|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Tokyo Sex Destruction. Noviembre de 2002 Cachorros de John Sinclair
El disco deja constancia en cada segundo de su devoción por el soul punk. Tan sólo diez canciones para demostrar que no hay que nacer en Detroit o los países nórdicos europeos para hacer crujir las guitarras, para imitar a una apisonadora con una batería y un bajo, para crearse un sonido de glamouroso oxido púrpura. Lo expuesto aquí son canciones que se retuercen y se fríen como un condenado a muerte atado a una silla eléctrica disfrutando de su corriente definitiva y gritando a Satanás que quiere más voltaje. En su primera ocasión en estudio han optado por grabar en directo, a cañón: “Ha sido nuestra primera toma de contacto con un estudio; jamás habíamos grabado algo y por ello ha resultado sumamente grato y educativo. Santi García ha estado a la producción; él ha producido a muchos grupos hardcore estatales y es componente de No More Lies. Los días de grabación, cuatro en total, fueron divertidos. Todo fue sencillo: simplemente tocamos nuestros temas lo mejor que sabíamos y tratando de darles el ambiente que logramos en los directos. Para las próximas grabaciones experimentaremos más en el estudio, incluso con más instrumentos”. Fanáticos de la música y revolucionarios de baja imperancia, han dotado al trabajo de una homogeneidad apoteósica, incluso, en la carpetilla del CD: se incluye un texto con carácter político que aclara su visión sobre este mundo, divagaciones que retratan a una sociedad enajenada por un sistema dominante y opresor que plancha al individuo a golpe de capitalismo, algo que también se refleja en sus letras y que resulta un tanto atípico en grupos de este estilo en la península. “Cantamos en inglés porque, básicamente, escuchamos música en este idioma. No hay grupos en castellano que nos gusten. Los textos hablan de nuestra visión de la realidad; hablamos de cosas que suceden a nuestro alrededor, cosas que creemos que no funcionan correctamente. Tampoco es que queramos cambiar el mundo ni nada por el estilo; son simples reflexiones sobre determinadas cuestiones”. Otra preocupación del grupo es la del sonido, un espeso e incendiario puré de chispas y virutas metálicas que acude violentamente buscando el primer ojo abierto que se ponga a tiro: “hacemos lo que está a nuestro alcance para sonar como se debe. La combinación de Fenders y Gibsons es buena con los amplis, Marshall para guitarra y Ampec para el bajo. Luego, simplemente, se trata de sonar lo más fuerte posible”. Quien está respondiendo el cantante, así que prefiere no profundizar en el asunto. El cuarteto nos describe la escena de su ciudad con la cabeza un tanto gacha: “a la gente le gusta mucho el reggae y el ska, por lo que no presto mucha atención a la escena de aquí, que, la verdad, es escasa. Lo cierto es que no nos consideramos unos bichos raros, sino que hacemos la música que nos gusta”. El grupo, comentan las malas lenguas, gasta pose en el escenario, le echa sangre a sus pasos por la tablas. “Cada grupo sabe cómo debe salir a escena. Nosotros simplemente salimos a dar lo mejor de nosotros, intentándolo hacer lo mejor posible. Tratamos de hacer de cada concierto un acto único, un acto en el que el publico debe involucrarse. Está claro que lo importante en la música es la gente, ni grupos ni nada: la gente que viene a vernos es la que da sentido a todo esto”. Para terminar les preguntamos por su repertorio, tratando de averiguar por qué en su primerizo disco están éstas y no otras coplas: “La verdad es que poner ésas ha sido fácil: son las que mejor nos salían, eran las mejores. Creemos de verdad en las canciones: principalmente, han de tener ritmo, emoción, sentimiento, rabia y potencia”. Y lo tienen, al menos las contenidas en este “Le red soul comunnitte”, un disco imprescindible para quien guste de emociones fuertes, para quien guste de elegancia explosiva, para quien le guste el rock and roll. Turrón & Babas
|