|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Salif Keita “Moffou”. Universal. Mayo de 2002 Nuevo disco del albino africano más conocido del mundo. Y, en esta ocasión, realmente africano. Las ultimas entregas de Keita habían hecho pensar a más de uno (me incluyo) que este hombre ya no volvería a lograr los niveles alcanzados en “Amen” o “Folon”. Su occidentalización había crecido de un modo considerable y su última obra de estudio (“Papa”, 99) casi podía equipararse en resultados sonoros a los discos realizados por músicos ingleses que, aunque tengan orígenes de lo más exóticos, toman el té a las cinco y lloran la muerte de la reina madre. Keita, rompiendo su anterior dinámica, ha vuelto a mirar a su país (a su continente, sería mejor decir) y, sin abandonar un ápice los parámetros musicales que han influido su obra en los noventa, ha regresado a sus ancestros, a la mirada a la cara y a la arena africana que poco (o nada) tiene que ver con la fusión europea que suele coger del continente negro poco más que lo exótico y lo bailable. En “Moffou” regresa el Keita sentimental, ése que vibra con una percusión, que casi respira llanto al lado de voces femeninas o que parece querer abordar toda la naturaleza en cada una de sus composiciones. La instrumentación elegida para los nuevos temas es absolutamente acústica y parte, en esta ocasión, de un mayor protagonismo por parte de Kante Manfila, el alter ego de Keita cuanto se trata de tocar cualquier cosa. “Moffou” es un disco que emociona, llega e impacta. No es (Keita nunca se ha caracterizado por ello) una exhibición de exotismo peliculero, pero sí capta la musicalidad de una cultura que, lejos de ser poco más que un turisteo, hoy es absolutamente comprensible para quien no se queda simplemente en lo que le dice la tele o el Corte Inglés. E.P.
|