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• Claro, que para stooner… quienes casi inventaron la etiqueta. “Songs for the deaf”, lo último de Queens of the Stone Age, aumenta la credibilidad de la banda, una de las pocas que sí parece manejarse en este territorio sin tener que recurrir a plagios ni karaokes. Los ex de Kyuss son una verdadera apisonadora y consolidan lo ya mostrado en su debut o en el anterior “R”. No apto para amantes del virtuosismo ni para quienes adoran la melodía: esto es un metro cúbico de sonido pesado lanzado sobre tu cabeza. (arriba)

• Menos recomendable es lo nuevo de Spiritual Beggars, otra banda que, de momento, no ha cumplido las expectativas y que, en vez de ir para adelante, parece absolutamente estancada en su proyecto. Cambio de formación y nuevos aires es lo que trae consigo “On fire”, un disco en el que el poder se muestra mal contenido y en el que la producción no ha sabido sacar lo real de su capacidad a cada músico. “On fire” es más un disco de gallitos que un álbum de mejora, por lo que mejor será tomarlo como un disco de transición si todavía esperamos algo de esta banda. (arriba)

• Ryo Okumoto estuvo, durante un tiempo, formando parte de Spock’s Beard, por lo que a la hora de recurrir a alguien para sonorizar su nuevo trabajo en solitario (“Coming through”) nadie mejor que sus antiguos compañeros. Junto a ellos aparecen también músicos con los que el japonés se ha tropezado a lo largo de su carrera y que, en este disco, se ponen al servicio de composiciones sinfónicas que tiran de los esquemas del pop rock y de la producción cuidada. Poco original, pero con muy buena presencia, este material sigue la tónica de los compositores que, anclados en los esquemas de los setenta, vuelven al sinfonismo como forma de expresión. (arriba)

• En ese terreno, unos que se lo tienen bien mascado son los suecos Flower Kings. Es como si en cada uno de sus discos intentaran hacerse más densos y, por qué no decirlo, pesados. Su nuevo “Unfold the future” es doble y cada uno de los discos aporta más de una hora de música. Las piezas (que tampoco presentan nada nuevo) son largas, larguísimas, y el tono habitual de las composiciones es tan blandito que uno no puede esperar a que acaben. Desde luego, con esta obra ponen a prueba a sus más rigurosos fans. Hay que quererles mucho para, en el 2002, preferir discos como éste a todos los clásicos que hay dentro del rock sinfónico. (arriba)

• ¡Guauu! Refrescante, bonito, bailable… Lo último de Supergrass demuestra que una temporada de descanso, si está bien aprovechada, no hace mal a nadie. El trío se muestra pletórico en “Life on other planets”, su cuarto álbum, con canciones pegadizas, simples y directas, sumamente vistosas y tremendamente dinámicas. De toda la sección de este mes, una de las cosas más interesantes y recomendables. Rock sin etiquetas ni zarandajas. (arriba)