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España se cubre de festivales de norte a sur. Julio de 2002 La vuelta al mundo en músicas
La idea del festival, aunque tenga detractores, es enormemente positiva, tanto para el público asistente como para los artistas que participan en los mismos. Para los primeros aparece un amplio panorama habitualmente desatendido por los medios de comunicación, mientras que para los segundos surge la posibilidad real de contactar directamente con un público interesado que, desgraciadamente, no podría asistir a actuaciones suyas fuera de un marco festivalero. Convendría recordar aquí que, para artistas minoritarios, su circuito de directo se va limitando día a día ante la escasez de locales preparados para ofrecer actuaciones y ante la banalidad que cunde día a día entre los programadores institucionales. Los festivales, sin embargo, no son aventuras fáciles de llevar a cabo. En muchos casos, las instituciones públicas no comprenden o desatienden la necesidad que supone ofrecer a los ciudadanos una oferta cultural firme, con calidad y alejada de las vulgaridades dominantes en el panorama musical actual. Desgraciadamente, muchos de los festivales que se ven nacer cada año no consiguen financiación suficiente como para consolidarse en ediciones posteriores. El riesgo de los organizadores crece en tanto en cuanto un festival tiene, por definición, la obligación no sólo de presentar a artistas que faciliten la captación de público, sino también la de apoyar a proyectos musicales de calidad y facilitar a los artistas españoles un contacto con la audiencia que le niegan los medios de difusión mayoritarios. Un festival, para poder ser considerado como tal, ha de agrupar tanto proyectos consolidados como ofertas de riesgo, y conseguir eso en un cartel limitado por la economía no resulta nada fácil. En este número de Todas las NOVEDADES ofrecemos una semblanza de lo que han ofrecido, este año, los festivales veraniegos. Obviamente, no están todos los que son, pero sí son todos los que están. A la hora de valorar qué tipo de festivales cubrir informativamente hemos tenido en cuenta su diferenciación, su calidad y su trascendencia. Del mismo modo, hemos procurado mostrar ofertas que recogen el concepto de festival adaptándolo a las ineludibles diferencias que aparecen en la geografía y el público español. No es lo mismo, por ejemplo, un festival de jazz organizado en Vitoria que uno realizado en Almuñécar: sus problemas no son iguales, su público es diferente y media un abismo entre sus posibilidades de contratación. A lo largo de las páginas de este número podrás leer lo acontecido en los festivales de jazz de Galapagar, Vitoria, San Javier y Almuñécar, así como los centrados en otro tipo de estilos y músicas. El amplísimo cartel de “La Mar de Músicas”, la ecléctica oferta del “Pirineos Sur”, el compendio pop rockero del “Espárrago” o el “festival por accidente” que suponen “Los Veranos de la Villa” madrileños también tendrán sitio en este número. Esperemos que lo disfrutes tanto como nosotros lo hemos disfrutado haciéndolo.
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