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Coal Chamber “Dark days”. Roadrunner. Mayo de 2002 Tercera entrega del grupo angelino y, como las anteriores, rodeada de una enorme expectación. Quizás se puede reprochar algo a los Coal Chamber, pero, desde luego, no será nada relacionado con su merchandising: entre la imagen que tienen y los pollos que montan siempre parecen tener algo en la mano para aparecer en las revistas. Que si el vocalista abandona justo después de firmar su primer contrato, que si, vuelto al redil, se divorcia de su mujer que resulta ser la bajista del grupo, que si la bajista en cuestión deja la banda ahora para ser mamá… Lo dicho: un culebrón metálico de ésos que agradan tanto a las revistas del sector. El caso es que, desde que apareciera su primer álbum (“Coal chamber”, 97), el grupo cayó en gracia con su componenda a medio camino entre la imagen de White Zombie, los hechos estrafalarios en plan Marilyn Manson y la moda musical que impuso aquello del nu metal. Dos años después hicieron algo más digno con un álbum que les descubrió en el mercado español y que sorprendió más que gustó. Ahora entregan este “Dark days” que, por qué negarlo, ya no sorprende. El cuarteto, que ha mantenido la imagen de una bajista dentro del grupo por no jorobar sus shows en directo, se muestra ya sólido, con un cierto criterio musical, pero con el brete de demostrar si no se les ha pasado el yogur. En principio, unas escuchas a “Dark days” no hacen pensar que la banda haya bajado el pistón, sino, al contrario, que saben manejarse mejor en el estudio y que ya no lo fían todo simplemente a pegar gritos y guitarrazos. Otra cosa es (y es lo que habrán de demostrar) que sus anteriores apariciones no hayan cansado a los fans del género, quienes están descubriendo todos los días nuevos “genios”. Si consiguen pasa el corte igual tenemos banda para rato. E.P.
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