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Los Deltonos vuelven, siete años después y en formación de cuarteto. Abril de 2003 Otro momento
Ahora son Hendrik Roever (el único de los fundadores de la banda que aún permanece en Deltonos), Iñaki García (el batería que entró a formar parte del grupo en el 92), Pablo Zeta (nuevo bajista) y Fernando Magaya (segundo guitarra). La incorporación de este último supone que, en su nueva encarnadura, el grupo se ha convertido en un cuarteto con un frente de dos guitarras. “No fue un elegir”, comenta Hendrik. “Para que un grupo funcione tiene, previamente, que haber una relación de amistad. Es después cuando surge la idea de colaborar. Entre nosotros había química y eso era lo primordial. Lo de incluir a Fernando surgió cuando probamos un par de temas con dos guitarras y resultó, para mí, una revelación. Cuando escuchas los directos de las reediciones ves cómo hacíamos ese punk blues en trío y el esfuerzo que eso requería. Ahora tengo tiempo para ver lo que pasa, para escuchar de otra manera, incluso para parar y disfrutar yo mismo del concierto. Rosendo dice que, con una segunda guitarra, se haría vago, pero yo, por lo menos, puedo pensar las canciones de otra manera a como lo hacía cuando era el único guitarrista del grupo”. Escuchando a Hendrik uno podría pensar que la historia de la banda ha resultado lineal y que las últimas incorporaciones no suponen sino un paso más dentro de una carrera solidificada. Pero, en el fondo, no hay nada de eso. El anterior disco de Deltonos se remonta a 1996 (“Ríen mejor”) y supuso uno de tantos y tan importantes tropezones como ha sufrido el grupo a lo largo de los últimos doce años. “Creíamos que habían acabado nuestros problemas y caímos en la discográfica problema. Teníamos una actitud demasiado innovadora para el rígido corsé que rige Virgin; ellos creían que sólo se nos ocurrían locuras. Hubo una mala química casi desde el principio”, recuerda el líder “deltónico”. Los problemas a los que se refiere Hendrik y que consideraba, por entonces, acabados, se centran, fundamentalmente, en la sentencia judicial que casi les retira del circuito en 1992. “Grabamos nuestro primer álbum con La Fábrica Magnética y el segundo con Dro. La cuestión es que La Fábrica nos demandó por incumplimiento de contrato y eso se extendió muchos años, demasiados. No sólo no podíamos grabar, sino que, además, se intentó que no tocáramos, lo que, en mi opinión, sobrepasa el uso del sentido común. Pero… En fin: con ingenio inventamos cosas para continuar porque estábamos en el buen camino. Estar cuatro años sin disco puede ser mortal para la mayoría de los grupos, pero no lo fue para nosotros”. Los Deltonos aparecieron en el panorama musical español en 1990. Desde Cantabria Hendrik, Chewis Herrero (bajista) y Juanjo Velasco (batería) habían puesto en marcha un montón de grupos (Impostores, Destripaterrones, Sextones, Adrenalina…) hasta que se decidieron, finalmente, por adoptar el nombre con el que, finalmente, grabarían. Aunque a principio de la década ya podían presumir de aparecer en alguna recopilación (“Marejada 87”) y de haber ganado algún concurso, su primer contrato discográfico no llegó hasta que su primer EP autofinanciado no causó sensación en Madrid. Fue allí donde aparecieron los contactos necesarios para que, finalmente, se realizara “Tres hombres enfermos”, el primer álbum de Deltonos. Por aquellos días la formación (que sufrió su primer cambio al entrar Mon Castellanos a la batería) suponía un enorme soplo de aire fresco en una escena que no pasaba sus mejores momentos. Se cuenta la historia de que, en una entrevista, Hendrik apuntaba: “Cuando empezamos teníamos dos opciones fáciles: punk o blues. Tiramos la moneda y salió blues”. Hoy el vocalista y guitarrista de Deltonos no recuerda la anécdota, pero tampoco le parece demasiado rara: “Era una frase intrépida, propia de la época. Lo único que te planteas cuando empiezas y no tienes ni idea de nada es por qué estilo de tres acordes te vas a decidir”. El caso es que su propuesta, sin estar demasiado lejos de la que parecía imponerse dentro del rock menos mayoritario, mamaba de los clásicos del r’n’b y aunaba, como si de una bebida isotónica se tratase, todos los componentes energéticos que podían dar de sí tres chavales armados de sus propios instrumentos. El término con el que la mayoría de los fans del grupo aceptaron el estilo de Deltonos fue “powerblues”: “Era una base de blues con influencias más duras y un poco de todo. Realmente no me acuerdo bien cómo argumentaba lo del powerblues en aquellos días”. El disco se presentó ampliamente por toda la geografía nacional dentro de un “tour enfermo” que les proporcionó una gran popularidad y que les colocaba en la élite del incipiente grupo de bandas que empezaba a configurar un circuito de invierno en el que las salas de mediano aforo eran las protagonistas. Una considerable legión de admiradores no dudó en afiliarse al “club de los enfermos” que suponía su autoorganizado club de fans. Desde allí se fue asentando la base de seguidores que mantendría vivos a los Deltonos cuando, tras grabar “Bien, mejor”, en 1992, tuvieron que hacer frente a la demanda de La Fábrica Magnética, pequeño sello independiente que no dudó en recurrir a los tribunales para conservar en su catálogo al grupo. La cuestión, sin embargo, se desmandó y, lo que comenzó siendo una petición lógica, se convirtió en una lucha personal cuando Hendrik, Chewis y Mon decidieron correr el riesgo de incumplir su contrato y grabar su segundo álbum con Dro. El grupo buscaba una mayor repercusión y lo que obtuvo, sin embargo, fue una sentencia que pretendía, incluso, que el grupo cesara su actividad. Hablando sobre lo que dejaron en su momento “Tres hombres enfermos” y “Bien, mejor”, Hendrik apunta que “era lo mejor que se podía hacer en ese momento. De hecho, era el reflejo de ese momento. Hay muchos grupos que, desgraciadamente para ellos, siempre están en el mismo momento y otros que simplemente son ‘el grupo del momento’. Nosotros no”. La banda, que ya había incorporado a Iñaki como sustituto de Mon, consiguió relajar las sentencias judiciales y mantenerse viva en el circuito de directo. De vez en cuando hacían incursiones de tiradas limitadas en singles de vinilo para complacer discográficamente a su club de enfermos, pero, principalmente, mantuvieron vivo su nombre enfrentándose al público cada vez que podían: “Pasamos el tiempo tocando y evolucionando. El que no puedas plasmar esa evolución en discos no quiere decir que no exista. Lo que ocurría con nosotros era que la mostrábamos en directo”. Cuatro años después de la aparición de “Bien, mejor” los Deltonos quedaban libres para poder volver a entrar en el estudio sin necesidad de cambiarse de nombre o de montar otro grupo. Fue entonces cuando pusieron en la calle “Ríen mejor” (96), un disco que, aunque en su título trataba de buscar una conexión con su predecesor, no conseguía mostrar con acierto el cambio que el grupo había sufrido en cuatro años. “Para muchos fue un cambio brusco, pero probablemente se viera así porque no hubo un disco intermedio entre ‘Bien, mejor’ y éste”, analiza Hendrik, quien, con todo, admite que el acuerdo al que llegaron Deltonos y la discográfica Virgin para la edición del álbum nunca tuvo los frutos apetecidos. Puede que fuera ése el motivo por el que el disco no tuvo continuación en un tiempo razonable. “Seguimos tocando hasta el 99. En aquel momento nos planteamos que necesitábamos un descanso porque, al fin y al cabo, llevábamos con la historia muchos años, nos tropezábamos siempre con la misma gente… A todos los grupos les viene bien un descanso, aunque ellos no quieran darse cuenta de ello. De ese modo, paramos los conciertos y nos dedicamos cada uno a sus cosas”. Desde entonces y hasta hoy, el nombre de los Deltonos apenas ha aparecido en la escena. De hecho, muchos de sus fans acérrimos entendieron que el grupo había desaparecido cuando Hendrik, bajo el pseudónimo de Hank, puso en circulación dos álbumes en solitario: “A lo bomba”, bajo el amparo del sello Munster, y “¡Dios mío Larry… Qué significa esto!” con Dro. “Cada cosa tiene su momento. Me apetecía grabar esas canciones y las grabé. Creo que el resultado es bueno, ya que, para que haya energía, tiene que apetecerte hacer las cosas que haces. El primero se grabó con un ocho pistas en mi local de ensayo y el segundo ya buscaba un sonido definido”. No fue hasta el 2000 cuando, “ensayando, cuatro amigos nos encontramos tocando canciones de los Deltonos. Nos gustó y decidimos que podíamos retomar la actividad”, cuenta Hendrik sin darle mayor importancia. Dro volvió a recibir con los brazos abiertos al grupo, ya convertido en cuarteto, y aceptó de buen grado reeditar los dos primeros discos de la banda dado que, en la actualidad, forman parte de su catálogo. Las reediciones de “Tres hombres enfermos” y “Bien, mejor” aparecieron en 2002 con abundante material inédito que complementaba al original. Al mismo tiempo, los libretos de los CDs aportaban información cronológica sobre la historia del grupo y daban especial importancia a grabaciones en directo que mostraran la que siempre se consideró mejor faceta de la banda. “Toda esa actividad fue coordinada por nosotros. Me tragué kilómetros de cinta para elegir las tomas en directo que había que editar y remastericé el ‘Bien, mejor’. Era un poco como preparar la salida de este álbum. Sacamos también un EP en octubre pasado con dos temas nuevos y dos recuperados de las reediciones”. Y así se llega a “Sólido”, el álbum que aparece ahora en las tiendas y que recupera la figura de Deltonos con nueva formación y con algunos años más encima. “Este disco lo hemos hecho con la perspectiva que te da el descanso y el hecho de haber digerido todos los discos que nos habíamos comprado y que no habíamos tenido tiempo de escuchar como se merecían. Lo hemos realizado con mucha calma, llevándonos casi todo el 2002 para grabar, escuchar o cambiar cosas. Cuando nos quisimos dar cuenta teníamos el disco hecho y pienso que en el resultado se nota que se ha hecho sin ningún tipo de presión. El título, ‘Sólido’, lo define muy bien: es sólido y congruente”. Obviamente, más de uno pensará que, con los precedentes ya contados, quizás habría sido más conveniente dar por finalizada la historia de Deltonos y poner en marcha un nuevo proyecto. Ante el hecho, Hendrik se limita a contestar: “Las canciones suenan a los Deltonos. Entonces… ¿para qué cambiar el nombre?”. Sin embargo, quien busque en “Sólido” la explosión de r’n’b y rock cañero que caracterizó al grupo a principios de los 90 puede sentirse un tanto decepcionado. Las influencias recibidas en este tiempo, el paso de los años y el cambio de formación hace que los nuevos Deltonos estén, actualmente, mucho más cerca de su imagen del 96 que de sus primeros días. Y aun así… la similitud no supone que estemos ante una continuación lógica de aquél: “Se aprecia la digestión tranquila de todas las influencias que nos ha dado el tiempo. En la etapa anterior descubríamos muchas cosas, pero todo se solventaba muy rápidamente: cogías y desechabas. Así fue como fuimos pasando de un r’n’b acelerado a algo más cercano al hard rock. Ahora ves que tanto aquello como lo que descubrimos después ha dejado su poso y ha generado lo que hace el grupo en sí mismo”. Si hace doce años el término que elegían los Deltonos para definirse era el “powerblues” ahora la cosa resulta mucho más sencilla: “El disco nos define muy bien. Somos un grupo de rock. Y no hay que darle más vueltas”. Obviamente, hablar de rock en 2003 explica poco, pero, tal y como dice Hendrick, las formas del cuarteto tampoco son de las que admitan demasiados calificativos innovadores. Planteándole la repercusión que puede tener el disco, el líder de la banda contesta con claridad: “En España tampoco hay tantos grupos de rock y a la gente le gusta el rock”, apunta. Ante la respuesta no puede más que pensarse que o bien Hendrick se refiere a un rock alejado de corrientes con más escena, como el heavy o el metal, o es que ha dejado de escuchar a los veinte mil grupos que, ubicados en el amplio saco del rock, se pasean cada día por las carreteras españolas. “No hay escena de rock. Sólo hay grupos separados. Quizás los grupos españoles no transmiten la actitud suficiente como para que la gente se involucre más”, añade. El grupo ha comenzado a preparar su vuelta a los escenarios y, de momento, tiene confirmada su presencia en los festivales Viña Rock y Mediatic. “Luego haremos algunas presentaciones, pero todo está aún sin concretar. Más tarde haremos, como es lógico en nosotros, una gira larga y ruidosa”. Será entonces cuando pueda apreciarse si “Sólido” es álbum suficiente como para volver a aglutinar a su alrededor a todos los “enfermos” o si, con mejores augurios, es capaz de colocar de nuevo a los Deltonos entre los grupos preferidos de los aficionados más jóvenes. E.P. Deltonos. “Sólido”. Dro
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