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Jaime Urrutia El Sol. 18 de abril de 2002 Es una lástima que, en ciertas ocasiones, la expectación creada por un concierto no sea igual al grado de satisfacción que genera una vez hecho. Muchos de los que asistieron a El Sol a ver un concierto de Jaime Urrutia debieron pensar eso una vez que él y su grupo abandonaban el escenario. De momento, y por lo que sea, la máquina no está engrasada, los temas no cuadran y el resultado final deja un sabor agridulce. Urrutia cuenta con elementos sumamente válidos a la hora de subirse a una tarima: una banda veterana y solvente, adaptable a cualquier situación y repertorio, una lista de canciones expuestas muy acordemente en “Patente de corso”, una experiencia a prueba de bombas y el recurso que siempre supone tener en la mochila todos los éxitos de Gabinete Caligari. De todo ello, en El Sol sólo funcionó lo último y, exceptuando el “¡Qué barbaridad!” del último trabajo de Jaime, fueron las canciones antiguas las que más parecieron emocionar a la gente. Puede que fuera por nostalgia, pero también puede resultar que la culpable fuera la eficiencia. Las canciones de “Patente de corso” no terminaron de exponerse con gusto. Mientras que en las primeras daba la impresión de que hasta el propio Jaime, curtido en mil batallas, se dejaba contagiar por el nerviosismo de la reentré, los pasos posteriores del concierto no avanzaron demasiado en ese sentido. Errores en los coros, un cierto ambiente de “a lo que salga” y la forma de dibujar las melodías vocales del propio Jaime daban la impresión de que todo el asunto estaba aún cogido con pinzas. Bien es cierto que luego bastaba con soltar “La suite nupcial” y dejar que el público se embebiera en la nostalgia, pero la animación no llegaba muy allá y la mayoría de la gente volvía a su conversación en cuanto Urrutia anunciaba, de nuevo, canciones de “Patente de corso”. Cabe la posibilidad de que influyera, aunque no creo, el hecho de que el concierto fuera tomado más como una fiesta que como lo que era en sí. Tal apreciación podía valer para el público, pero no para los músicos. Ellos estuvieron flojos, realmente flojos, y la mejor excusa que se me ocurre es pensar que el tiempo se ha echado encima antes de que los temas que hay que exponer estén bien cuadrados en los ensayos. Supongo que todos deseamos que la cosa mejore por cuanto las nuevas canciones de Jaime son lo suficientemente buenas como para arrancar de la gente la misma atención que su exitoso pasado. A ver si el veranito arregla esto con rodaje y la próxima vez que la banda se presente en Madrid borra la pobre impresión que dio en El Sol. E.P.
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