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Los Canallas se despiden grabando un álbum en directo. Abril de 2003

Adiós amigos

Siete años, seis discos, infinidad de conciertos y un último proyecto que cierre la historia con el mejor sabor de boca posible. Los Canallas, el quinteto festivo y rockanrolero que ha navegado en el ambiente madrileño desde que apareciera en 1995, se despide con una gira final y con el testimonio discográfico de lo que supone uno de sus arrebatos en vivo.

No han podido con ello. El hecho de pelear, de gozar con el sudor que despierta cada acorde de guitarra, de recorrerse España de arriba a abajo tocando en cada escenario disponible o de mostrar sus canciones firmando prácticamente un disco cada año no ha significado, en esta ocasión, que el cansancio y la desesperanza no hayan podido con el grupo. Los Canallas, uno de los actuales emblemas del rock de barrio madrileño, tira la toalla después de comprobar que, en los días que corren, lo más difícil es salir de tu agujero y obtener un lugar de crédito que te permita confirmar que, por fin, has conseguido lo que deseabas. Míchel Molinera, cantante y guitarrista del grupo, no puede evitar emocionarse, perder su mirada en el vacío y señalar, con un botellín en la mano, “¿cuánta de la gente que está vendiendo discos a paletadas ahora mismo merece, realmente, el crédito que le da el público y los medios? ¿Cuánta de esa gente es capaz de tocar un día delante de dos mil personas y al día siguiente enfrentarse únicamente a setenta?” La respuesta es obvia y se cae por su propio peso, pero no sirve de excusa ni de justificación. Simplemente ilustra un sentir generalizado dentro del ambiente del rock de Madrid: “¿Y por qué cuando aparece un pedo en algún lugar de Estados Unidos todo el mundo le hace caso y, sin embargo, al rock que hacemos aquí solamente le dedican descalificativos?”, añade un poco después. Ahí sí que no hay respuesta, sólo la constatación de que, hoy en día, hacer rock’n’roll en una ciudad como Madrid no supone sino la ignorancia suprema por parte de quienes, siempre, quieren estar a la última y presumir de que conocen la más reciente tendencia angloamericana.

En la hora de un adiós siempre queda tiempo para cierta autocrítica. “Quizás no éramos ni la mitad de lo que nos creíamos; quizás no crecíamos tanto como nosotros pensábamos… No lo sé. Pero esa situación de cansancio, de estar dedicando tiempo y tiempo a la música sin terminar nunca de vivir de ella, es algo que te pasa factura tarde o temprano. A nosotros nos la ha pasado ya”. Santi Garvi, también guitarrista dentro del quinteto, fue el primero que lo apuntó: tal y como había sido el pasado, y tal y como se planteaba el futuro, él no podía dedicar tanto tiempo y energías a mantener un grupo de rock. Planteó la situación al resto de la banda y decidió su marcha. Ante tal circunstancia sus compañeros ni siquiera consideraron la posibilidad de sustituirlo; prefirieron cerrar etapa y dar por terminada su aventura “canallesca”. Cinco discos en seis años (¿alcanzará eso cualquiera de los grupos que hoy pasan por ser estrellas?) es su legado, algo que deseaban resumir en una despedida delante de su gente. El quinteto tomó la decisión de hacer un álbum en directo, una gira de adiós y despedirse de Los Canallas cualquier día de septiembre alrededor de la barra de un bar. A partir de ese momento la amistad se alimentará en cualquier sitio excepto en un local de ensayo. “Quizás la gente está ya descreída de los álbumes y las giras de despedida, pero, si te digo la verdad, a mí ya me da igual. Lo mejor del asunto es que lo dejaremos queriéndonos como nos queremos, sin ningún mal rollo ni malentendido. Ha llegado la hora de dar carpetazo y lo haremos de la mejor manera que sabemos: subiendo a un escenario y diciéndole adiós a la gente”.

La gira ya ha empezado y este año no contará con un paso casi lógico como era la visita al Viña Rock de Villarrobledo, un festival que ha contado con la presencia de Los Canallas en dos ocasiones. El argumento principal de dicha gira será “Que nos quiten lo bailado”, el álbum grabado en Caracol el pasado 30 de noviembre y que supone la despedida discográfica de la banda. Dicho álbum también se editará en vídeo con tres temas más y con un reportaje de veinticinco minutos en el que se puede ver el making off del concierto. “Creo que, si hay que valorar lo que hemos hecho, no podemos estar sino orgullosos: siete años juntos, seis discos, mayores ventas en cada uno de ellos y un buen directo. Los Canallas es un grupo al que los más reconocidos artistas del rock español tratan de tú a tú, sin distancia, y hemos tocado con la mayoría de ellos compartiendo escenario”, comenta Míchel, quien añade: “Aun así, nunca hemos pasado de la segunda división: hemos vendido lo suficiente como para seguir grabando y hemos tenido bolos como para seguir tocando. Pero nunca hemos conseguido vivir de ello. Hay gente a la que esa situación le llega, pero no a nosotros. Al final, cuando tienes que compaginar un trabajo con el mantenimiento de un grupo, ves que no puedes atender las dos cosas correctamente y hay que tomar una decisión”.

El hecho, sin embargo, no supone un excesivo distanciamiento de la música por parte de los miembros de Canallas. Santi, el primero en tomar la decisión, sí que estará fuera de juego dedicándose por entero a su servicio de reparación de equipos de música. José Manuel García, el batería, entrará a grabar con Grass una vez terminada esta gira y Pedro Díaz, el encargado del bajo, ha recibido ya ofertas de Poncho K y de Vantroi para incorporarse a nuevos proyectos. Míchel, por su parte, ha puesto en marcha un sello discográfico que, por principios e ideas, intentará dar posibilidades a bandas nuevas que tendrán que enfrentarse ahora a un panorama aún más duro que el que encontraron Los Canallas cuando aparecieron en el 95. “La idea es darle vidilla al asunto. Sólo pretendo hacer producciones modestas que generen lo suficiente como para que los grupos puedan seguir grabando. Ni me planteo que alguno de ellos resulte, de repente, una estrella. Lo fundamental, para mí, es editar a gente que hace cosas coherentes”, apunta Míchel. Las primeras referencias de Grabaciones El Coyote (así ha decidido bautizar a su recién creada empresa) están protagonizadas por Los Reconoces y Despistaos. Los primeros ya tienen su disco en la calle y los segundos verán su obra en breve en las tiendas. El Coyote también ha sido el sello elegido por Canallas para publicar su álbum de despedida.

El primer álbum del grupo es, hoy, valorado por ellos como “lo que podíamos hacer. En ese momento nos parecía la releche, pero, en cuanto aprendimos más, supimos que podíamos hacer cosas mucho mejores”. Así se planteó “Algún problema?”, su grabación del 97 y la que les supuso su entrada en Sony Music amparando un proyecto de subsello rockero que, finalmente, no arraigó en la multinacional. Un año después lanzaron “13… y para ti la rima” con unos resultados que se consideraron estupendos dentro del pequeño sello independiente Bliss. Con esta misma etiqueta llegaron a vender doce mil copias de “Nunca más”, un álbum que recogía canciones de la república y la guerra civil expuestas desde una concepción rockera. “Va por ustedes”, su álbum del 2001, debía haber sido su consolidación, pero… curiosamente ha significado el principio del fin.

“Que nos quiten lo bailao” es un buen exponente de lo que ha dado de sí la carrera de Canallas: dieciocho canciones presentadas con un alto grado de espontaneidad y premiadas por el reconocimiento de un público que abarrotó la sala Caracol. “Me cuesta mucho explicar a la gente que el disco se ha hecho sin un solo recording. No se lo creen”, comenta un Míchel obsesionado por señalar que, en el fondo, el álbum presenta lo que hay, sin aderezos ni componendas. “Somos conscientes que, en este disco, hay cosas que solamente son para fans, para quienes entienden nuestros comentarios y para quienes han visto cómo han evolucionado día a día las canciones”, añade.

“Que nos quiten lo bailado” puede mirarse también como un testimonio dentro del rock madrileño, un escueto testamento de una banda que ha visto pasar a su alrededor siete años de historia vivida desde dentro. “En estos años la mayoría de los grupos madrileños han ido dando bandazos dependiendo de la marcha de las compañías discográficas. Es muy difícil ver a un grupo que, en este tiempo, no haya tenido que cambiar de sello para poder publicar sus discos”, comenta Míchel, quien también extrae, de este tiempo, alguna señal positiva: “También se han tirado barreras que, antes, existían. Cuando empezamos era muy complicado ver, por ejemplo, a un grupo de heavy en el mismo cartel que a una banda como nosotros. Ahora, sin embargo, no hay tantos terrenos diferenciados y en el mismo concierto puede actuar un grupo de mestizaje, uno de rock, uno de hip hop y uno de heavy sin ningún problema. Tanto los músicos como el público ha ido evitando la diferenciación”.

Ahí queda un cachito de historia dentro del ambiente rockero de esta ciudad. Y no es el único: bandas como Canallas surgen todos los días de los locales de ensayo en Madrid y a todas las espera un panorama como el que Míchel y sus compañeros se han ido encontrando a lo largo de estos años. Algunos, muy pocos, podrán presumir de haber firmado seis discos antes de que les llegue su fin y el hecho, aunque ya sea pasado, siempre merecerá un respeto.

E.P.

Canallas. “Que nos quiten lo bailao”. El Coyote

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