Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Fito y Fitipaldis

Divino Aqualung. 25 de enero de 2002

Probablemente no elegí el mejor día para ver a Fito en su nueva visita a Madrid. El bilbaíno tocó dos noches en el Aqualung y, por lo que me contaron, el día en el que yo estuve ausente estaba previsto que se pasaran por el escenario Rosendo y Robe para acompañar a este pequeño gran hombre en algún tema. Es sabido que este tipo de colaboraciones pocas veces aportan un resultado llamativo, pero, con las mismas, no deja de ser cierto que cositas así colaboran a que una actuación se convierta en única y que tenga un recuerdo sentimental para todos quienes están presentes. En mi caso, por tener mala suerte, la tuve hasta incluso para ver al propio Fito: la sala estaba tan reventada que no conseguí encontrar un sitio desde el que poder verle poco más que su gorra en momentos puntuales.

Por un lado, si te digo la verdad, tampoco era tan importante. La música de Fito y su grupo llegaba con nitidez y un sonido estupendo a cualquier rincón del Aqualung; pero, por otro, es un poco raro estar en un concierto sin la posibilidad de verlo. ¡Qué se le va a hacer! Este curioso personaje ha encontrado en Madrid un público que le adora y que está dispuesto a reventar salas de medio aforo si el bilbaíno se pasa por aquí. Después de eso no cabe ninguna duda de que el creador de “Los sueños locos” podría haber abordado un recinto más grande en su paso por aquí. Si lo hubiera, por supuesto.

Teniendo en cuenta eso, en esta ocasión sólo te puedo contar aquello que me llegó, y que no tiene por qué ser poco dado que Fito es uno de esos personajes que cala con sus canciones. Tiene no solamente la virtud de construir melodías con encanto, sino, además, una facilidad para escribir cosas con las que la gente puede sentirse identificada por la enorme sencillez con que son abordadas. Al mismo tiempo, el repertorio que escoge es variado aun cuando gire siempre en ciertos parámetros cercanos al pop rock: ahora un cierto toque americano, ahora un medio tiempo sentimental, ahora un desparramo para mover los pies… Sí. Completa un cuadro sumamente agradable que consigue que el tiempo se te pase rápido y divertido.

Del mismo modo, cuando se pone tierno, Fito también llega. Sin necesidad de aspavientos o de sobreactuación. Es de quienes se expone a la gente, de quienes se desnuda sin complejos y se muestra tal y como es. Eso es, probablemente, lo que facilita su gran comunicación con el público y lo que le hace ganarse el respeto y el cariño del personal. En principio podría pensarse que eso es únicamente resultado de su personalidad, pero no es así: sus canciones en solitario tienen mucho que ver con ello y se puede comprobar, a primera vista, que el público que arrastra con sus Fitipaldis no es, en muchos casos, el mismo que podría juntar Platero.

El caso es que, en el concierto, sólo eché de menos una mesita y una silla. Dado que el escenario se convirtió muy pronto en algo inalcanzable para mi vista, más habría disfrutado escuchando plácidamente sentado mientras daba cuenta de una copa o fumaba un cigarrillo. Con todo, no importó demasiado: disfruté un montón en un día en el que me venía muy bien disfrutar.

E.P.

Arriba

Indice