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8ª edición de La Mar de Músicas. Julio de 2002

La mar de Cartagenas

El festival “La Mar de Músicas” de Cartagena ha celebrado su octava edición con todos los vientos soplando a favor. En apenas estos años la cita cartagenera de julio de las músicas del mundo se ha puesto en el mapa de los grandes festivales europeos de la especialidad. Y en esta edición, con el habitual escenario para los conciertos de mediano formato del Patio de Armas inutilizado, se han conseguido llenos hasta la bandera y buenas entradas en su escenario principal. Entre el 2 y el 27 de julio, este puerto del Mediterráneo ha revalidado su condición de ciudad acogedora de todas las culturas y todas las músicas. Y entre la satisfacción del público.

”La Mar de Músicas” arrancó en 1995 como un festival de proporciones modestas, presupuesto bien magro y convicciones profundas. Y ya en esa primera edición, con Paco Martín como director al frente de su equipo, el festival recuperó un auditorio que no se utilizaba, el enclavado en el Parque Torres, situado en una de las colinas que definen el perímetro de la ciudad. Se trata de un buen auditorio, con las gradas bien próximas sobre el escenario y flanqueado, a un lado, por la bahía de Cartagena y, al otro, por ruinas cartaginesas y romanas. Un lugar especial que adquiere tintes mágicos cuando las gaviotas sobrevuelan la zona y reflejan como flechas de plata los focos de escena. Allí se siente la música bien cercana. Ya esta primera edición ofrece en su cartel músicos de relevancia como los brasileños de Olodum, el maliense Ali Farka Toure, el congoleño Lokua Kanza, los cubanos de La Vieja Trova Santiaguera y la cantante Caridad Hierrezuelo entre un total de diez bandas comparecientes. Desde este arranque, el festival no ha parado de crecer en su oferta y en su resonancia pública. Según su director, el festival fue consciente de su confirmación en 1998, cuando se estableció un “especial”, dedicando un bloque de la programación a un país, Cuba, en aquella primera ocasión. Después se han dedicado a Senegal, Brasil y Malí. Y siempre han presentado tanto músicos de gran reclamo como artistas emergentes de indudable valor. “Un festival “--dice Paco Martín--” no tiene ningún sentido si no tiene una filosofía clara. Desde el principio, nosotros hemos querido contar tanto con artistas consagrados como con otros, valiosos pero apenas conocidos, de los que en muchas ocasiones hemos ofrecido sus primeros conciertos en España”.

Y el festival ha ido atesorando escenarios de especial impacto. En el mismo Parque Torres se encuentra el Castillo Arabe donde se celebran los conciertos de madrugada (a partir de la 1), en los que se apuesta por la música electrónica de raíces y bandas con impacto expresamente bailable. Durante los fines de semana la cita se prolonga con reconocidos DJs del espectro nacional. Para las sesiones de tarde, y con acceso libre, se cuenta con la Plaza de San Francisco, donde curiosos e interesados de todas las edades logran su ración de buena música. Y aún hay otro lugar, lleno de encanto y misterio, la Catedral Antigua, donde se celebran los conciertos de formato más íntimo. Y el Patio de Armas, que se recuperará para sucesivas ediciones.

Según estimaciones de la organización, procedentes de encuestas hechas a pie de concierto, sólo un cuarenta por ciento de los asistentes son de Cartagena y su comarca. Los demás vienen de cualquier punto de España, sobre todo, y toman sus vacaciones en peregrinación musical. Y para quienes quieran seguir el viaje musical después de conciertos y sesiones ya se está pensando en la instalación de una carpa “after hours” para el año que viene.

Este año el “especial” estaba dedicado a las muchas Cartagos y Cartagenas del mundo y que pueden encontrarse en tres continentes. Una magnífica exposición de fotografía, en varias salas de la ciudad, daba buena cuenta de la multiplicidad de Cartagenas. “Para nosotros “--añade Paco Martín--”, las actividades paralelas son algo de verdadera importancia, a lo que dedicamos un buen presupuesto”.

Este año el cronista pudo asistir a la segunda semana del festival, en la que no hubo decepción alguna. En primer lugar, una favorita reciente, la colombiana Petrona Martínez, reina del bullerengue y campeona del canto afrocolombiano. Acompañada de tambores y voces, su puesta en escena es sensacional: un latido definitivamente africano en tierras de América. A la noche siguiente tocaban Orishas, que se entregaron a conciencia en un concierto que duró dos horas y veinte minutos. El Parque Torres estaba abarrotado y el público se sabía bien sus raps cubanos. No menos lleno estaba el recinto con el costamarfileño Alpha Blondy, campeón del reggae africano, que dio todo un conciertazo. Apenas cantó dos canciones de su último disco, “Merci”, dando un buen repaso a sus grandes éxitos. El viernes (12), la cantante cubana Omara Portuondo nos ofreció la que para nosotros no fue su mejor noche. Y todo un estrenazo: los Jazz Jamaica All Stars, gran formación de veinte músicos jamaicanos y de otras Antillas residentes en Londres. Su fórmula es el ska para gran orquesta, aunque también interpretan grandes temas del jazz moderno. Fue una gran sorpresa. Y ya en el Castillo Arabe, el marroquí Houssaine Kili triunfó con todas las de la ley en días de mucho perejil. Entre la inauguración con el Bob Marley Project de Gilberto Gil y la clausura con Ketama (que sustituyeron al anunciado Joe Arroyo), medio centenar de bandas de verdadero impacto. Y ya se anuncia el “especial” de 2003 dedicado a India, desde su tradición clásica a la última música electrónica.

Javier de Cambra. Fotos de Carlos Gallego.