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Quique González vuelve a cambiar de tercio en su tercer álbum. Noviembre 2002 Modestia aparte
”Se acerca a lo que quiero en este momento. A mí, al contrario que a otros, me gusta grabar con la misma gente con la que toco en el escenario. Hay química entre nosotros y eso nos permite probar muchas cosas en el estudio que pueden salir de cualquiera. Cuando estábamos grabando el álbum a todos nos gustaba lo que estaba pasando allí. Aunque empezamos en febrero, hemos terminado en agosto trabajando mucho en el verano”. Quique tiene ahora veintinueve años y con esa edad ha tenido ya suficientes experiencias dentro de la música como para poder considerarse un auténtico veterano. El, sin embargo, continúa manejando su modestia convirtiéndola en una de sus mayores señas de identidad. “He aprendido. Y ese es el objetivo. Sé en lo que me he metido y que, con el tipo de música que hago, puedo tardar más en funcionar tal y como se entiende este término en el mercado. Tengo la suerte de poder dedicarme a esto en cuerpo y alma por cuanto aún vivo con mis padres y no tengo que volver a trabajar de camarero. No soy pretencioso con mi música, pero si se venden miles de copias de discos hechos en dos días y de mala manera… ¿cómo no voy a pensar que hay un hueco para mí si pongo todo lo que tengo en mis canciones y ya nos hemos ganado el respeto de gente a la que nosotros mismos admiramos?” La historia de Quique es de esas rocambolescas que sólo se dan en el mundo del disco. Cuando publicó “Personal” su compañía lo apoyaba buscando resultado en la cambiante escena del cantautor, pero sus números, junto con un cambio radical dentro de la compañía, hicieron que Quique saliera fuera de los planes de la misma quedándose en la calle con sus nuevas canciones. Durante un tiempo estuvo paseándolas de discográfica en discográfica hasta que, finalmente, terminó en la misma que le había echado. La ilusión volvió a desaparecer de su rostro cuando se negaron a facilitarle la grabación de los nuevos temas: éstos se publicarían tal y como él mismo los había presentado, en maqueta. “Me parecía suficiente recompensa ver esas canciones publicadas dado que había estado dos años con ellas debajo del brazo. Es un disco especial, pero siempre será una espinita por el resultado que tuvo. Quiero que ‘Pájaros mojados’ sea una revancha de aquél”. Habla de “Salitre48” como de un “disco viajero” y define su nueva obra como “más urbanita. Me gusta dejar pistas o llaves abiertas de un disco a otro y eso se mantiene en ‘Pájaros mojados’. Aquí, aunque queremos mantener un cierto tono acústico, al meter los metales se da más relevancia al trabajo de la banda”. Y ésa es la gran diferencia entre el tercer disco de Quique y los anteriores. En “Pájaros mojados” hay una abundante y cuidada selección de arreglos que pasan por el uso de una sección de viento o por un trabajo más contundente del piano. “Diciéndolo así parece un disco de lujo, pero no lo es. Quería hacer esto, canciones influenciadas por lo que a mí me gusta”, apunta. Entre lo que “le gusta” aparecen artistas tan obvios como Enrique Urquijo (“hay influencias compartidas, pero en muchas de mis canciones no me imagino a los Secretos”), pero también clásicos de la talla de Dylan o Van Morrison: “Siguen siendo referentes, aunque, claro, también hay otros nuevos, como Ryan Adams o David Gray. En lo poco que llevo en esto veo que la música es un ejercicio de supervivencia y, cuando te encuentras con gente que lleva treinta años en esto (más o menos inspirados), es lógico que se conviertan en referentes. Es como los Stones, que siguen sonando a Chuck Berry o Muddy Waters, o como Rosendo, mucho más cercano que todos los demás”. “Pájaros mojados” es, como dice el propio Quique, “un disco más parecido al primero, aunque aquél era más juvenil y éste es más adulto. Creo que sigo estando cerca del rock, aunque, igual, el álbum no es tan guitarrero. De todos modos, en él hay solos alucinantes, piano… Aunque no soy un virtuoso con él, tengo facilidad para componer y eso me permite llevar los temas a otro lado”. Respecto a los peculiares arreglos que enriquecen las canciones, el cantautor no considera que, en modo alguno, éstas se hayan sobreproducido: “se hacían si la canción los pedía. Los arreglos han sido una cosa que ha salido de una opinión plural. Sé ahora más que sabía cuando hice los discos anteriores, pero aún no exactamente cuándo tengo que imponer mi opinión. Lo trabajamos entre todos y al grabarlo ves que unos temas ganan y otros pierden dependiendo de cómo los abordes. Todavía no tengo el criterio o la sabiduría para saber exactamente todo lo que quiero”. Ampliar la gama de sonoridades venía dada porque “sonaban en discos que me gustan y porque quería llevar las canciones a otro extremo después de que saliera ‘Salitre48’. No era ni una imposición ni creo que nos hayamos excedido: es parte del largo camino que hace la canción desde que se compone”. La timidez de Quique le resulta más positiva en el escenario que en la soledad del estudio. “En tanto en cuanto tengo a Carlos (Raya) y a Jose (Nortes) grabo, pero si lo tengo que hacer solo me resulta difícil. Verte solo, con los cascos, es algo muy triste para quien no es un prodigio de técnica. Siempre he pensado que uno encuentra su voz a partir de los 30 y que ahora estoy buscando y dando pasos adelante. En el estudio tuve una semana en la que me faltaba la confianza hasta que me di cuenta de que no soy Frank Sinatra y es algo que tengo que aceptar”. Esa forma de ver las cosas no hace especialmente fácil las labores de promoción que, hoy en día, son parte obligada en el trabajo de cualquier artista. “Eso de que te pongan en la radio, en una emisora o en otra… es un negocio en el que yo no participo y en el que no conozco ni las reglas ni las normas. A veces, al hacer promoción, tengo que ir a sitios donde ni siquiera han escuchado mis discos y tengo que responder a preguntas odiosas como ‘¿cómo empezaste?’ ¿Pues cómo voy a empezar? ¡Como todo el mundo! Quizás no soy yo el problema, sino la profesionalidad de quien me pregunta. Es un poco lamentable cómo se manejan las cosas en las radios”. Aunque sus aventuras discográficas son propias de una novela de desesperanza, Quique se muestra ilusionado con su nuevo proyecto: “Este disco puede llevar a la gente a buscar los anteriores porque, en el fondo, lo que busca la gente son canciones, no tanto el formato o la edición. Siempre he sido peleón y creo que tengo mi lugar entre los gustos del público”. Precisamente por su modestia, la mayoría de las respuesta que da Quique cuando le preguntas las da en plural, introduciendo a su amigo y compañero Carlos Raya dentro de su misma obra. Del guitarrista dice que es “mi hermano. Me exige mucho y se lo agradezco. Ya llevo siete años con él y le conocí cuando buscaba un profesor de guitarra acústica. Es un maestro y le considero inseparable de mi música”. Sus elogios no se quedan sólo ahí y en sus palabras se expanden hacia el resto de su banda: “Lo que funciona entre nosotros es el sentido del humor. Para nosotros es muy divertido tocar juntos y cuando actuamos nos metemos mucho en nuestro papel. Basilio (Martí), el teclista, ha trabajado mucho con Antonio Vega; es talentoso y elegante y su solo de diez segundos es lo que más me gusta del disco. Jacob (Reguilón) ya tocaba el bajo con Ariel Rot cuando tenía 19 años y ahora tiene 24; es un colegón y el típico músico antiestrella. Tony (Jurado) tenía fama de tosco como batería con La Frontera, pero conmigo siempre ha sido todo lo contrario; conserva un empuje enorme pero tiene una gran sensibilidad. Para hacer ‘Pájaros mojados’ también ha sido imprescindible Jose (Nortes): es un verdadero monstruo y escucha cosas que no escucha nadie. Es el oído más educado que he conocido”. A todos juntos se les podrá escuchar en Caracol los próximos días 21 y 22 de noviembre, si bien Quique no sabe todavía si contará con los demás invitados que aparecen en el disco (Patxi Urchegui, Javier Ruiz y José Miguel Pérez, la sección de metales). “Por un lado me gustaría hacer toda la gira sonando igual, pero, por otro, pienso lo importante que puede ser presentarse en Madrid. Ya veremos”. E.P. Quique González. “Pájaros mojados”. Polydor
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