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Yoghourt Daze

El Sol. 23 de marzo de 2002

Habría varias maneras de explicarlo, pero la más fácil es, sencillamente, decir que este grupo ha mejorado una barbaridad. Pero una barbaridad, sin más. La última vez que los vi antes de su paso por El Sol fue como teloneros de Dover en la presentación de su último álbum. Allí se me antojaron como un trío despistado, con ganas pero con una abrumadora indiferencia por parte del público ante la que no sabían sobreponerse. En sala pequeña, sin embargo, y con un personal que acude a verlos específicamente a ellos, el resultado es absolutamente diferente. Resultan demoledores.

Si bien Yoghourt Daze es de esos grupos a los que se les ha colocado, como caída de un árbol, la etiqueta de banda postgrunge, lo cierto es que su música aborda muchos más terrenos que el que puede quedarse en una sola señal. Eso sí: sus influencias son claramente diferenciables y, de momento, no se podría decir que estén marcando territorio propio, aunque, en el lado contrario, habría que señalar que, acaso, muchas de sus canciones son tan impactantes como las de las bandas que les sirven de referencia.

La música de los Daze es la música de los noventa. Sus referentes de rock pasan por bandas tan señeras como Nirvana, Rage Against the Machine o Red Hot Chili Peppers y, de costado, por quienes sirvieron como influencias para éstos. En conjunto, su sonido es absolutamente contemporáneo y se presenta de un modo estupendo al que es difícil poner ninguna pega. Lo que también salta a la vista en cuanto te captan es que, dentro de las bandas de cierto nivel, los Yoghourt no tienen ninguna diferenciación esencial: cantan en inglés, su sonido guitarrero hereda de Estados Unidos y hasta su estética parece un reflejo de la de sus músicos favoritos.

Después de disfrutar con ellos y de asistir a su exhibición de capacidad uno no puede evitar preguntarse el porqué de no buscar esa diferenciación, ya sea estética o, simplemente, expresiva (grupos de este talante y haciendo esta música no los hay cantando en castellano, por ejemplo). Su próximo paso habrá de generarse en esa dirección, en la de evitar la típica coletilla de “son una copia de…”. En el escenario Yoghourt Daze no parece copia de nadie y sus canciones están a la altura de los mejores, por lo que lo único que habrá que modificar será precisamente eso, evitar los parecidos evidentes. Por lo demás, el trío está en una rampa de lanzamiento que ha de saber aprovechar. No deja frío a nadie una vez que los ven.

E.P.

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