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25º aniversario de Disco Cross Palacio de Vista Alegre. 16 de febrero de 2002
La Bon Scott Band y Primal Frear, único grupo extranjero convocado, eran los encargados de animar el ambiente. Los primeros con su saco de versiones de AC/DC y los segundos con su heavy clásico heredado en nonagésima generación de Judas y los Maiden. Pero la fiesta no comenzó en serio hasta que no tomaron el escenario Tierra Santa, una de las ofertas españolas del género que se va consolidando poco a poco y que ya cuenta con cierto número de seguidores en varios países de Europa. Tierra Santa dio lo que el público quería y, de ese modo, fue entregando sus piezas presentándolas siempre con un grito. Del mismo modo, puso en línea sus dos guitarras dejando que los teclados hicieran una labor más de acomodo dándole al sonido cierta personalidad y relevancia. El grupo tocó la tira y, con bises incluidos, llegó a hacerse un poco largo, máxime si tenemos en cuenta que, en el mes de abril, vuelven a estar programados en Madrid aunque, en esa ocasión, como cabezas de cartel. Terminada la ensalada heavy apareció el unánimemente declarado “rey de Carabanchel”. Rosendo tocaba otra vez en casa y ponía el pistoletazo de salida a lo que será su show y repertorio para las actuaciones de este año. En el set hay abundante material de las últimas hornadas y muchos de sus clásicos de toda la vida han ido a parar al cajón a fin de dar más relevancia a las nuevas piezas. Estas, además de sonar como un cañón, meten al trío directamente en un estilo más contundente que el que en los últimos años les ha caracterizado. Actualmente, la conjunción entre el trío es estupenda y todos parecen estar en un momento dulce en lo referente a su destreza instrumental. Rosendo, Rafa y Mariano han cogido un rumbo muy de agradecer y, afortunadamente, no se conforman con tirar de lo ya escuchado durante años. En el escenario se les observó muy a gusto y, si esto tiene que mejorar (cómo sería lo lógico), el trío puede tener un año verdaderamente estupendo. Entre actuación y actuación, Mariano García ejerció su labor de comunicador y, al tiempo que iba presentando los temas que sonaban (todos verdaderos clásicos), aprovechó para charlar con más músicos y amigos que tampoco quisieron perderse el evento y a quienes no les importó subir al escenario. Todo quedó como se esperaba, con una buena organización, sonido y resultado artístico. Así que pasen otros veinticinco. E.P.
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