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El senegalés Youssou N’Dour decide también crear su propio sello discográfico. Noviembre 2002 Hijo de su madre
Fue con motivo de la muerte de Papa Samba Diop, el líder de la Star Band, un grupo tan popular en Senegal que los actos con motivo de su fallecimiento agruparon a una enorme multitud en el estadio de Saint Louis. Un crío que había demostrado una voz de ángel cantando en los “kasaks”, las fiestas que proseguían a cualquier circuncisión, era el elegido para entonar una elegía acompañado por el grupo Diamono. El maestro de ceremonias le presentó al público con la frase: “Una nueva estrella va a nacer ante vuestros ojos” y, con el tiempo, la gente de Senegal ha terminado considerando aquello como una profecía. Hoy Youssou N’Dour es el músico más emblemático del país y uno de los más reconocidos de todo el continente africano. Treinta años después de aquello Youssou ha creado, incluso, su propio sello discográfico para tener un absoluto control de su obra en todo el mundo. El primer fruto de dicho sello es su nuevo álbum, “Nothing’s in vain”. Hasta 1977 (tenía entonces diecisiete años) Youssou no obtuvo el permiso paterno para dedicarse a la música. A él eso prácticamente le daba igual: en una ocasión tuvo que ser devuelto a su casa por la policía porque había huido de la misma después de vender sus zapatos para poder unirse a Diamono. Cuando, por fin, pudo obrar con toda libertad pasó a formar parte de la reconocida Star Band y cantaba seis noches por semana en el Miami Club de Dakar. Aunque el repertorio del grupo abundaba en la música afrocubana Youssou insistía en cantar en “wolof”, su lengua materna. Dos años después se deshacía la Star Band y N’Dour, con algunos de sus compañeros, puso en pie la Etoile de Dakar, un grupo que, aunque conservaba el repertorio latino, llegaba a incluir hasta siete tambores tradicionales en su formación. Ellos crearon lo que terminó denominándose “mbalax”, la música senegalesa que hoy es conocida en el mundo entero. “Al principio “--recuerda Youssou--” la música afrocubana se usaba mucho en toda Africa, pero con el tiempo ha ido desapareciendo y nuestra música es más personal. Creo que no es algo exclusivo de la música de Senegal”. El éxito de la Etoile fue tal que Youssou ganó una fortuna: fundó su propia banda con todos los instrumentos en propiedad, abrió su propio club (Le Thiossane) y constituyó una sociedad anónima con sus músicos para que todos tuvieran un sueldo fijo y seguro médico. Publicó veinte cassettes con sus canciones (en Africa apenas existió el mercado del vinilo) y vendió diez mil copias de cada una de ellas el mismo día que se comercializaron. La preocupación de N’Dour no se quedó solamente en su entorno: las letras de sus composiciones cambiaron gradualmente pasando de ser únicamente piezas de desencadenado baile a tratar problemas sociales que se podían vivir diariamente en las calles de Dakar. Youssou era ya un héroe en Senegal y sólo era cuestión de tiempo que diera el salto fuera de sus fronteras. El día llegó en 1983, cuando la Asociación de Taxistas senegaleses de París le invitó a tocar en su convención anual. Fue entonces cuando N’Dour y sus compañeros abrieron los ojos: hasta entonces creían que Europa era de oro y que fuera de Africa no había sino riquezas. Cuando vio cómo sus compatriotas vivían en la capital francesa se le cayó el alma a los pies y sus letras se orientaron decididamente hacia un posición panafricana que reconociera sus orígenes y elevara el concepto de la propia tierra y de la familia. N’Dour era, además, el único senegalés que podía extender ese mensaje, ya que, tras su actuación en París, fue contratado para toda una gira europea, algo que tuvo una repercusión importantísima en su carrera. A fin de promocionar la gira Youssou grabó su legendaria canción “Immigrés” (“No importa la riqueza que hayas alcanzado/ o el rango social que tengas ahora/ Algún día deberías volver a tu tierra”) y en su concierto londinense conoció a Peter Gabriel. “Es la primera persona que se me presentó de forma abierta y con respeto. No vino a mi música con interés comercial, sino por la mera pasión que él tiene hacia la música. Yo, a mi vez, le devolví el favor presentándolo ante el público africano. Aún hoy tenemos una gran relación y un diálogo continuado. Aunque no hay proyectos concretos, no sería extraño que algún día volvamos a hacer algo juntos”, señala el senegalés. Gabriel dijo de él que tenía una voz de “plata líquida” y le contrató como telonero de su gira mundial en 1986. Empezaban los problemas para Youssou. Sus compromisos internacionales eran tantos que creo Super Etoile II para que, sin su presencia, siguiera actuando en Le Thiossane. Si en Senegal muchos músicos ya le habían criticado por ser demasiado joven para componer (pensaban que lo hacía su madre) o por hacer música tranquila (“para mujeres”), ahora tuvo que asumir también el haberse convertido en un artista “demasiado americano”. “En Senegal tengo más presión que la que puede suponer aquí llegar a un acuerdo con una multinacional. Eso no me ha cambiado por cuanto me dejan trabajar con entera libertad y Nonesuch se ha comprometido a publicar internacionalmente todo lo que edite en mi sello. A veces las multinacionales dan una impresión de excesivo control, pero es más por su gestión que por otra cosa. En Senegal se me critica, principalmente, por hacer músicas distintas al mbalax. En ‘Nothing’s in vain’, por ejemplo, uso ritmos del norte y del sur, algo que quizás no podía haber hecho allí. Con todo, aunque me gusta usar otras músicas, quiero sentirme siempre cercano a la de mi país. Puede que ahora, de algún modo, me vean como un puente o como un embajador, pero al principio sólo me veían como un traidor”. Gabriel colaboró decididamente para que Youssou se convirtiera en “traidor”: facilitó el que fuera fichado por una compañía como Virgin y que formara parte del cartel de la gira de Amnistía Internacional en 1988 junto a Bruce Springsteen, Sting, Tracy Chapman y el propio Gabriel. Si bien sus dos primeros discos para Virgin (“The lion” en el 89 y “Set” en el 90) no obtuvieron el éxito que la compañía deseaba, los mismos proporcionaron al senegalés suficiente dinero como para montar su propio estudio en Dakar, donde grabó su siguiente “Eyes open” dos años después. “Ultimamente se han abierto más estudios en Africa y hay más sellos discográficos. Eso ayudará a desarrollar más música desde allí mismo, sin necesidad de que los artistas tengan que pasar por Europa para ser reconocidos”, comenta N’Dour sobre el hecho. En 1994 obtuvo por fin el éxito masivo con la canción “Seven seconds”, incluida en el disco “Guide (Wommat)”. En la canción se contaba con la participación de Neneh Cherry, algo fundamental para que Youssou obtuviera, por fin, el reconocimiento del público estadounidense. Si bien el senegalés indicaba por entonces que los norteamericanos eran bastante cerrados a apreciar la música africana, hoy en día opina de manera diferente: “Creo que, tras los sucesos del 11 de septiembre, ese público se fija más en el mensaje de la música. Ahora noto un respeto y un nivel de tolerancia mayor que antes, les veo más receptivos. Es como si se hubieran dado cuenta de que no todos tenemos que estar hechos con el mismo molde”. El trabajo que le proporcionó “Seven seconds” le tuvo alejado de la creación discográfica durante seis años, tiempo en el que únicamente realizó discos para el mercado senegalés y en el que produjo a Cheik Lô y Yande Kodo Sen. Cuando reapareció con “Joko: The link” en el año 2000, Youssou era el personaje más famoso de Senegal en toda su historia y viajaba por todo el mundo con pasaporte diplomático otorgado por la UNICEF. Dos años después llega “Nothing’s in vain”, el primer disco de su propio sello y referente del acuerdo en el que Nonesuch se encargará de su distribución internacional. Para Youssou, el nuevo trabajo es “como un viaje lejano. Hay veces que ves muchas cosas que no llegas a tocar, que aprecias solamente cuanto están cerca de ti. En este disco me he acercado a elementos musicales que siempre han estado ahí y en los que nunca había reparado”. Eso ha supuesto la creación de un disco sumamente abierto, muy alejado de las rítmicas esencias que se apreciaban en obras anteriores pero que dejaban de lado el detalle o la apertura. “Primero escribo y luego dejo vivir las canciones durante un tiempo. Eso me permite ver el nivel rítmico que requieren. Es como una casa: hay sitios que necesitan más luz y otros que están mejor un poco más oscuros. Las canciones de ‘Nothing’s in vain’ son igual: uno puede quedarse con las más luminosas y otro con las más íntimas”. Las letras del álbum reflejan la idea que actualmente domina en la mente del senegalés: “El desafío que tengo con este disco es un sueño: una luz específica sobre Africa. Una sociedad, por muy difícil que sea, también tiene una sonrisa o un sentido del humor. Quería proponer el lado positivo. La música representa a Africa mejor que la política. Si la gente se interesa más por la música africana que por los problemas del continente es porque los políticos no hacen su trabajo tan bien como los artistas”. N’Dour no espera un éxito tan espectacular con “Nothing’s in vain” como el que trajo consigo “Seven seconds”: “No soy un artista de hits: me considero más un músico conceptual. Esa canción supone, evidentemente, un antes y un después para mí, pero me preocupa más el mantener una relación con los músicos africanos y realizar cosas en común. Entre mis prioridades no está tener un número 1 en las listas”. Mantiene que, en sus canciones, “la música manda sobre la letra. Primero compongo y hago la melodía de voz en un lenguaje imaginario. Cuando veo cómo queda es cuando atiendo a lo que quiero decir con ella, de lo que quiero hablar. Habitualmente es mi manera de componer, aun cuando, en ocasiones, viene la letra primero o… todo junto”. E.P. Youssou N’Dour. “Nothing’s in vain”. Nonesuch
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