|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Bruce Springsteen
Cuesta aceptar que un hombre como Bruce Springsteen haya dado ya lo mejor de sí mismo. La aparición de “The rising” era esperada con ansiedad por cuanto suponía la reunión del “boss” con la E Street Band para grabar, por fin, material nuevo (las últimas entregas de Springsteen en estudio habían prescindido de la formación), pero, tras escuchar el resultado, habrá que irse haciendo a la idea de que esta pareja ya ha hecho lo mejor de lo que puede hacer. Siempre puede haber un público al que le agrade la faceta más adulta de Springsteen, esa suavidad rockera que puso en marcha cuando sacó de una tacada “Human touch” y “Lucky town” (92) y que aquí se ve continuada con el riquísimo acompañamiento de la banda que utilizó en sus mejores discos, pero cuando se habla de un personaje como éste uno nunca puede olvidar que es el padre de obras como “Born to run” o “The river”. Springsteen ya no tiene en sus venas el ritmo vital que le impulsó a hacer aquellas obras. Hoy en día, su lenguaje parte de una tónica sumamente espiritual, de una profundidad que resulta cansina para quien no está en su misma sintonía. “The rising”, lejos de ahuyentar los fantasmas, los ha vuelto a traer. Y lo peor es que ya no queda la esperanza de que se vuelva a unir a la E Street Band porque en este álbum, que los junta, todos parecen contagiados de esa especie de “sufrimiento” que persigue al “boss” en sus canciones de los noventa. Muchas veces se ha señalado que el rock es una música juvenil que necesita de cierto espíritu gamberro o fantasma para ser hecho. Hay quien lo mantiene toda su vida, pero Springsteen, evidentemente, no. El comienzo del nuevo siglo es, en el terreno de este hombre, exactamente igual que los noventa, una década en la que su mejor entrega fue la recuperación en caja de canciones de juventud. E.P.
|