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Beth Nielsen Chapman
Mujer poco conocida en España. Y no es extraño: su música siempre ha tenido mucho que ver con el country y el folk norteamericano, un género que nunca ha tenido, por estos pagos, una resonancia importante. La historia de la Nielsen comienza en los primeros 80, aunque no es sino después de su traslado a Nashville cuando empieza a reconocérsela como solista. Desde su debut hasta su éxito pasaron diez años y un único álbum. Los 90, sin embargo, la reconvirtieron en una compositora de prestigio, con temas suyos hechos célebres en otras muchas voces y con álbumes firmados a su nombre que registraron buenos resultados. Es una de las mujeres que se ha visto aplastada por la fiebre de las cantautoras canadienses, una de ésas que, a imagen de Emmylou Harris o Mary Chapin Carpenter, prefiere funcionar en unos parámetros que, aunque comercialmente no sean los mejores, permiten atesorar reconocimientos y favorecen carreras largas. “Deeper still” llega tas cinco años de silencio. Su anterior “Sand and water” tuvo un considerable éxito, pero era un disco amargo. Acababa de morir su marido cuando se publicó y la chica pareció afectada. De todos modos, artísticamente, no parece haber secuela: la Nielsen sigue teniendo una voz cristalina y construye canciones que la hacen brillar. En sus nuevas composiciones aparecen por igual ecos célticos que efluvios de country, pero todo se condensa en piezas de talante acústico que relucen habitualmente aun cuando su instrumentación sea mínima. El uso del piano, de algún arreglo de cuerda y algún enérgico coro redondean cada pieza. En el disco aparecen también ayudas discretas de Bonnie Raitt, John Hiatt, Vince Gill y la inevitable Emmylou Harris, guindas para un pastel en el que lo dulce y lo amargo se entremezclan con sabiduría. E.P.
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