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Shuga Wuga + El Chojín + Doble V

Divino Aqualung. 2 de febrero de 2002

Una de las mayores evidencias que muestran el favorable cambio que está sufriendo el hip hop español es que, actualmente, ya se pueden montar eventos de gran calado sin necesidad de tener que ubicarlos dentro de festivales. El género va contando con artistas que, por sí solos, o acompañados de un buen planteamiento promocional, pueden convocar a suficiente público como para hacer rentables organizaciones en salas de gran aforo. La idea de aunar, como en el caso que nos ocupa, a tres artistas que abordan el hip hop desde planteamientos diferentes, permite no sólo ofrecer un espectáculo que difícilmente caería en la monotonía, sino, además, reventar el Aqualung poniendo en la taquilla el cartel de "no hay localidades".

Y en ésas nos vemos, con una sala colmada hasta los topes en la que buena parte de los seguidores del género se dieron cita. Pero no sólo ellos: el cartel daba de sí lo suficiente como para que quienes actualmente quieren acercarse al hip hop pudieran hacerlo midiendo por su propio rasero lo que ofrecen tres de las figuras que ahora más cuentan en el panorama.

En primer lugar, Shuga, artista que se ha empeñado en romper moldes y que, probablemente por ello, aún tiene un tanto difusa su oferta en el escenario. Su material enlatado ofrece aperturas sugerentes y una diversidad muy agradecida, pero, cuando se trata de ponerse delante del público, hay que ofrecerlo con un talante comunicativo y con ciertos recursos escénicos.

Lo mismo podría decirse de El Chojín, quien, con sus rimas de contenido social, podría llegar más directamente habida cuenta de lo bien recibidas que son por el público. En escena, sin embargo, toda su oferta cae en el deseo de hablar deprisa y en un continuo movimiento de manos que llega, incluso, a hacerse agobiante. Menos acertadas quedan sus lecciones de comportamiento, propias para una escenografía más chulesca que tampoco se da. En directo, El Chojín resulta aún muy soso y hasta sus parodias antixenófobas, en las que los tres artistas de escenario representan una especie de detención policial, quedan demasiado huecas ante el potencial que podrían llegar a tener.

Otra cosa, y bien diferente, es la oferta de Doble V. Ya sea por un planteamiento menos integrista del asunto, o por su facilidad para abordar temas de toda naturaleza, lo cierto es que manejan el escenario con una soltura impresionante. Apoyados por un DJ que fue de lo mejor de la noche y con un perfecto complemento entre los tres MCs, su show tuvo al público en volandas durante todo el rato. No venía eso dado solamente porque su material fuera más conocido, sino porque, a la hora de exponerlo, llega más contundentemente, se entiende mejor y juega más con la respuesta de la gente.

Aun con todo, un espectáculo en el que se dan cita tres de los grandes nombres del hip hop de hoy habría de contar, a estas alturas, con algo más visual que ofrecer al público. El hecho se acentúa si valoramos la cantidad de espacio en que, en el Aqualung, apenas sí se ve un mínimo de escenario, prácticamente nada desde muchos lugares cuando hay tal cantidad de personas. Al enfrentarse a audiencias tan numerosas hay que empezar a pensar que tres muñequitos andando por un escenario enorme son poca cosa para mantener viva la atención del público.

E.P.

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