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Dwomo

“Osinaga”. Salud. Septiembre 2002

Jorge Loran y Antonio J. Iglesias son los componentes de Dwomo, una formación que, previamente a este debut en largo, había publicado tres singles. Ahora lo arrejuntan todo y se presentan con una obra que, desde la primera escucha, se entiende más como un compendio de ideas que como una unidad. Particularmente, no puedo evitar que Dwomo me recuerde mucho a numerosos grupos de la movida madrileña: por su intranscendencia en las letras, por su aire divertido y variado y porque, ante cualquier concepto estético, prima lo lúdico por encima de todo. En “Osinaga” (igual para ellos el título tiene otro significado, pero yo lo asocio con el casposo actor de revista y comedias) tienes desde una versión festera del tema central de las pelis del Bond hasta un tema dedicado al bingo. Pero hay más: ¿te imaginas una versión del “Redemption song” de Marley cantada en algo que se antoja como japonés?

Sí. No puedo negar que el álbum me parece un compendio de bromas que, a unos más y a otros menos, les puede hacer gracia. Es la misma actitud que tenían formaciones como Pegamoides o Aviador Dro a mediados de los ochenta: su cinismo era tal que había quien terminaba tomando en serio toda su sarta de chistes. Dwomo tiene ese punto, desde la imagen hasta las letras, pasando por una música en la que cabe todo excepto la pretensión. La gran diferencia es que el tiempo ha pasado y han aparecido muchas más músicas de gran diversidad. De ese modo Dwomo utiliza elementos electrónicos que intercala en piezas que van del punk a la canción melódica o del pop presuntamente “actual” a los ramalazos étnicos. Un disco para un guateque.

E.P.

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