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Suede
Decididamente, Suede no son una banda al uso. Cuando aparecieron, en pleno auge del britpop, marcaron diferencias enormes con sus compañeros de generación: daba la impresión de que, aunque la gran mayoría del pop británico de la época pasaría al olvido en menos de una década, sus canciones permanecerían. Su segundo disco, “Dog man star” (94), es, probablemente, el mejor que dio el pop de las islas en los años 90 y eso, tal y como funciona la música en estos días, parecía aventurar una carrera corta, muy exitosa y una desaparición o desbandada fugaz. El caso es que no fue así y que cada uno de sus álbumes posteriores mantuvo un nivel excelente y aportó siempre cuatro o cinco canciones de ésas que pueden considerarse casi “irrepetibles”. Además, el público les respondía y con cada uno de sus lanzamientos vendían más. Suede no había publicado en el nuevo siglo y se cumplen ya tres años desde su último “Head music”. El grupo ha cambiado, además, a uno de sus componentes (Alex Lee sustituye a Neil Codling) y había alimentado rumores de que su carrera podría darse por cerrada. Después de escuchar “A new morning”, un servidor no puede juzgar los comentarios sino como chorradas: si este grupo está pensando en separarse es que están locos. Sus nuevas canciones tienen lo suficiente de novedoso como para no pensar que el grupo se ha dormido en los laureles y, del mismo modo, que conserva un sonido personalísimo que ha sido la marca de fábrica de Suede desde su primer disco. Aquí sigues teniendo un pop de vertiente dura, sumamente melódico y arreglado que no huye de vericuetos instrumentales que dan entidad a las piezas. Entre guitarras y teclados entretejen una seda que no el tener espinas y que, de vez en cuando, pincha. Son, en suma, canciones con entereza, vitalidad y una construcción de lo más definida. Son Suede de nuevo. E.P.
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