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La vida en la carretera (VI). Septiembre 2002 Los runners
"Como su propio nombre indica, el trabajo de conductor consiste en eso, en conducir un vehículo con la intención de transportar personas o cosas de un punto a otro. Una tarea aparentemente fácil, sencilla, responsable y aventurera. El problema se acentúa cuando eliges a los músicos y todo lo que rodea el ambiente lúdico-festivo del mundo del rock en todas sus vertientes. La tarea fácil y sencilla se elimina y pasa a ser muy responsable y muy aventurera. Los principales enemigos de todo conductor que se precie, entre otros muchos, son los kilómetros, la nieve y los meones", argumenta Cristóbal, que durante años ha sido runner de diversos grupos. Continúa describiéndonos el peso real de la cruz que soporta un conductor de grupos de rock and roll: "los kilómetros son tu curro, tu misión es cumplirlo. Que el trayecto tenga más kilómetros no siempre quiere decir que vaya a durar más o menos el viaje: eso es secundario. Con la improvisación como bandera, yo he tardado tres días en salir de un pueblo que estaba a 200 kilómetros escasos de casa, atendidos perfectamente, eso siempre, por toda clase de amigotes que te ofrecen toda clase de productos necesarios (casi siempre ilegales) para que tu estancia, antes, durante y después del concierto, sea lo más placentera posible. ¡Y lo consiguen los muy cabrones!" Si seguimos por los derroteros a los que nos empuja Cristóbal, escandalizaremos a todo el mundo de las oficinas de tráfico. Cambiemos y... Respetemos la naturaleza... del vehículo Pasemos a la furgoneta. Los culos de los músicos se acomodan en la poltrona, en varias filas de asientos, codo con codo durante horas: "la furgoneta tiene unas leyes que no están escritas, ni tampoco impuestas, pero que hay que respetar. Por ejemplo, mantenerla limpia, cosa que yo hago mientras el grupo prueba y tal. También está la ley de lo que se habla en gira. Aquí son muchos kilómetros y se cuentan cosas personales que no tienen por qué salir de aquí. En mil trescientos kilómetros se charla sobre muchos temas: historias personales, política... De aquí no sale nada". Nos habla Viry, y lo hace desde su amplia furgoneta (cama para tres, vídeo, televisión, espacio para backline, nueve plazas...) que le tiene que dar de comer a él y su familia. Quiño, que es perro viejo, tiene su pequeña flotilla de vehículos y sabe mucho de esto, de la comodidad y confidencialidad dentro de sus vehículos. "Llevo diecisiete años en este rollo. Soy de los pocos que no hago publicidad porque ya me conocen. Además, mi apodo es muy exclusivo mío y me lo he ido ganando. Se habla de uno en la carretera: allí nos vemos todos. Sé, concretamente, qué necesita el músico; han sido años de escuchar el "oye, le podías poner", "oye, le podías añadir"... Y, poco a poco, se lo voy poniendo. Ahora tengo una cosa de la que llevaba años detrás y es que cada asiento, que instalo especiales, tenga su audio individual. Uno se pincha ahí y puede ir viendo la película mientras en la furgoneta hay silencio, que es de lo que se trata. Otro puede ir al lado roncando. Como un avión". El hecho de tener funcionando la furgoneta es primordial. Eso obliga a ser camaleónico y juntarse con todo aquel grupo que necesite desplazarse y tenga presupuesto para ello: pijos, heavies, flamenquitos, costras, guiris y lo que haga falta: "hay que adaptarse a todo tipo de grupos. Pueden ser guiris o ¡yo qué sé! Hay grupos que son supercerdos, gente con la que tienes claro que, si puedes, no vuelves a currar con ellos. No diré el nombre, pero, el primer día que empecé con esta furgoneta, me la llenaron de chocolate, pringada. Aún no había colocado ceniceros y me lo pusieron tibio de ceniza y algún quemazo. Les dije que evitasen en lo máximo el tabaco... y nada. Era una inversión de cinco kilos y medio y es una herramienta de curro, no un trasto de alquiler. Confías en los grupos, pero con algunos te sale úlcera". El contrapunto a estas declaraciones las pone El Ultimo ke Zierre, amantes de sonidos radikales. Se enfrentaron a una situación, cuanto menos, desagradable: "Tuvimos a uno que era un guarro. Le llamaban Carrique y te tocaba viajar con perros, con sus cacas... Había gente que se ponía mala con eso: se mareaban, devolvían... El ambiente era irrespirable. Lo despachamos rápido porque, además, se negaba a coger autopistas: tenía que ir sólo por carreteras nacionales para no pagar una peseta de autopista. Nosotros, desde Castellón, nos tragamos unas palizas de la hostia. Jamás hemos vuelto a trabajar con él". ¿Existe la calificación laboral de runner? Respuesta negativa, amigos: "la verdad es que debería haber un contrato, algo que me asegurara el curro, porque de repente hay personas que... Por ejemplo: Mónica Naranjo canceló el año pasado una gira porque estaba estresada y los tíos que habían dejado de hacer cosas por hacer esa gira no tenían ningún contrato ni nada a que atarse... Con Miguel Ríos yo sé que es un tío serio: me dice que me quiere en la gira, me pasa las fechas y, a partir de ahí, todos los trabajos que me salgan los amoldo a esas fechas fijas. Normalmente tengo una gira y luego hago bolos esporádicos por ahí", argumenta Quiño, al tiempo que Viry nos hace notar la falta de asociacionismo entre el gremio: "he intentado unirme con alguna gente, asociarnos, meter publicidad y movernos, pero... no. Incluso unificar tarifas, que los favorecidos seamos nosotros y no el grupo, pero tampoco. Hice un par de comentarios y no llegaron a ningún lado. Al poco de llegar a vivir a Madrid un runner le dijo a un amigo mío que me marchase de aquí, que me volviese a Granada, que aquí estaba de más. No conozco al tipo ése que lo dijo, ni quiero. Yo, en el circuito que estoy, no piso a nadie. Cubro giras que son de alquiler y no molesto a nadie. También sé el caso de gente que, al hablarle de mi furgo, se han comprado una igual". Yendo un paso más allá nos topamos con la madre burocracia. Quiño continúa mostrándonos su situación de semiilegalidad laboral: "simplemente, hago facturas por porte. Un tío con una furgoneta haciendo lo que yo hago no es que esté prohibido, sino que no está permitido. No hay un permiso para hacer lo que yo hago; tienes que ir enmascarando diciendo que haces mercancías... no mola hablarlo mucho. Lo mismo pasa con las autocaravanas: no es legal que la gente vaya durmiendo en la carretera, pero, como son vehículos vivienda, pues no tiene una ley clara. Hay que dejar las cosas tranquilas para que no te pase nada. Hay un vacío legal. Yo me quise hacer con un autobús. Me iba a meter hasta el cuello, pero las leyes no me lo permitieron. Me decían que me tenía que comprar cinco, y eso me lo decían en un sitio que se llama "ayuda al joven empresario". Es una ley que dice que, para tener un autobús, tienes que tener cinco y cubrir un mínimo de no-sé-cuántas plazas. O sea, para proteger al poderoso". Tampoco es plan de escandalizar al fisco. Mutis y nuevo cambio. Turno de noche... y día Nuestra propia experiencia en carretera nos ha demostrado lo frágil que es la voluntad humana y ésta misma también nos ha demostrado que a la mayoría de los runners patrios les va más la marcha que al Parkinson de Machín. Aun así, la solvencia de nuestros conductores está demostrada. Siempre está el tomarse esto de un modo profesional y responsable, algo que Cristóbal nos explica con naturalidad: "cada viaje que realizas te curte un poco más y te haces más responsable. La carretera es muy puta. Tienes que ir al cien por cien de reflejos porque nunca sabes dónde te puede tocar a ti y, cuantos más kilómetros, más posibilidades, así que no te queda otra que ojos abiertos y descanso. Acabas hasta al culo de Coca Cola, cafés, Nestea y Redbull; el alcohol es eliminado de la dieta por cuestión de lógica. Es inviable la combinación de conducir y beber alcohol: es mucho lo que te juegas y siempre hay que tener dos dedos de frente". Se trata entonces de mantener una actitud Zen, es decir, conocerse a uno mismo a tope y sobrellevar lo que venga. "Es que depende "habla Viry" A todos nos gusta el mambo. Cuando al día siguiente hay que hacer muchos kilómetros pues te tomas una cañita, te fumas un petardito y te duermes. Hay veces que hay que estar durante la actuación, echando una mano, o vendiendo camisetas. Al día siguiente, si son trescientos kilómetros, pues los haces y punto. Cuando son más hay que madrugar y descansas menos. Yo, de gaupasa, muy pocas veces he trabajado, y cada vez lo haré menos. Ahí también depende del grupo; a muchos les va el mambo y les importa un bledo que tú también estés en la juerga. Yo no soy de meterme rallas conduciendo; no me sienta bien, me da ansiedad por llegar. A lo mejor me he puesto de speed, para despertarme, pero cada vez me limito más. Sé que voy a currar, así que... me acuesto". Claro, que Cristóbal siempre tiene la carta para demostrar que lo normal (cumplir con el descanso, el aseo y el alimento) no siempre es lo más sencillo: "en una ocasión, en un pueblecito de la provincia de Lleida, no habíamos confirmado la reserva de la habitación de un hostal, se había petado y el único hostal que quedaba en el pueblo era una ruina total. Le empecé a llorar mi caso a la señora del hostal: que tenia que dormir, que era el conductor, que si la carretera está llena de peligros, que sin descanso no hay seguridad... Le di tanta pena que me metió en la habitación de la hija porque, como eran fiestas, ella llegaría tarde. Y allí estaba yo, con ese olorcillo que te proporcionan los kilómetros, en una habitación rosa, con póster de Luis Miguel, fotos de Rickie Martin, un niño Jesús de escayola y sábanas de ositos con fragancia de Chispas, tu primera colonia. Cuando me levanté la chica estaba esperando su turno de sueño en una silla en la cocina junto a su madre. Se lo agradecí a ambas eternamente: fue un puntazo. De lo contrario me hubiera tocado acurrucarme por algún rincón de la furgoneta para no dormir nada y jugárnosla de vuelta una vez más". El grupo es quien contrata y, por ello, exige ciertos cuidados a su conductor, aunque, entre serpientes, el veneno no mata. "Yo ya soy muy amigo de todos: me he ganado la confianza. Son muchos bolos conduciendo y nunca me ha pasado nada. A mí, particularmente, me dan libertad; a otros les dicen "¡a la cama!"". De nuevo un contrapunto a estas palabras, las pone el grupo de Vitoria Obligaciones: "nuestro furgonetero siempre se emborracha más que nosotros y vuelve siempre discutiendo con las chicas que nos acompañan. El tío siempre mantiene una postura machista inamovible, lo que hace enfurecer más a las mujeres. Todas las discusiones suenan en medio de música horrible para mujeres: Dr. Feelgood, grupos de blues-rock... De vez en cuando pilla en la gasolineras cassettes de grupos españoles superchachis haciendo versiones de cosas como "In the summertime" o "Be bop a lula". La magia de los Obligas acaba cuando estamos de vuelta a casa, ahí parecemos muchas veces una jodida verbena". Capítulo
1: La vida en la carretera
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