentar al más sibarita de los oyentes. Y, con ellos, el saxofonista jugó, tocó, reinventó el sonido de su saxo con ocasionales usos de vocoder y planteó un terreno estético donde cabían por igual el funk, el hip hop o el blues, siempre con un toque de modernidad que acariciaba la fusión dejando libre albedrío a la inteligencia y sutileza de sus músicos.

No fueron los suyos conciertos para cerrar la boca y escuchar, de ésos para apalancarse en la silla y empezar a tomar notas. Fueron dos shows sumamente calientes, capaces de recolocar en el público su planteamiento jazzie y válidos para demostrar que ésta es también una música que puede entrar en las discotecas sin perder un ápice de su validez. Evans, en teoría, presentaba “Big fun”, su nuevo trabajo, pero, como suele ser habitual en este hombre, aquello no fue sino la excusa para volver a montar un sarao en el que disfrutaron todos, público y músicos.

E.P.

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