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Alison Moyet vuelve a la actualidad musical ocho años después. Noviembre 2002 Como parir
”Habría lanzado el disco mucho antes, pero… tengo que decirlo: mi compañía discográfica quería que lanzara un material que a mí no me gustaba. Pretendían que trabajara en una línea tipo Celine Dion o Mariah Carey; ése no era mi camino y vi que Sony dejaba de tener interés en mí. Los tiempos de Yazoo ya pasaron y yo ya no soy la misma persona que entonces. Desde que hice este álbum he necesitado dos años para poder publicarlo en una compañía que entendiera lo que me proponía. No me concentré finalmente en él hasta que vi un interés real”, comenta Alison Moyet sentada de medio lado en un amplio sofá. Ya no es la “chica guapa” que saltó a la palestra a principios de los 80 de la mano de Vince Clarke al frente de Yazoo. El tiempo ha pasado y lo que tenemos delante es una mujer hecha y derecha, consciente de sus deseos y sin necesidad de aguantar los trucos de la industria. Su figura es representativa de uno de los mayores cánceres de nuestros días: el poco respeto que una compañía discográfica da a la música ante los resultados económicos que presume va a conseguir en el futuro. Alison Moyet ha vendido discos para aburrir, pero su continuado fracaso en el mercado americano hizo que Sony la pretendiera lanzar en aquel país con una orientación musical absolutamente falsa. “Ya no me interesa Estados Unidos: no quiero hacer nada que no desee y allí todo se trata de lamer el culo a alguien continuamente. No me importaría volver a intentarlo si viera que existe un público que responde a mis propuestas, pero, desde luego, no tengo intención de hacer promoción allí si el asunto se plantea como en el pasado”. Una ausencia tan prolongada de la escena discográfica (ocho años desde su último “Essex”) pone muchos interrogantes a “Hometime”, el nuevo trabajo de Alison. Convendría recordar, aunque fuera de pasada, que sus anteriores discos (“Alf” (84), “Raindancing” (87) y “Hoodoo” (91)) consiguieron para esta mujer (cuarenta y un años actualmente) los Brit Awards para la nueva debutante y para la mejor vocalista femenina (en dos ocasiones). Su popularidad era enorme cuando decidió dar carpetazo temporal al asunto, pero, desde entonces, el público ha cambiado, la escena ha cambiado… todo ha cambiado. “No soy parte de la escena musical británica. No vuelvo a ella porque, realmente, nunca estuve allí. El panorama británico es triste porque todo está muy orientado a la comercialidad. Prácticamente ha desaparecido el arte o la sinceridad. Cuando he llegado a España me ha sorprendido poner la radio y ver que, en la misma emisora, pueden coincidir canciones de Ketama y de Coldplay, de Lolita y de Suede… Eso no ocurre en Inglaterra: allí, o hacemos lo mismo que todos o no aparecemos en ningún lado”. Recopilemos un poquito. Alison es de Essex y se descubrió en el mundo musical con ese fantástico “Only you” que, firmado por Yazoo, aún perdura en multitud de recopilatorios. Tenía entonces veintiuna primaveras y era uno de los iconos del nuevo pop británico que, aliado con los sonidos electrónicos, retomaba el pulso de la música de las islas después del terremoto punk. El éxito persiguió al dúo y proporcionó a Alison su primer Brit Award, una especie de Premio de la Música a la inglesa. Con todo, los caminos de Vince y el suyo no tenían el mismo futuro: mientras que Clarke formó Erasure, Alison debutó en solitario después que Yazoo cerrar su corta historia con un segundo disco (“You and me both”, 83). “Es evidente que nadie me conocería si no fuera por mi participación en Yazoo, y no pienso renegar de nada de aquello. Lo que ocurre es que ahora soy mucho más que lo que allí aparecía”, apunta Alison. Su primera aparición como solista tuvo un resultado abrumador: millón y medio de copias vendidas únicamente en el mercado británico y otro Brit Award, en esta ocasión para ella solita. Era un momento novedoso en la carrera de esta mujer: parecía que se sentía capaz de abordar, con su preciosa voz, todo aquello que se le pusiera por delante. El caso es que llegó John Altman (compositor y arreglista, autor de un montón de bandas sonoras y que, a lo mejor, te suena por haber hecho todos los trabajos orquestales de gente como Björk o Goldie) y lo que le puso por delante fue, nada más y nada menos, que un proyecto con banda de jazz. Ni corta ni perezosa, Alison dijo que sí y, como parte del proyecto, grabó una versión del “That old devil called love” que popularizara en su día Billie Holiday. El single fue todo un éxito, pero la gira posterior… “Es algo que no haría nunca más, por lo menos a un nivel tan grande como se planteó. Trabajar con Altman fue genial, pero en ese momento yo no estaba ni mucho menos preparada para cantar en un grupo de ese nivel. No tenía la profesionalidad necesaria para asumir un reto así”. Evidentemente, el pop es el pop y el jazz es el jazz y, dentro del primer mundo, tener éxito y vender un montón de discos no implica poder asumir el riesgo que un músico que improvisa vive cada noche ante su público. El caso es que el segundo álbum de Alison (“Raindancing”) volvió a subir en las listas como la espuma y a proporcionarle un nuevo Brit. Posteriormente, la juventud dejó paso a la madurez y Alison se retiró temporalmente del circuito para convertirse en una “mujer de familia” que no reaparecería hasta recién empezada la década de los 90. Lo que volvió era absolutamente diferente: música adulta, un enorme feeling en las canciones, una voz teñida de formas de blues… El pop había dejado paso a un proyecto diferente que se evidenció en “Hoodoo”. El disco recibió unas críticas increíbles y le supuso una sorpresiva nominación para los Grammy norteamericanos, pero… vendió mucho menos que los anteriores y la nueva Alison ya no resultaba válida para el mercado juvenil. Tres años después “Essex” vino a demostrar que “Hoodoo” no era una anécdota y, aunque el disco recibió el mayor beneplácito por parte de los medios alternativos, supuso una sentencia de muerte en las relaciones entre Sony y la compositora: lo de hacer buenos discos está bien, pensarían, pero… ¿dónde está nuestra superestrella? Desapareció. Y por mucho tiempo. Hasta el día de hoy las únicas nuevas referencias discográficas que habían aparecido de la Moyet eran un par de recopilaciones: la primera tratando de reavivar sus grandes éxitos posteriormente al lanzamiento de “Essex” (“Singles collection” en el 95) y la segunda tras la reaparición pública de Alison y el anuncio de su vuelta (“The essential”, 2001). Dicha reaparición vino de la mano de su participación en un musical, “Chicago”, estrenado en el West End londinense. “Quería volver a hacer algo, pero no tenía todavía la seguridad de poder hacer un disco. Me lo ofrecieron y lo acepte porque me proporcionaba relaciones humanas y una vuelta al ambiente artístico. Para mí suponía la lucha ante la rendición: antes hacer algo que nada”. La vuelta a la actividad trajo consigo el interés de Sanctuary, un sello importante que, sin embargo, no puede competir en el mercado de las más grandes. El hecho generó confianza a Alison por cuanto le proporcionaba la posibilidad de hacer, realmente, lo que le apetecía musicalmente. “Cuatro de las canciones del disco estaban hechas antes de plantearme grabarlo, pero la mayoría del material fue compuesto específicamente para este proyecto. Dos de las canciones, incluso, se compusieron durante el proceso de grabación”, aclara Alison, quien explica también el porqué de elegir como productor a The Insects, ese complejo personaje que, tras dicho nombre, esconde a un compositor de bandas sonoras capaz de tutearse (y tanto) con la gente de Massive Attack: “Yo no conocía esa parte de su trabajo. Le escuché en una banda sonora y su música me pareció tan coherente y distinta… me impresionó. Tenía ese sonido ambiental y espacioso que yo quería para mi álbum”. La cantautora define “Hometime” como “un disco de chill out para adultos. Es difícil extraer canciones de él porque ha sido concebido como un libro del que no puedes quitar un capítulo para disfrutarlo en solitario. En principio no se planteó así y supongo que es el resultado final el que me hace valorarlo de esa manera, como una obra completa indisoluble”. Poniéndolo en relación con las anteriores obras de Alison, ésta no duda en considerarlo como su mejor disco: “Pienso que he rozado la perfección con este álbum. Es justamente lo que quería hacer. Siempre tuve la impresión de que podía llegar a hacer un disco como éste y esa motivación me ha ayudado mucho a la hora de conseguirlo. En relación a los anteriores, no considero que haya ninguna ruptura drástica. Es como el logro lógico de una evolución natural que ya se podía ir viendo en los otros discos” El primer resultado comercial de “Hometime” no se aproxima, ni de lejos, a los que Alison estaba acostumbrada a protagonizar. Pero eso no resulta tan importante para el artista si queda a gusto con lo realizado. “Como ya no estoy en Sony no puedo hacer un marketing para vender un millón de discos, pero me es igual. Todas las críticas que han salido publicadas sobre el álbum lo reconocen como un buen trabajo y sólo eso ha hecho que ya se hayan vendido sesenta mil copias”, apunta al tiempo que añade: “mis fans siempre habrían querido un disco como éste. Es la radio la que subestima este tipo de música y la relega ante otro producto simplón y banal. En el fondo son los medios los que subestiman la opinión del público y faltan al respeto a la audiencia: le hacen escuchar cosas muy inferiores a las que la gente demanda”. Con ese convencimiento uno se anima a pensar que, quizás, la Alison del futuro podrá reverdecer laureles y sentirse más orgullosa de ellos que de los aplausos masivos que recibió en los 80. Ella, sin embargo, no va tan lejos: “No pienso en el futuro. Publicar este disco ha sido para mí tan costoso como el tener un hijo, como el parir. Tendrá que pasar algo de tiempo antes que me plantee lo que haré en el siguiente y si tendrá relación con éste”. E.P. Alison Moyet. “Hometime”. Sanctuary
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