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James Taylor Quartet Arena. 7 de octubre de 2002 Sonaban US3 mientras esperábamos ansiosos un concierto que sabíamos sería colosal; para mucha gente no era la primera vez que veía a este grupo en directo y eso, para los nuevos, era toda una garantía, pues antes de que salieran los músicos ya se oían murmullos en los corrillos sobre lo fabulosos que eran y el directo tan bueno que realizaban. Todo cierto. El austero equipo musical ya estaba montado sobre el escenario; podíamos ver una simple pero muy efectiva batería, amplis de bajo y guitarra, tres micrófonos y, cómo no, el hammond del Sr. Taylor, donde podíamos leer la dirección de su web oficial: JTQ.CO.UK. Ya está. Y es que, más adelante, nos demostrarían que no hace falta mucho equipo para liarla en el escenario, tan siquiera una pizca de distorsión; sólo espíritu. Espíritu funky. Aparecieron por fin los señores músicos sobre el escenario: la antigua JTQ (guitarra, bajo, batería y teclado) y una pequeña sección de vientos compuesta por saxofón y trompeta. Seis tíos en total que demostrarían desde el primer tema un dominio increíble sobre sus instrumentos. Cabe destacar la forma en la que se ensañó James Taylor con su hammond en el primer tema y al bajista, que llevó a lo largo de todo el concierto una marcada cadencia funky realmente elegante. Y es que elegancia no faltó en ningún momento. Eso, en estos tiempos que corren, se agradece. Siguieron con otro tema instrumental que superó incluso al primero; la sala iba entrando en calor y los músicos lo sabían. Guitarras afiladas, bajos imponentes, ritmos de batería a caballo entre el funk y el jazz, sección de vientos impresionante y un hammond brutal hacían que muchos de nosotros no fuéramos conscientes de lo que estábamos presenciando hasta un par de horas más tarde. A continuación hizo su aparición en escena la cantante del grupo, una negra con una voz que sorprendió por su carácter y su calidez. Los temas tomaron una onda más soul, temas igualmente bailables pero instrumentalmente mucho menos densos que los anteriores. Fueron dos piezas las que siguieron esta línea, pues luego comenzó de nuevo el funky a azotar la sala… En uno de los temas James Taylor dio paso a la batería, y el solo que vino a continuación fue digno de recordar; el público estaba totalmente entregado, y buena muestra de ello fue cuando la vocalista y el teclista empezaron a jugar con el público a base de hacerles repetir el estribillo del tema que les ocupaba en esos momentos. Y esto se repitió a lo largo de la noche. Uno de los estribillos rezaba la bella frase: "love the life that you live". En otra pieza desaparecieron todos los músicos “nuevos” en el grupo, quedándose sólo los cuatro componentes de la JTQ. Otra vez nos sorprendieron. No era posible que sólo cuatro tíos estuvieran haciendo lo que por nuestros oídos entraba. Cuatro ingleses blancos en una música de negros. Contundencia al máximo, mención especial al bajista y batería, ya que sus respectivos instrumentos sonaban como la prolongación del otro, dos sonidos completamente distintos, pero que encajaban a la perfección. A la hora escasa de concierto parece que todo acaba, los músicos se despiden y se hacen de rogar. Vuelven en un primer bis a dejarnos a todos con la boca abierta, dos temas más dinámicos si cabe que los anteriores mientras tanto James Taylor informa que se venden los singles a 10 euros la unidad, y regala tres al público. Todo esto bajo el torrente funky que emanaba de los bafles. Impresionante. Acabaron los dos temas que habían dicho iban a tocar y marcharon de nuevo ¡¡no puede ser!! La sala entera zapateó y, coreando al unísono, conseguimos que salieran de nuevo. Aquí vino la guinda al pastel. Mientras tocaban lo que ya sabíamos sería el último tema, JT invitó a dos mujeres del público a subir al escenario con lo que, a los diez minutos, teníamos un total de seis músicos, y ¡¡ocho mujeres!! Los movimientos de cintura no se dejaban de suceder cada vez más cerca de los músicos pero éstos, como buenos profesionales, no se dejaron convencer por el sexo opuesto y continuaron tocando, sabedores que podían hacer lo que quisieran en esos momentos con la audiencia. Como colofón, JT invitó a subir a una chica ¡¡a su hammond!! Nunca había visto mayor provocación en un escenario como pude ver sobre éste, la chica moviéndose sensualmente sobre el hammond ardiente que tantos ratos nos había hecho pasar en esa noche. El resultado final fue sobresaliente, sobrepasó los límites de concierto para convertirse en una fiesta, y conseguir eso un lunes noche no es fácil. Músicos y público quedaron altamente satisfechos los unos de los otros, se veía en las caras de ambos. Finalmente, JT estuvo firmando los singles que había vendido. Esperaremos ansiosos la vuelta de este músico de una elegancia increíble, algo que, como decía anteriormente, es tan difícil de encontrar en un músico. Elegancia y saber hacer (bueno... y veinte años sobre escenarios) hacen que disfrutáramos como chiquillos aquel siete de octubre. Fco. Javier Gonzalo
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