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Lucinda Williams

“Essence”. Lost Highway. Marzo 2002

Personaje curioso donde los haya. Esta mujer sí que no tiene el problema del “síndrome del segundo disco”: saca uno cuando le apetece y, habitualmente, le apetece muy, pero que muy, de cuando en cuando. Hizo su debut en el 79 con un aire bluesie casi millitante y repitió al año siguiente con un mejor resultado. Pero no sería hasta ocho años más tarde cuando, habiendo cambiado el campo por la ciudad y dando a su música un aire más asequible, logró dejar boquiabiertos a todos con un disco homónimo. Más tarde (mucho más tarde) llegarían “Sweet old world” (92) y lo que hasta ahora era su último trabajo, “Car wheels on a Gravel road” (98), disco con el que recogió un Grammy… por segunda vez.

¿Qué tiene esta mujer para haberse ganado el respeto de todo el mundo con apenas cuatro discos conocidos? Pues un talento interpretativo innato, de ésos que cortan el aire. Lo puedes apreciar también en “Essence”, su última obra. En ella apenas sí se acerca a temas tensos, entra con autoridad por la puerta sentimental y se exhibe como una doctora en vivencias. Su voz rasga, pica, hace cosquillas, consigue todo aquello que se propone sin necesidad de tener otra cosa que un micrófono delante. Bien es cierto que “Essence” es una joyita de ésas en las que la producción es de las que casi no se ve pero en la que tiene buen juego, aunque, a decir verdad, da la impresión de que la Williams podría obtener resultados similares grabando delante de una grabadora que comprase en un “todo a cien”.

Al final va a ser un gusto que grabe tan poco. Discos de tal intensidad no son de los que merezcan arrinconarse por muchos otros discos que salgan al mismo tiempo.

E.P.

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