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La más grande de las leyendas de la música madrileña vuelve a grabar. Mayo de 2002 Burning 2002
Se podrá hablar con ellos de música, de instrumentos, de conciertos o de producciones, pero, en el fondo, todas las conversaciones acaban en lo mismo: ellos “aman” el rock’n’roll. Y, cuando esa premisa se coloca encima de todas, las frases alrededor de la producción, del tiempo, de la industria o de cualquier otra cosa son atendidas, simple y llanamente, porque está delante un entrevistador. Mirando a Johnny mientras contesta a las preguntas uno le ve incómodo, como preguntándose qué diablos hay que decir de un disco cuando éste está ya hecho. A él le importa mucho más que tú le digas tu parecer, saber si las canciones te gustan, o que le den una copia de la portada para colocarla en una de las paredes de su bar para que todos quienes llevan reclamando un disco de Burning durante años se tranquilicen. Todo lo demás, lo que está alrededor, es siempre pasado. Burning lo forman actualmente Johnny Cifuentes, Eduardo Pinilla, Carlos Guardado y Kacho Casal. Para muchos, el nombre de Burning no tiene sentido desde que, hace algunos años, desapareciera Pepe Risi. Con él se iba una imagen legendaria dentro de la ciudad de Madrid y el icono más grande que ha generado alguna vez el rock español; para ellos no podían existir Burning sin Risi. “También nos pasó un poco a nosotros mismos “--dice Johnny--”, pero él también quería que siguiéramos adelante. Y es lo mejor, por él y por todos. Nunca me acostumbraré a tocar sin él aunque, cuanto te subes a un escenario, todo se vuelve un poco loco y no piensas en nada. Es lo malo que hemos tenido en este grupo: se nos ha ido muriendo la gente”. Johnny hace referencia a Antonio, el primer vocalista de la banda, que también dejó a sus amigos antes de lo que sería deseable. Sin embargo, el golpe sufrido tras la muerte de Antonio no puede catalogarse del mismo modo. Si exceptuamos “Sin miedo a perder”, un disco aparecido en el 98 con las maquetas del último material que el grupo grabó junto a su emblemático guitarrista, Burning no lanza un disco al mercado desde que en 1993 publicara “No mires atrás”. “Han ocurrido muchas cosas en este tiempo, pero, precisamente, son cosas que nos han servido para estar más juntitos. Durante un tiempo estuvimos preparando un disco acústico con nuestras baladas, que siempre han gustado mucho, pero el asunto se pospuso cuando todo el mundo empezó a grabar ‘Unpluggeds’. Eso nos despistó durante una época. Y luego vino lo de Pepe. Estuvimos probándonos en el escenario, viendo si nosotros mismos y el público se creía a unos nuevos Burning. En principio no pensábamos en un disco porque, aunque quisiéramos, el golpe había sido duro y todo se hacía un poco difícil, complicado. Después de que diéramos el concierto en Revólver (marzo del año pasado), viendo como respondía la gente, fue cuando empezamos a pensar más en serio en volver a grabar”. Desde entonces se han construido diez nuevas canciones que hayan pasado el corte para conformar lo que es “Altura”, un álbum que se ha realizado a lo largo de nueve meses con la imprescindible colaboración de Jaime Asúa, productor del álbum y acompañante ocasional del grupo a la hora de subirse a un escenario. “Siempre tienes algo de miedo a que la gente se haya olvidado de ti, claro. Nosotros nunca hemos sido un grupo como… Rosendo, por ejemplo, que suele grabar casi todos los años. Burning espaciaba mucho más sus discos y ahora pues… Por otro lado, ya nos asustan pocas cosas. Estamos muy contentos con el resultado y con el trabajo de Jaime y de Manolo Camacho. Hemos tenido con ellos muchas noches de fiesta y eso ya justifica el haber hecho el disco”. Independientemente de la opinión de Johnny, “Altura” es, afortunadamente, mucho más. Lo que él llama en tono jocoso Burning 2002 es un grupo de una solidez incontestable y su modo de componer es tan sumamente identificativo que no defraudará en nada a los seguidores de la banda. Entre las canciones elegidas hay piezas con la rítmica innegable de una banda que ha creado prácticamente ese estilo, baladas que tocan la piel como siempre lo han hecho y piezas que, sin pasar por la puerta de la discoteca, hacen mover los pies al más pintado. No es, ni mucho menos, el recurso típico que tantos músicos utilizan cuando han estado ausentes del mercado más de lo que se puede considerar conveniente. A nadie se le escapa, por ejemplo, que si Burning hubiera querido incluir invitados en su nuevo trabajo habría tenido que alquilar un hotel para meter a todos quienes hubieran querido participar. “El estilo no cambia y, de un modo u otro, siempre te va a recordar a los primeros Burning. Aquí las composiciones son de los cuatro e igual resulta más variado, más rico en matices. Hay, por ejemplo, una programación en una canción, que es algo que no habíamos hecho nunca, pero es muy suave dado que las cosas diferentes las aceptamos poco a poco y nos tenemos que convencer de que van a ir bien a la canción. Respecto a los invitados… lo cierto es que estábamos a gusto, no queríamos que se perdiera la personalidad de Burning y, de algún modo u otro, ya han aparecido muchos amigos en los discos anteriores, con el directo y el homenaje a Pepe. Ha sido, de algún modo, un trabajo intimista, aunque prometemos que, a todos nuestros amigos, les mandaremos el disco”. El hecho es, lógicamente, imposible. La nómina de amigos o admiradores de este grupo podría arruinar a una compañía si tuviera que prensar tal cantidad de discos de manera gratuita. El hecho, sin embargo, llama la atención por cuanto, de la mayoría de las ediciones que se hacen de la obra de Burning, sus miembros no son ni informados ni remunerados. El asunto, que raya en el más asqueroso abuso, debería ser resuelto tarde o temprano entre esos seres que dan en llamarse abogados, pero es algo que, día a día, Johnny y sus compañeros dejan siempre para después. “Somos un poco desordenados, ya sabes”, comenta el teclista detrás de sus gafas negras. No hay por qué sorprenderse. Aunque los años caigan como higos, la manera de abordar la música que tiene una banda como Burning dista considerablemente de los standards de hoy en día. “Cuando nosotros empezamos en esto se vivía para el rock’n’roll. Te levantabas escuchando música y te acostabas escuchando música: en tu casa, en el bareto… Y ahora lo vemos igual. Yo me divierto mucho y veo a un montón de bandas estupendas a las que habrá que cuidar. La diferencia que hay entre ahora y antes es que ahora todo es bastante más fácil y que muchos de los grupos que empiezan no lo tienen claro: lo único que quieren es coger las guitarras y tocar. Es lógico, pero eso no significa que todos los grupos que empiezan haciendo rock’n’roll sigan con ello. Ahora, afortunadamente, hay mucha más información de lo que sale y de lo que se puede hacer. En aquellos tiempos, o hacías rock o… hacías rock”. Del mismo modo se toman todas las circunstancias que rodean al grupo pero que son ajenas a lo que es, en sí, la música. “Yo no entiendo sobre cuándo es la fecha más adecuada para sacar un disco. Para mí es tan bueno el disco bueno que sale en enero como el que sale en diciembre y sé que me voy a comprar discos en verano, en invierno o en primavera. Sí es cierto que, a estas alturas, el tema de la contratación para el verano ya está cubierto, pero es que los incondicionales de Burning ya no podían aguantar más sin un disco”, comenta Johnny. Preguntarles, por ejemplo, sobre el asunto de la piratería es volver a lo mismo: “Es lógico que se piratee más porque es cuando más se vende. Yo lo que no entiendo es por qué las compañías se quejan de eso cuando ellas son las que fabrican las grabadoras de CDs. Todas son Sony, o JVC… Si la gente no tiene pasta tendrá que buscarse la vida para poder comprar discos. Es una cosa que no conduce a nada y que genera un callejón sin salida, y por eso habría que controlarlo de algún modo. Quienes consumimos música mantenemos el respeto por la música, no por la industria”. Curiosamente, posturas como ésta son las que han llevado al hecho de que Burning tenga uno de los repertorios más fabulosos de la música española y, sin embargo, es uno de los que menos genera para sus protagonistas. “Tenemos una discografía de muy buenas canciones y no deberíamos tener una mano negra por detrás. En nuestro caso siempre ha estado el amor al grupo por encima de los contratos y somos conscientes de que, en este país, son las compañías independientes las que mantienen vivo el rock’n’roll”. Conversar con Johnny de algo más que canciones es algo que se queda para otro momento. Sin dejar de dar vueltas entre sus manos a la caja que ampara su nuevo disco, no encuentra ningún placer sino encender un cigarrillo y señalar algún detalle de la canción que está sonando en ese momento. “Está hecho con mucha clase, muy cuidado, con mucho amor y mucho cariño. Estoy convencido de que la reacción de la gente va a ser positiva y vamos a intentar llegar al mayor público posible”, afirma. Le pregunto por lo que espera de los medios, elementos que, en su mayoría amparan más los elementos de modernidad que aquello que se da en llamar clásico. “Mira. Hacer un disco sin Pepe es un reto para nosotros. Pero para los medios supone un morbo”, comenta. El no atiende demasiado a lo que digan o dejen de decir los medios. “Será la gente la que diga cuándo nos tenemos que ir. Quizás alguno nos señala como dinosaurios, pero… para eso nosotros somos los primeros en aceptar cualquier cosa. Hasta estamos pensando en que un rinoceronte sea la imagen de la próxima gira. Lo importante, para nosotros y para todo el mundo, es que los discos que hagamos sean buenos. Y hemos hecho un buen disco. Yo le diría a la gente que lo escuche dos o tres veces antes de opinar. Son canciones que van calando, que entran cada vez mejor”. E.P. Burning. "Altura". Avispa
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