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XI edición de Pirineos Sur. Julio de 2002 A este lado del Paraíso
Nos esperaba el Valle de Tena y lo raro es que no estuviera San Pedro con sus llaves por ahí. Las puertas del paraíso estaban abiertas y desde entonces he podido acudir a cinco ediciones (no en su integridad) de este festival. Este verano llegaba a su XI edición, con llenos espectaculares y todos los signos de un festival verdaderamente consolidado. La aventura comenzó en el olímpico año de 1992 a iniciativa de la Diputación de Huesca. En un enclave de enorme belleza, aunque más bien perdido, se creó un festival que hoy goza de total prestigio. Se trataba de Lanuza, un pueblo semisumergido en las aguas de un pantano rodeado de imponentes montañas. Desde el principio se tendió el escenario sobre el agua y se situaron gradas en un cañón natural que favorece un buen sonido. Y también desde el principio está al frente del festival Luis Calvo, como director artístico, y un valioso equipo. En el Pirineo de Huesca se suceden las maravillas, pero éste pareció el emplazamiento idóneo: “Pensamos “--declara Calvo--” que éste era el lugar más indicado para un festival que tuviera vocación de atraer gente de otros lugares porque cubría una serie de características. En primer lugar, su situación geográfica: proximidad al sur de Francia (Pau, Oloron), cercanía a Navarra y el País Vasco y buenas comunicaciones con la capital y con Zaragoza. Después, la infraestructura hostelera de la zona: desde campings a hoteles de cuatro estrellas que estaban infrautilizados en el mes de julio. Y, en tercer lugar, la belleza del paisaje, que le daba un plus añadido al festival. Además, estar en pleno Pirineo permite complementar el ocio con actividades como la montaña y los deportes de aventura”. En los primeros años, 92 y 93, se arranca con modestia, con la participación de siete u ocho grupos, en conciertos de fin de semana en Lanuza. Pero ya se presentan actuaciones tan interesantes como las de Gilberto Gil, Ray Lema con las Voces Búlgaras y Michael Nymann con la Orquesta Andalusí de Tetuán. Su director nos resume las “intenciones” del festival desde su fundación: “Lo que llamáis 'músicas del mundo' es un término que a veces lleva a equívocos. Puede hacer pensar que éste es un festival de músicos en taparrabos y yo diría que es un poco al contrario, más bien músicas populares contemporáneas que suenan en cualquier lugar del planeta, aunque, eso sí, influenciadas en mayor o menor medida por la tradición. Este festival no pretende ser dogmático y, por tanto, le interesa la modernidad y la tradición, o lo que sería ahora mismo la etnografía y la tecnología. La principal característica de un festival es no mostrar lo evidente y, por tanto, introducir todos los años músicos y músicas en cierto modo desconocidos o que no gozan por estos lugares de la fama que merecen. Todos los años intentamos que haya un equilibrio entre artistas consagrados y nuevos valores”.
En su edición de este año el “Pirineos Sur” tuvo su prueba de fuego el primer fin de semana con la gran atracción de la “Fiesta Africa-Reggae”, que contaba en el cartel con Alpha Blondy, Ismael Agana y Monsif. El auditorio de Lanuza puede dar cabida a cinco mil espectadores, se había vendido todo el papel y unas mil personas quedaron fuera. De entre ellos, unas decenas intentaron saltar las vallas y luego tirar las puertas de entrada sin conseguirlo. “No creo que fuera algo importante “--dice Calvo--”. Me parece una anécdota que entre siete mil personas haya un centenar de vándalos. En once años no ha habido un solo problema de orden público, ni una pelea ni un revuelo”. Quienes asistimos al festival podemos dar testimonio del excelente rollito que gobierna el evento. Esta vez el “especial” se dedicó a los rom, los gitanos de Europa, presentando, de nuevo, novedades. Así, el guitarrista gitano francés Thierry “Titi” Robin, por primera vez en España, y Kostas Paulidis, por primera vez fuera de Grecia.
A la velada siguiente, otra noche triunfal con la celebración de los XXV años de escenarios del martiniqués Kali, que se presentó al frente de un octeto y con una verdadera colección de invitados que cubría tres generaciones de músicos de Martinica. Fueron casi cuatro horas de concierto seguidas con devoción. Y ya se está dando vueltas para la próxima edición. “Después igual no es, pero creo que hace tiempo que no tocamos el continente americano, áreas como Suramérica o Centroamérica… todavía no lo sé. Tú no programas para ti “--concluye Luis Calvo--”, aunque intentes imprimir un carácter. Tiene que repercutir en la gente”. Me parece que lo hace en cada uno de los que asistimos. Javier de Cambra Lo mejor .- Las noches mágicas de “Principio y fin”
y Kali. Arrebatador. Lo peor .- No se produjo el concierto del turco Burhan
Ocal con los funksters de Jamaaladeen Tacuma. Suspendieron la gira por falta
de conciertos en Europa. Y su disco es terriblemente bueno.
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