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Dax Raiders. Marzo 2002

El cerebro de una bola de espejos

Los parisinos Dax Riders exhiben en su segundo disco “Backintown” música electrónica de regusto drag-queen y aliento vocoder que hace de ellos unos horterillas ochenteros con licencia para matar. Lo suyo tiene casi más que ver con lo que se paría en las discotecas bailongas de hace dos décadas que con los cultismos electrónicos de nuestros días. “Es que mis años favoritos en música son al principio de los 80, cuando la música negra se hizo fuerte con el funk (Zapp, Cameo, D.Train…) y el rap (Grandmaster Flash, Maars, Afrika Bambaataa…). Cuando las cajas de ritmos eran nuevas y traían nuevos sonidos y ritmos, la nueva ola del baile, como fue el break dance, la nueva actitud que significaban las ropas, los scratchs, los grafittis, cuando el mundo se convirtió en la cultura de la calle”. Vaya. Parece que, con esta declaración, lo suyo esta más cerca de la cultura del hip hop que con la de los clubs. “Verás. El hip hop en Francia es una cultura demasiado seria, demasiado agresiva y muy de ‘machos’. Nosotros somos todo lo contrario; por eso en nuestros primeros años tuvimos un toque house y techno. Pero pensamos que en la música house se pierde un cierto contacto con la realidad, algo que sí encontramos en el hip hop. Lo que ocurre es que el hip hop pierde el concepto de diversión que tiene la música electrónica. Así que intentamos crear un nuevo estilo musical que llamamos ‘urbano’ y que mezcla lo mejor de ambas culturas”. No diría yo tanto como que Dax Riders han inventado un nuevo estilo. Es más, me remito a lo dicho al principio del articulo: su música es un refrito que hará las delicias de las petardas más desbocadas, una máquina rítmica que ha sabido conjugar el glorioso pasado de discoteca con una cierta mirada en el futuro.

El interlocutor de la banda que responde a las preguntas es “Bad Ceda” (Cedric Azencoth), que, junto a “Daxman” (Oliver Ruel) y “Erman” (Nicolas Berger), forma el trío que ha firmado las canciones de “Backintown”. “La cosa comenzó a gestarse a principios del 2000. Hacía ya un año que habíamos sacado nuestro primer álbum para Wea. Habíamos empezado una gira para promocionarlo y, después de dos o tres conciertos, Daxman y yo nos dimos cuenta de que necesitábamos un músico adicional para tocar teclados. Así es como Erman entró en Dax Riders; él trajo los sonidos funkies y una cierta puesta en escena. De esa forma empezamos a crear nuevas canciones en directo que pronto quisimos que existieran en estudio. A la vez que todo esto, Wea dejó de promocionar el álbum un mes después de sacarlo porque no sonaba en las radios el single ‘Hysterical mama’, así que únicamente se nos conocía por los directos. Después de unos cuarenta bolos decidimos gastar el tiempo produciéndonos nuestro propio álbum. Nadie esperaba nada de nosotros, y menos Wea, que sabíamos que era nuestra última oportunidad. Estábamos sin un duro, por lo que nos fuimos al sur de Francia, cerca de Marsella, donde viven los padres de Daxman. No queríamos quedarnos en París para no estar influenciados por las modas del momento y para no distraernos con los amigos o las fiestas. Después de cuatro o cinco meses regresamos a París con un disco del que estamos muy orgullosos”. Y no sólo regresaron a París con un disco del que sentirse orgullosos, sino que consiguieron fichar con Universal y demostrar que lo suyo era un salto hacia delante: “el primer disco era más una recopilación de canciones inéditas que estuvimos produciendo Daxman y yo desde cuatro años antes a su realización. En el 93 creé uno de los primeros sellos electrónicos en Francia, Omnisonus. La primera grabación de Dax Riders fue en el 94 y pronto me di cuenta de que mis compañeros de sello no tenían las mismas directrices artísticas que yo. Fue una época conflictiva; después de sacar dos o tres EPs en vinilo en Omnisonus seguimos produciendo canciones de Dax Riders que fuimos guardando hasta que Daxman y yo creamos Subscience (1998), un sello que, en vez de sacar su producción en vinilo, lo hacia en CD. Para ‘Backintown’ nos tomamos tiempo suficiente para su producción. Todo está compuesto y tocado por nosotros. El sentimiento es más sexy y más caliente que en el anterior, las influencias son más funkies que hip hop”. Lo cierto es que las influencias a las que se hace referencia en la hoja promocional que acompaña el lanzamiento abarcan nombres como James Brown, P-Funk, Herbie Hancock, house, electro o chill out: “es que nosotros venimos de una cultura muy urbana. Eso incluye jazz, r'n'b, hip hop, soul, house, funk, electro, deep music… no tenemos mentalidad de ghetto para nada. Lo que nos gusta nos inspira, incluso el dub o el rock”.

Ahora sólo queda desear la mejor de las suertes a este grupo que ya anda preparando su asalto europeo con ese curioso nombre que hace referencia a esas motos de Honda de 70 cc. que tanto furor hicieron en los años 80: “sólo es un nombre para este tipo de música. Daxman y yo conducíamos estas pequeñas motocicletas, por lo que…”

K.B. & K.T.

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