|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Fermín Muguruza firma su mejor disco con “In-komunikazioa”. Octubre 2002 Disidencia con detalles
Fermín crece enormemente en su tercer trabajo en solitario: si sus anteriores discos (“Bridadistak sound system” y “FM 99.00 Dub manifest”) le colocaban como el artista de mente más abierta dentro de los que trabajan por aquí en las corrientes del ska y del reggae, la mejora es más que considerable con su nuevo álbum. “Cada disco tiene su momento, ya que son crónicas mías, sociales y anímicas, una especie de diario subjetivo de lo que puedo ofrecer, algo así como un resumen. A nivel musical, creo que éste es el disco más completo que he hecho, el que más me ha obsesionado en ese terreno. Al dejar de trabajar como responsable de Esan Ozenki he dispuesto de más tiempo y me he dedicado enteramente al disco exceptuando, si acaso, alguna cosa suelta que he hecho, como la banda sonora para un cortometraje. En otros discos quería más espontaneidad y más fluidez, pero en éste, sin perder eso, deseaba un mayor cuidado de los detalles”. El resultado viene a concederle una buena dosis de razón en su nueva dinámica de trabajo, ya que “In-komunikazioa” es un disco riquísimo en matices que lleva al reggae y al ska a una nueva dimensión, absolutamente mestiza y plenamente contemporánea. El álbum, que supone la puesta en marcha de una nueva banda, se grabó durante tres semanas en los estudios Garate, con la producción compartida entre Kaki Arkarazo y el propio Fermín, y tuvo un posterior trabajo de mezclas que llevó otros quince días. La masterización final se realizó en los estudios Translad de París por parte de Pompon Finkelstein. “Ha habido mucho sentimiento y ha sido muy mágico. Cuando nos juntábamos los músicos, previamente a la grabación, poníamos muchos discos que nos gustaban y hacíamos mucha jam. Cuando llegaron los jazzeros fue la locura total. Antes de grabar estaban hasta las cinco de la mañana tocando cualquier cosa que pusiéramos. No dejaban de tocar y, al día siguiente, íbamos a Garate y grababan como motos”. Esta nueva forma de trabajar ha pasado por una cuidada selección de músicos a quienes el artista vasco ha involucrado en su nuevo proyecto. Si bien con muchos de ellos ya ha trabajado o colaborado anteriormente, sólo Mikel Abrego, el batería, permanece de las anteriores giras de Fermín: “Quería hacer algo más calmado y lento, más sentimental, que no fuera directamente al baile. Por eso hablé con Alfonso Arias, Papuchi, el que fuera guitarrista de Hechos contra el Decoro. Yo siempre le comentaba, en broma, que estaba infravalorado en su grupo, ya que me encantó lo que hizo, tocando en otro registro, para la banda sonora de ‘La espalda del mundo’, la película de Javier Corcuera. El me puso en contacto con Eva Reina y con Andrés Belmonte, que también eran parte de Hechos. Con ellos tenía ya una base que, además, se conocía porque habían tocado mucho tiempo juntos. Luego hablé con Begoña, de Bang Matu, porque quería usar unos coros en el plan más soul posible dado lo que me gusta últimamente la música de Macy Gray, Erykah Baddu, Lauryn Hill y la nueva hornada de bandas reggae con ese tipo de voces. A Begoña la seguía hace mucho tiempo y, cuando hizo el disco con Ramiccia, vi que era la persona más adecuada para lo que quería: ella y Eva han empastado de un modo espectacular. Eric Herrera, el trombonista, era de Dr. Calypso, una banda que es toda una institución en Cataluña y con la que hemos coincidido en muchos conciertos. El toca también con Amusic Ska Jazz, una faceta que me interesaba mucho porque también quería acercarme al jazz. Creo que, después de muchas temporadas mirándose el ombligo, el jazz ha cambiado mucho y para bien con la llegada de la música electrónica. Eric me habló del saxofonista Gorka Benítez y de Raynald Colom, trompeta. Gorka, además, es de Bilbao y, ahora mismo, es un gran personaje dentro del ambiente del jazz. Raynald es una de las revelaciones de la escena catalana e hizo la gira sudamericana con Manu Chao. Entre todos han creado armonías jazzísticas a partir de las melodías que ya tenían las canciones y eso ha enriquecido los temas una barbaridad”. Y aún hay más: “Hasta DZ, el DJ, utiliza los platos como un instrumento más. No se ha limitado a hacer los scratchs habituales, sino que ha creado efectos con el plato y con el uso de una reverb consiguiendo unos resultados preciosos en algunas canciones”. A tenor de lo dicho, uno se puede imaginar que en “In-komunikazioa” no solamente hay ese ska sudoroso que es santo y seña en la carrera de Fermín. Aquí aparecen con acierto elaborados reggaes de bajas pulsaciones, coros coloristas que complementan melodías muy asequibles y continuos detalles que pintan cada canción con un resultado casi cinematográfico. Si los anteriores discos de Fermín buscaban especialmente una unión casi internacional de músicos, colaboradores y estudios repartidos a lo largo del mundo, en el nuevo álbum ha predominado un espíritu común, mucho más directo y familiar, que ha dado a las composiciones el mismo calor que la leña de una chimenea. “La idea era hacer trabajo de banda. Hacía mis maquetas y bajaba a Madrid para hablar con los músicos de allí y escuchar sus ideas. Ibamos de aquí para allá, de Irún a Madrid o a Barcelona, con una conexión total entre todos. No hemos podido ensayar todos juntos, pero sí hemos hecho muchos ensayos con cada uno de los grupos que participaban: con la sección de vientos, con la rítmica… hemos experimentado con un montón de cosas y ha sido un trabajo apasionante”. Definir “In-komunikazioa” es, gracias a su amplio abanico de resultados, altamente complicado, aunque una cosa sí es evidente: el ska veloz y saltarín deja paso a un reggae tremendamente luminoso y matizado. “Defiendo el ska porque de ahí viene prácticamente todo: el reggae, el dub, el jungle… Para este disco quería ralentizar un poco la dinámica que tenían los temas y por eso suenan más reggae, pero es un reggae que mira hacia Bristol. Allí hay una comunidad jamaicana increíble que ha generado una mezcla del reggae y la tecnología muy interesante. Para mí esa escena sigue siendo una referencia que genera música que me encanta, como el último disco de Smith & Mighty. Incluso la idea de Massive Attack de darle el disco a Mad Profesor para que se lo remezclara… Cosas como ésa son arriesgadas, buscan algo nuevo. Hay que ser valiente para hacer eso y yo no descarto que los temas de ‘In-komunikazioa’ se vean remezclados en el futuro”. El nuevo proyecto trae consigo la desaparición del colectivo que generó “FM 99.00 Dub manifest”, pero eso, siempre que se habla de este músico, es algo anunciado habida cuenta de lo poco que le gusta a Fermín permanecer anclado en las mismas carreteras: “Cada vez cuesta mas montar una gira por el tiempo que abarca y por la dedicación exclusiva que pides a los músicos. Después de cerrar la anterior hablamos entre todos y vimos la imposibilidad de seguir trabajando juntos por ahora. El teclista se iba a Chile, el bajista a Costa de Marfil, el guitarrista sigue viajando y lo último que me ha escrito ha sido desde Singapur, los vientos son italianos y ahora están con Banda Bassoti… Era un problema logístico grande”. Con el Dub Manifest Fermín giró por medio mundo y dejó abiertas las puertas para conocer algún día el otro medio. “Tengo un circuito consolidado, aunque cada vez queremos ampliarlo uno poco más. Con la gira de ‘Brigadistak’ fuimos a Japón y con el último llegamos hasta China. Ya hacemos toda Europa, sobre todo occidental, y América desde Canadá hasta Argentina. Actualmente vendemos unos cuarenta mil discos utilizando únicamente distribuidoras independientes: Melodie en Francia, Piranha en Alemania… En todos los países vendemos pocas cantidades, pero, cuando las juntas, hacen una cifra importante para nosotros. Es un circuito underground que nos permite llegar a todos los sitios y siempre procuramos tocar en ellos. Creo que la ultima vez que lo miramos habían ido a los conciertos de la gira unas cien mil personas, pero también tocamos en festivales, como en el Fuji Rock japonés, en el que se quedaron a vernos cinco mil de las quince mil personas que fueron a ver Eminem, Neil Young, System of a Down, Oasis o Patti Smith. Habitualmente actuamos en locales con aforos de quinientas o seiscientas plazas y, en algunos casos contados, de dos o tres mil”. El periplo internacional de Fermín y sus compañeros sirve no solamente para dar a conocer sus nuevas canciones. Fuera de nuestras fronteras, el compositor se convierte en un portavoz de noticias que el circuito en el que se maneja anhela conocer: “¿Que si me considero representante de algo? Es que es una realidad. El que muchas veces tú puedas alzar la voz donde otros no pueden te hace sentir obligado. Pero lo hago muy gustosamente, sobre todo en las entrevistas. Durante las giras mucha gente me pregunta por lo que ocurre en Euskadi y me dicen, en guasa: ‘a ver si montas una gira para poner en marcha la embajada’”. La nueva “embajada” empezará a construirse a partir de mayo. “No podemos hacerlo antes, entre otras cosas porque Eva está embarazada y espera el crío para febrero. Yo me encargo de preparar la gira y es una verdadera locura, ya que necesitamos unas dos semanas para el estado español, una para Italia, otras dos para Francia… Luego iremos a Alemania y a Centroeuropa, más tarde a Inglaterra, México y toda América para terminar en Japón. En total, son tres meses en los que necesitas a los músicos con exclusividad. De todos modos, antes de eso voy a intentar montar dos conciertos juntándolos a todos para hacer dos presentaciones en Euskadi. Quizás sean el 29 y 30 de noviembre, conciertos grandes para denunciar toda la situación que estamos viviendo ahora, en la que no puedes manifestarte y en que el partido más votado en Guipúzcoa se ilegaliza y nos quitan el altavoz. Tenemos ganas de hacer algo, de decir que los disidentes que no aceptamos este estado de cosas también tenemos derecho a juntarnos y a hacer públicas nuestras ideas”. Las ideas de Fermín, además de en sus palabras, siempre han quedado muy representadas en las letras de sus canciones. “Siempre suelo hablar de Euskadi y tal vez, en esta ocasión, la canción que da título al disco dé la clave. Estamos en un momento de bloqueo y hace falta volver a reunirse, a entenderse. Tras la ruptura de la tregua vino el desánimo y la frustración, ya que se empezaba a hablar de un consenso a partir de unos mínimos fijándonos en Irlanda del mismo modo que los irlandeses se habían fijado previamente en Sudáfrica. La canción, de todos modos, es extrapolable porque representa un panorama desolador que, muchas veces, llega cuando, en vez de hacer algo, nos quedamos mirando. La tregua fue como un globo de gas: se iba hacia arriba y todos la mirábamos hasta que desapareció. Tenemos que dejar de ser espectadores: es fundamental ser protagonistas de nuestra propia vida y, si hay que reescribir guiones, reescribirlos”. Una de las piezas más impactantes del disco es “Armagideon tenoreko aztarnak” (“Restos del tiempo del armagedón”), un semblante del mundo futuro para el caso de que la situación que vivimos actualmente no mejorara. “El armagedón ya aparecía en ‘Armagideon time’, una canción de los Clash a la que también hago referencia y que había sido versioneada por Dr. Israel. Es una especie de reflexión de lo que son las políticas de cerrar fronteras en Europa. Los muertos del Estrecho son de escándalo, pero no son un hecho aislado dado que toda Europa tiene la misma política; basta con ver a Berlusconi, Aznar y Chirac con su ‘menage a trois’. En la canción recogí ideas de lo que es o puede llegar a ser esa situación, de la falta de expectativas de futuro que genera. Tenemos que darnos cuenta de lo que estamos haciendo antes de que la cosa no tenga arreglo. El paisaje que retrata la letra es una especie de fin del mundo en el que sólo quedan fotografías Polaroid”. Temática ineludible es los álbumes de Fermín es su denodada defensa del euskera como lenguaje expresivo del pueblo vasco (“Un bertsolari dijo en una ocasión que, para nosotros, el euskera es como respirar, que sin él no seríamos nosotros mismos”, recuerda). En “In-komunikazioa” la cuestión es tratada en una irónica “Linguae navarrorun museum”, en la que se crea un imaginario parque temático del euskera situado en la central nuclear de Lemóniz. “En una conferencia que le escuché, Bernard Atxaga hablaba del peligro de que desapareciera el euskera a medio plazo, de la colonización cultural que se está dando alrededor del inglés. Se refería a como, en Euskadi, se hacen análisis triunfalistas de la situación aunque, al final, el euskera apenas se habla en la calle, fuera de la escuelas. Yo siempre fui muy optimista con esto y, cuando le escuché, me afectó mucho su punto de vista, por lo que desarrollé una reivindicación ideológica de un modo irónico, inventándome un parque temático como una especie de zoo en el que quedan elementos autóctonos que hablan euskera. Al final de la canción aparece un sampler de aquella conferencia que quería incluir. Para escribirla también me sirvió el cómic de Vidal ‘El sarcófago’, en el que propone un museo en la central de Chernobil. Como el gobierno vasco ha propuesto hacer un museo sobre las energías en Lemóniz yo, con un cierto humor corrosivo, propongo que ese museo sea sobre el euskera”. La concienciación que tiene el compositor sobre este tema fue la razón fundamental para que no asistiera a recoger el “Premio de la Música” que le fue concedido el pasado 2000 en la categoría de “mejor canción en euskera”: “Hacer un premio aparte para la música en euskera o en catalán, aunque sea para darles una relevancia que de otro modo no tendrían, no me parece bien. Si se hace un patronato o academia para dar los premios que no haga un apartado especial a nuestra lengua porque entonces, en vez de apoyar, se discrimina: una canción en euskera nunca podrá ser la mejor del año porque siempre estará apartada. De todos modos, yo, con esto de los premios, soy más como Woody Allen y sólo asisto si creo que puedo aportar algo. Una vez recogí uno que Radio 3 dio a Negu Gorriak. Era una fiesta en un club y era otra movida: el movimiento por la insumisión estaba superfuerte y aproveché para dedicar el premio a los insumisos”. De cada canción que graba, Fermín desea siempre que los músicos que trabajan con él le encuentren el sentido más cercano: “les hacía una disertación de qué iba cada una. Era divertido porque los músicos se implicaban, tocaban en ese momento o aplaudían. Me gusta mucho charlar con los músicos. Aunque tenemos en nuestros conciertos ese feedback con el público que la literatura no proporciona a los escritores, también me gusta charlar con quienes van a hacer realidad la canción. Les contaba la idea general que tenía del álbum: mi viaje en el laberinto interno, con preguntas de las que no conozco las respuestas, para buscar la salida y viajar más tarde a otros laberintos externos”. El laberinto que conforma “In-komunikazioa” es, en esta ocasión, más íntimo y personal que otras veces: en canciones como “Zubizuria” (“El puente blanco”), Fermín hace una lectura personal de las relaciones humanas asimilándolas con el camino curvo que el puente de Calatrava hace en Bilbao, y en “Beti izango dugu Bilbao” (“Siempre nos quedará Bilbao”) reconvierte la historia de los personajes de “Casablanca” ubicándola también en capital vizcaína. “Hay gente que me pide que toque algunos temas en concreto, habitualmente reivindicativos, y, de vez en cuando, sí los tomo en consideración. Eso me ha pasado con ‘Hiri debekatura bidai xartela’ (“Tarjeta de embarque a la ciudad prohibida”), que es sobre el gaztetxe de Vitoria que quería tirar el ayuntamiento del PP. En ese plan es posible que también haga alguna canción sobre la causa palestina para un proyecto que está gestándose ahora mismo”. También de talante reivindicativo es la canción dedicada a Leonard Peltier, un activista indio encarcelado en el “corredor de la muerte” acusado sin pruebas convincentes del asesinato de un policía. “Es el mismo caso que el de Mumia Abu-Jamal, activista negro al que apoyé participando en un álbum recopilatorio para sensibilizar a la gente sobre su situación. A cuenta de aquello, Leonard Peltier me escribió una carta que me agarró bien fuerte. Su caso, y el de muchos otros, son parte de ese entramado que puso en marcha Estados Unidos en la década de los setenta para tratar de eliminar cualquier conciencia disidente”. El concepto de “disidencia” aparece numerosas veces charlando con Fermín. El entiende así la actividad que realiza quien no acepta cómo vienen las imposiciones legales que realiza un estado. Esa postura, en unas fechas como las actuales, genera inconvenientes y problemas, máxime si tenemos en cuenta las ideas independentistas que el músico nunca ha ocultado y que ha reivindicado siempre que ha podido: “Estos tiempos recuerdan a los de la generación del 27: para criminalizarlos se les denominaba ‘rojos’. Ahora, para el actual gobierno español, los independentistas, aunque seamos internacionalistas, somos todos unos terroristas. Particularmente, creo que en el momento en que ETA deje de actuar, que es lo que deseamos todos, debe haber un trabajo político para el que necesitaremos todas las herramientas que podamos tener en nuestras manos, incluso la desobediencia civil, pero, después de lo que ha hecho el gobierno español, hay que tener en cuenta que cualquier colectivo que moleste a ese estado puede desaparecer. Ten cuidado: igual ahora tu revista también se convierte en ‘terrorista’ por publicar entrevistas como ésta”. Esperemos que no. E.P. Fermín Muguruza. “In-komunikazioa”. Kontrakale-Metak
|