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Beth Orton

“Daybreaker”. Heavenly. Octubre 2002

Si se suele señalar que el tercer álbum de un artista es el que decide si está en la dirección correcta, parece innegable que Beth Orton ha aprobado con nota esa asignatura. En sus dos discos anteriores la cantautora había dejado patente que su manera de entender la música no cuadraba mucho con la figura habitual del “storyteller”. Ella había crecido trabajando con William Orbit y los principiantes Chemical Brothers y su concepto sonoro poco tenía que ver con el de una guitarra acústica sonando al viento campestre. En “Daybreaker” se recogen todas las aventuras anteriores y se las aporta madurez. Ello puede indicar, para algunos, la pérdida de frescura e inmediatez, pero, personalmente, creo que todo indica que, por fin, tenemos una cantautora del siglo XXI totalmente alejada de los tópicos de las “clónicas” canadienses o estadounidenses que tanto han dominado el panorama en la última década.

Orton agrupa en su música las formas que instituyeran damas como Emmylou Harris y la lectura musical de un tipo como Orbit. Ambos participan en “Daybraker” y eso parece lógico, como lógica parece también la conexión establecida en este disco con otro personaje que va en la misma línea pero en el otro lado del Atlántico, Ryan Adams. Las colaboraciones de estos elementos no sirven sino para encuadrar las coordenadas de “Daybreaker”. En el álbum predomina la música acústica realizada con elementos electrónicos, los ambientes bucólicos propios del nuevo siglo y la voz angelical de una mujer que es todo menos una muñeca. Es, al fin y al cabo, la música de cantautora puesta al día, y el resultado es abrumador.

Orton llega con una facilidad pasmosa, emociona y embriaga sin necesidad de tratar el pop como una música de niños. Es alguien a quien hay que tener muy, pero que muy, en cuenta.

E.P.

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