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Sôber busca un nuevo paso adelante con su cambio de compañía. Mayo de 2002

Men in black

El resultado de “Synthesis” no fue sorprendente, sino espectacular. Si Sôber ya había avanzado su potencial en sus dos álbumes de finales de los noventa, su debut en el nuevo siglo le consolidó como una de las ofertas más sólidas del rock elaborado español. Con esos precedentes, es lógico colocar al grupo en una rampa de lanzamiento hacia números mayores, y eso es lo que han hecho Carlos, José, Antonio y Alberto: buscar el mejor acomodo en Cabo Cañaveral.

Verlos aparecer es como asistir a una proyección privada de “Matrix”: cuero negro, camisetas negras, gafas negras. “Siempre hemos entendido el rock como negro. Hasta los Who o los Beatles vestían de negro en su época. Tenemos esa imagen y nos gusta. No tenemos ni cuerpos Danone ni pelos frondosos, pero sí una imagen que nos identifica con la seriedad”, dicen. Hay quien señala que cuando se eligió el nombre de la banda se hizo para relacionarlos con la sobriedad. No sé cuánta verdad hay en eso y, en el fondo, no es sino una mera anécdota, pero lo que está claro es que todo lo que rodea a la banda tiene un olor especial: a serio.

Verlos, escuchar sus planes, observar sus evoluciones en el estudio o asistir a uno de sus directos es tener presencia en un constante ejercicio de profesionalidad. “Podemos vivir de esto. No es un lujo y supone un alto riesgo, pero, para llegar, hay que estar ahí las veinticuatro horas del día. Lo que le pedimos a quien trabaje con nosotros es que siga ese paso. Ya hay un conocimiento por parte del público de quiénes somos y de cuál es nuestra música y, con ella, no podemos aceptar que haya un techo. Si el mercado español se acaba habrá que salir fuera y quien lance nuestros discos no puede ser tan necio como para no aceptar eso”, comentan. No es, en modo alguno, un reproche hacia las compañías en las que militaron anteriormente a su nuevo fichaje por MuXXIc. Al contrario: es una exigencia a la nueva. “No podemos decir que lo tengamos todo clarísimo porque eso es imposible, pero sí es cierto que cada día que pasa lo tenemos más y más claro. Hemos pasado por la autoedición de un primer álbum en el que nos tropezamos con gente no honrada y posteriormente trabajamos con una compañía que nos apoyó en todo lo que pudo pero que, por su infraestructura, no podía llegar a más. El grupo se ha mostrado siempre dispuesto a colaborar en cualquier actividad que pueda mostrar al público la música que hacemos. Siempre hemos estado en nuestro sitio y hemos visto los resultados: asumimos sin problemas cualquier cosa que podamos hacer”.

Y lo primero a hacer es, siempre, discos lo suficientemente interesantes como para que el aficionado fije su atención en ellos. Sôber cuenta con una carrera de crecimiento vertical y “Paradyso”, su oferta del 2002, no debería cambiar el sentido de la línea. Su primer álbum se remonta a 1997, cuando firmaron “Torcidos” como Sôber Stoned. El resultado fue llamativo si nos atenemos a que era un producto realizado casi desde las catacumbas. Con “Morfología” ya contaban con una compañía discográfica (Zero) y el hecho se dejó notar. Si el álbum empezaba a dar toques de atención a cualquiera que estuviera a la búsqueda de cosas novedosas, su presencia en directo convencía por partida doble. Llegaba la hora de crecer y apareció, en el 2001, “Synthesis”, el disco que marcaba diferencias con otros compañeros de generación: mientras que muchas bandas habían agotado sus argumentos en dos discos Sôber continuaba creciendo en el tercero. Era cuestión de cambiar de aires dado que una pequeña compañía independiente ya no podía asumir los volúmenes que la banda necesitaba, tanto a nivel de promoción como en la garantía de distribución de sus discos en las tiendas.

En muchas ocasiones, las posibilidades de un grupo dentro del mundo de la música se miden por la credibilidad que tengan sus miembros en su propio trabajo. Hay bandas que no tocan en época de exámenes porque tienen que estudiar y músicos que no asisten al ensayo si tienen que celebrar el cumpleaños de su novia. La gente de Sôber desprecia ese tipo de posturas. O, mejor, no las entiende: si estás en esto, estás. No se puede compatibilizar la lucha por la supervivencia en el mundo de la música con cualquier otra cosa; ése ha sido el motivo fundamental para que muchos grupos quedaran anclados en un primer disco de corte aficionado. Además, cuando hablamos de un grupo de rock oscuro, hay que añadir circunstancias externas: “En este país las compañías se gastan muy poco en las producciones de rock”, comentan, hecho incontestable si se tiene en cuenta cuáles son los objetivos prioritarios de las grandes discográficas.

“Paradyso” tiene la misión de poner las cosas en su sitio, máxime cuando el grupo ha venido revolucionado de su última visita a Los Angeles. Allí mezclaron sus nuevas canciones junto a Ed Stasium y aprovecharon los 8.640 minutos de cada día para conocer aquello que les interesaba: managers, músicos, salas, contactos… Volvieron con actuaciones a sus espaldas y con una agenda llena de números con prefijo internacional.

Los temas de “Paradyso” se grabaron en los estudios Cube con la ingeniería sonora de Alberto Seara, su habitual técnico de sonido. Decidieron ellos mismos, en esta ocasión, ponerse el mono de productor después de que, en sus dos discos anteriores, hubieran dejado esa responsabilidad a Oscar Clavel. “Queríamos cambiar, coger las riendas. El hecho resulta más complicado por la responsabilidad que asumes, ya que eres consciente de que este disco va a tener una gran repercusión en tu carrera. La opción que nos planteamos fue: o ir a otro país y trabajar con menos tiempo o hacerlo aquí tranquilamente. No pensamos que el resultado hubiera sido mejor ni peor con otro productor: simplemente, habría salido diferente. La experiencia ha sido positiva y ya contábamos con algún precedente en el que alguno de nosotros había producido a otras bandas”. Los miembros de Sôber sí querían, sin embargo, echar una mirada al exterior: “Queríamos mezclarlo fuera para pillar otro rollo. Aquí quien mejor nos ha entendido era Oscar Clavel, pero no queríamos repetir esa opción. A la hora de producir no necesitábamos un criterio externo, sino alguien que entendiera nuestra música y en España no hemos encontrado a nadie más válido que la gente que hay en Estados Unidos. Pensamos que Ed Stasium era quien mejor se podía adaptar a nosotros y, además, tenía una cosa que nos interesaba: el hecho de haber trabajado en campos distintos”. La carrera de Stasium pasa por grandes galardones con discos de Living Colour, Soul Asylum y Julian Cope, pero en su lista de servicios aparecen clientes tan diversos como Ramones, Talking Head, Motörhead, Reverend Horton Heat o, más recientemente, Biohazard y Marshall Crenshaw.

La banda destaca, en este proceso, el tiempo del que han dispuesto, baremo opuesto al que, habitualmente, han manejado en sus anteriores grabaciones. Respecto al contenido musical de “Paradyso”, los miembros de Sôber advierten que “no cambiamos de línea. Desde que nos juntamos en el 94 hemos sido fieles a lo que nos gusta e, incluso, alguna de las canciones que hicimos entonces podían haber cabido perfectamente en este disco. La diferencia con los anteriores es la lógica, la que llega de la evolución de la banda. En ‘Paradyso’ no hemos prestado tanta atención a los ambientes y hemos generado un sonido más crudo, más directo y más denso”.

Para quienes hayan visto a Sôber con la etiqueta de Tool colgada a la espalda el referente puede ser tan válido como una hoja de un libro lo es a todo su conjunto: “Somos duros y melódicos, y aparecemos en un momento en el que todos los grupos de metal se centraban en otro tratamiento de la voz. Como Tool cuidaba la melodía se buscaron similitudes que, vistas desde fuera, resultan lógicas. También alguien nos ha dicho que nos parecemos a Héroes del Silencio, pero eso ya no lo apreciamos tanto”. El referente, para uno que solamente escucha, también podría resultar válido en según qué facetas. Si bien los Héroes pasaron por terrenos de corte pop y por elucubraciones lisérgicas que les generaron altibajos, aportaban también el sonido oscuro y el tratamiento melódico que caracteriza la música de Sôber. Es, en el fondo, una música metálica accesible, con toda su dureza pero con la línea irrenunciable de la canción como arma fundamental: “Es caña controlada. Siempre hemos intentado hacer algo denso, cañero pero con armonía, no sólo en el terreno de las voces, sino en todo lo que suena por encima de unos ritmos muy marcados”, sentencian.

En buena lógica, uno, después de escuchar “Paradyso, no puede sino pensar que el cuarteto madrileño ha vuelto a subir otro escalón. El cambio de orientación promocional que realizará su nueva compañía debería poner al grupo al alcance de un público mucho más amplio que el que, hasta el momento, ha visto o escuchado a Sôber. Pero esto no es algo que preocupe a estos hombres de negro: “Hemos tocado ante ochocientas personas un día y al día siguiente en un festival ante diez mil sabiendo que nuestra próxima actuación volvería a ser en una sala pequeña. Hemos pasado por todo eso y podemos asumir un crecimiento con naturalidad. Hay ciertas cosas que, para nosotros, son irrenunciables y no queremos crecer a costa de poner en peligro la credibilidad del grupo. Es por eso por lo que hemos establecido en nuestro contrato que todo lo referente a nuestra promoción tenga que ser revisado por nosotros”.

Es una cuestión de carácter, virtud muy apreciada en cualquier persona cuando llega la hora de tomar una decisión. Ese carácter, tan personal como exigente, tan profesional como riguroso, también queda patente en los textos de las canciones de la banda. “Son letras personales que el público puede entender por cuanto también se puede sentir identificado con ellas. Problemas, vivencias, emociones… todo ello define al grupo, pero también a cualquier persona que pueda asumirlas”, apuntan.

En Madrid volverán a tocar el próximo 14 de mayo colaborando en la presentación de la nueva edición de “Festimad”, pero ése será únicamente el punto de partida de un verano que se presenta apasionante. Volvieron de Estados Unidos con una oferta para girar junto a Angeles del Infierno en su nueva aventura americana (al contrario que aquí, la banda tiene numerosísimos fans al otro lado del mar), pero lo han dejado de lado embebidos en lo que ha de ser su consolidación como un grupo de primera división dentro del rock español. De momento ya tienen comprometidas fechas para presentar en las ciudades grandes sus nuevas canciones, pero su actividad para el verano está abierta a contratación. Seguro que, en cuanto salga a la calle “Paradyso”, no les quedarán días vacíos en el calendario.

E.P.

Sôber. “Paradyso”. MuXXIc

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