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Jackson Browne

“The naked ride home”. Elektra. Noviembre de 2002

Jackson Browne es uno de los clásicos dentro del campo de los cantautores estadounidenses (parece que este mes abundan más que otros), y lo es porque siempre fue el aspirante a todo y el conseguidor de nada… o de casi nada. Cuando en el 74 hizo un álbum como “Late for the sky” pasó a encabezar la lista de “sucesores de Dylan” que tan de moda estaba entonces. El tiempo, sin embargo, se encargó de poner las cosas en su sitio y Browne solamente tocó el cielo con “Running on empty” (77) gracias a su famosa versión de “Stay”. Desde entonces, su nombre ha sido asociado a prestigio y a causas sociales con las que él no ha dudado en colaborar, si bien, musicalmente, ha mantenido un nivel medio que agrada a sus incondicionales y que no parece ser el adecuado para captar nuevos adeptos. Su último disco se remonta al 96 (“Looking east”) y, desde entonces, solamente un recopilatorio con sus grandes éxitos (que los tiene, sin duda) ha dado noticias de su persona.

Ahora aparece “The naked ride home” evidenciando que, para un hombre de este talante, es como si el tiempo se parase. Escucharlo es como volver a los tiempos de “Hold out” (80) o “Lawyers in love” (83), algo que se puede decir de toda su producción de los 90 (sólo dos álbumes): sus maneras de componer son las mismas y sus referentes siguen siendo el pop y el rock norteamericano que parte de las raíces más blancas del género.

Si te gusta Browne el álbum te hará tilín, aunque sólo sea por lo que ha tardado en aparecer, pero si el estilo no te pilla, en “The naked ride home” no vas a encontrar nada que te haga mirarlo de modo distinto a como lo mirabas ayer. Son canciones con encanto, arreglos discretos e interpretaciones distantes. Un estilo que, en figuras como Browne, ni evoluciona ni va para atrás.

E.P.

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