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Aspid
Cuanto menos, sorprendente. Y más que nada porque la gente ya venera los nombres de los grupos hasta niveles poco convincentes. Si tú añoras a los Aspid de “Imágenes de dolor” o “Energía interior” es mejor que les busques en el recopilatorio “X”, del que aún puede que queden algunos ejemplares. Quienes firman ahora como Aspid no tienen nada que ver con aquello. Sí es cierto que ahí se mantienen los Garrigós, pero, por lo demás, éste es un proyecto totalmente nuevo que no tiene nada que ver con el anterior. El hecho no es una opinión: se cae por sí solo si tenemos en cuenta que el último álbum de Aspid se iba hasta el 96 y que, desde entonces, han cambiado de arriba a abajo, tanto de formación como de concepto musical. No puede, por tanto, plantearse “Babel” como una evolución ni nada parecido. El hecho de mantener ese nombre carece de sentido y más práctico habría sido inventarse otro que no confundiera a la gente. Porque, si los Aspid de entonces eran una locomotora que se explotaba contra un túnel en cada tema, éstos se encuadran mucho más en los aires de un heavy contemporáneo que huye de tópicos y regenera el sonido. Aquí hay melodía, la voz está delante y no se aparenta en ningún momento las ganas de dejar sordo al vecindario que tenían sus predecesores. Es más: mirándolo desde fuera, el nuevo cuarteto viene a poner los puntos sobre las íes a tantas y tantas bandas españolas que siguen pensando que el heavy sólo consiste en imitar a alemanes o británicos. Aquí hay una banda dura que nace con vocación metálica pero con las ideas más claras que antaño. E.P.
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