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“Bienvenidos a Occidente”. BKT. Septiembre 2002 Este es de los grupos que, desde su nombre, toman una postura clara. Igual que hay bandas cuya mayor preocupación es el amor, las relaciones sexuales o el baile, hay otras que siguen pensando firmemente que la música es un vehículo en el que, tranquilamente, caben contenidos ideológicos. De hecho, Disidencia está formado por personal que ha pasado en sus carnes muchas de las situaciones que denuncian en sus canciones, siempre se han manejado en un circuito alternativo y, con el tiempo (éste es ya su cuarto álbum), se han hecho acreedores de un respeto entre el público que, como ellos, le pide a la música algo más que banalidad. La mayoría de este tipo de grupos ha elegido siempre el punk para expresarse y ello viene dado porque, aparte de gustos personales, suele asociarse con una actitud rabiosa y no requiere un virtuosismo exagerado a la hora de empezar. Luego hay bandas que se quedan ahí y otras que, con el tiempo, mejoran y se preocupan de que la música tenga tanta intensidad y resultado como las letras. En ese aspecto, la gente de Disidencia ha encontrado un equilibrio muy acertado, con una producción sumamente adecuada a lo que hace el grupo (de Jabier Abreu) y con la remasterización de un Arispont que se ha consolidado plenamente como un personaje capaz de dar al sonido un empaque sobrio y con entidad. Con todos estos mimbres, los de Onil han firmado un disco de calado, que se escucha perfectamente sin necesidad de ser militante y que cuaja por lo directo de sus temas. A nivel de letras, la banda huye del panfleto y solidifica ideas e imágenes que van mucho más allá de la vulgaridad. E.P.
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