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Bill Evans vuelve a centrarse en el soul con su nuevo álbum. Noviembre 2002 La gran diversión
Aterriza en Madrid después de haber participado en el “Farm aid” norteamericano. En esta ocasión ha tocado en el grupo de Willie Nelson y ha tenido la oportunidad de compartir escenario con Neil Young. No es que él sea habitual de este tipo de eventos, pero, como siempre hace notar, es de quienes no se amilana ante nada y puede improvisar un solo en cualquier sitio y en cualquier momento. Estamos hablando de un hombre que debutó en la música profesional de la mano de Miles Davis y codeándose con Mike Stern, Al Foster y Marcus Miller entre otros, así que… aún no ha aparecido el reto que le vaya a asustar. Cuando su amigo Nelson le solicitó colaboración para un show dentro del festival Evans no pudo negarse: la participación del viejo Willie en la última obra del saxofonista les ha convertido en muy buenos amigos. Willie Nelson es uno de los invitados en el “Big fun” que, recientemente aparecido, Evans está promocionando actualmente en Europa. Es su álbum número quince en solitario y cuenta con la participación de músicos tan solventes como Ricky Peterson, Clifford Carter, Hiram Bullock, Vinnie Colaiuta, Randy Brecker o Bruce Hornsby, aunque lo que más llama la atención de él es otra cosa: “Creo que puede ser muy interesante para el público tener en el mismo disco a Willie Nelson, Les McCann y Robben Ford. Espero que le gente crea que todavía puedo hacer algo diferente”. Hacer “algo diferente” siempre ha sido santo y seña en este saxofonista. Después de grabar cuatro discos con Miles se trasladó a la Mahavishnu Orchestra de John McLaughlin, donde aportó su calidad en dos discos más. Sus siguientes obras fueron ya en solitario, comenzando con un clásico “Moods unlimited” grabado modestamente en el sello Evidence en 1982 y consolidando una peculiar manera de ver el jazz un par de años después en “Living in the crest of a wave”. Su templanza a la hora de manejar los saxos siempre llamó la atención, sobre todo por su versatilidad. A lo largo de su carrera se ha introducido en terrenos tan pantanosos como el hip hop (“Push”, 94) o, como hace ahora, en el soul. “Soul insider” (2001), su anterior obra, le colocó en terrenos bailables y sudorosos que le han aportado una consistente vitalidad. Eso ha hecho que, por primera vez, Evans no decidiera dar otro giro de ciento ochenta grados, que es lo que acostumbraba a hacer cada vez que se metía en el estudio para grabar un nuevo álbum. “Este es como una prolongación de ‘Soul insider’. Me lo pasé tan bien haciéndolo que parecía lógico seguir con ello. Me siento muy cómodo tocando este tipo de música”, afirma. La diversión ha sido el catalizador constante de este nuevo “Big fun”, disco que continúa la relación entre Evans y el sello Esc. Otras etiquetas, como Verve o Blue Note, le han tirado numerosas veces los tejos para que haga un disco de smooth jazz, esa pobre mezcolanza entre el pop más blandengue y el jazz más tranquilo que tanto gusta en Estados Unidos, pero él ha preferido la libertad creativa que le proporciona su actual contrato. Con seguridad, Evans no disfrutaría tanto tocando smooth como ha disfrutado haciendo su nuevo disco: “Si elegimos este título era porque reflejaba exactamente lo que ocurrió en las sesiones de grabación. Todos estuvimos de acuerdo en que lo mejor era llamarlo así”, comenta recordando los momentos de estudio con Les McCann o Willie Nelson. Mientras que McCann aparecía ya en “Soul insider”, no ocurría lo mismo con Nelson, una estrella del country que, actualmente, se ve sobrevolada por valores mucho más jóvenes con propuestas modernizadas. “Quería grabar con Willie. Más importante que plantearme lo que quería hacer era el hacerlo con él, así que nos juntamos primero y después decidimos lo que íbamos a grabar juntos”. El resultado final es una curiosa versión de “For what it’s worth”, un viejo tema de Buffalo Springfield que vio la luz allá por 1967 de la mano de Stephen Stills. “Siempre me gustó esa canción y supuse que Willie estaría de acuerdo en que la hiciéramos juntos. Cuando se lo comenté le gustó la idea; lo principal era hacer algo que aún no hubiera hecho”, apunta Evans. La otra “joya de la corona” de “Big fun” es la presencia del guitarrista Robben Ford, uno de los pocos músicos de prestigio que todavía no había aparecido en los discos del saxofonista. Convendría recordar que, en “Soul insider”, la guitarra invitada era nada menos que la de John Scofield. “Nunca habíamos tocado juntos “--dice Evans sobre Ford--”, pero siempre me ha gustado su guitarra y he escuchado sus discos durante muchos años. No nos conocíamos y éste era un buen comienzo para una relación, ya que él tiene mucho soul en su manera de tocar. Hemos encajado tan bien que hemos decidido hacer una gira juntos en Estados Unidos: él, Vinnie Colaiuta y yo”. En ‘Big fun’, además de diversión, también hay un apartado para la tristeza. Como la mayoría de los músicos norteamericanos, Evans también se ha sentido impresionado por los sucesos de septiembre del año pasado: “Sí. ‘Real heroes’ está inspirado en lo que ocurrió el 11 de septiembre. Nunca ocurrió algo así en Estados Unidos y eso ha generado que nos sintamos más parte del mundo que sí sufría actos similares. Ahora nosotros también vivimos el problema del terrorismo”. Bill Evans tiene, con su propuesta, numerosos seguidores en nuestro país. Su próxima presencia en España vendrá de la mano de una gira de doce conciertos, algo sumamente inusual si tenemos en cuenta que se realizarán entre marzo y abril, fuera de la órbita de los festivales veraniegos de jazz. “Es uno de mis sitios favoritos para tocar. Pienso que el público español está muy educado en el jazz y que cada vez puedo llegar a más gente. En los conciertos que hacemos aquí siempre me ha dado la impresión de que tanto el público como la banda sentíamos lo mismo alrededor de mi música”, comenta el saxofonista. Probablemente, lo que más aprecie el público en la música de Evans sea su variedad: sus conciertos raramente tienen que ver con su propuesta discográfica y ésta, a su vez, pocas veces abunda en lo mismo. Si bien “Big fun” y “Soul insider” le han mantenido durante un par de años en el terreno del soul, las nuevas ideas de este hombre tienen poco que ver con una continuidad en ese estilo: “Aún es pronto para pensar en cómo será el próximo disco, pero me gustaría incorporar el bluegrass al mundo del jazz. No sé: usar mandolinas, guitarras acústicas… pero me gustaría hacerlo grabando en directo con los músicos, dando la posibilidad de generar improvisaciones”. Llama un poco la atención que Evans no haya mirado, ni de reojo, a las nuevas tendencias que están revolucionando el jazz en este siglo, aquéllas que lo complementan con el uso de instrumentos electrónicos. “Uso samplers hace muchos años, pero, en mi opinión, es algo que ya está pasado, que no me atrae para profundizar. Actualmente, dentro del jazz hay una gran división entre las formas clásicas y el funk, que es lo que mayoritariamente hace la gente que usa la electrónica. No hay demasiada conexión y los músicos se quedan con una cosa o con otra. Quizás debería unirse más, ya que el funk es un sentimiento rítmico y eso no tiene por qué limitar el valor de la improvisación”. Quien habla así lo hace por experiencia propia: desde hace mucho tiempo Evans no graba en formato clásico y el jazz más purista no entra en este momento dentro de su pensamiento. Sin embargo, él siempre ha admitido que, tarde o temprano, tendrá que hacer algo en ese terreno ya que, en el fondo, es un músico de jazz: “Quizá dentro de un par de años, pero cuando lo haga será con un proyecto diferente, no dentro de la carrera de Bill Evans. Formaremos una banda y grabaremos como tal. En el fondo también adoro la música acústica y la conjunción entre el saxo y el piano de cola”. Venga como venga el futuro para Evans, lo que queda claro es que no se conformará con repetir lo ya hecho. El es uno de los mejores representantes de una generación que ha modernizado el jazz hasta el punto de que el público purista es casi el que menos le aprecia. Evolucionar tiene sus riesgos y eso, hoy en día, es algo que aparece más en los géneros minoritarios que en los más populares. “En los últimos cincuenta años siempre ha ocurrido eso: el jazz es cambio continuo porque está en su naturaleza. El pop, sin embargo, no es sino un mercado en el que vender. Particularmente, alguna vez he utilizado elementos pop en mi música, pero sin perder nunca la sensación de que lo que tocaba era jazz”. E.P. Foto de Danny Clinch
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