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Rip KC
La última vez que los Rip KC aparecieron por nuestras páginas decían que eran un grupo en evolución constante. Puede ser (nadie es quien para dar un significado absoluto al término “evolución”), pero, musicalmente, si nos atenemos a cómo se mueve el grupo en su último trabajo, habría que decir que los vallecanos son una banda en “involución constante”. Y es normal: ni son los primeros ni van a ser los últimos. Cuando unos chavales montan una banda las más de las veces no tienen ni idea en lo que se meten: sólo les mueve las ganas de moverse, de hacer algo y de expresarse de algún modo. Si duran es cuestión de tiempo que se empeñen en mejorar. Y Rip KC han durado, así que… no resulta raro que su nuevo “The truth is out there” tenga poco que ver con sus dos anteriores entregas. La primera era punk adolescente, rabioso y guitarrero, de dale y tentetieso. La segunda ya aparentaba maneras, se cuidaron detalles y, probablemente, habría salido aún mejor si hubieran dispuesto de más medios. Este tercero ya no tiene nada que ver con el punk: los chicos han conocido más, han escuchado más y han descubierto que el punk, musicalmente, se agota en mucho menos de tres discos. Si uno se queda ahí es más por actitud que por apreciación musical. Los nuevos Rip KC han retrocedido diez años para darse cuenta de que las guitarras tienen muchas más posibilidades que los cuatro acordes, que un batería es algo más que un metrónomo con brazos y que el bajista no tiene por qué ser siempre el soso del grupo. Actualmente sus composiciones son rock duro de muchos quilates que un Fernando Pardo, conocedor del palo, ha pulido y mostrado con una solvencia de tomo y lomo. La única cuestión que queda por resolver es si, cuando conozcan todavía más música, los Rip KC terminarán en el blues. E.P.
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