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La Cabra Mecánica + King Putreak

La Riviera. 9 de febrero de 2002

Vuelta a casa. Lo cierto es que, después de haber ido a unos cuantos conciertos en Aqualung, uno aprecia la diferencia que hay entre esta sala y La Riviera. Aparte de ser más grande y más cómoda, lo mejor que tiene es que se ve bien desde casi cualquier sitio mientras que, en Aqualung, uno tiene que buscarse posturas de equilibrista para poder echarle una mirada al escenario.

Bueno fue, por tanto, elegir La Riviera para el reventón que resultó la nueva actuación de La Cabra Mecánica en Madrid. El grupo (ya lo parece, al menos) se dio eso que da en llamarse un baño de multitudes gracias al enorme éxito cosechado por su último álbum. Resulta curioso, cuanto menos, ver cómo canciones a las que anteayer el público mayoritario no hacía ni caso hoy son escuchadas con el mismo entusiasmo con el que el público de La Cabra escucha ahora cualquiera de las cosas que se le puedan ocurrir al Lichis. A eso se le llama buena suerte y siempre hay que alegrarse por ello.

El asunto es que ahora, en lugar de tocar de dos en dos o de tres en tres en garitos para cincuenta personas, Lichis y su trouppe tienen que lidiar con masas y, por ello, ofrecer un cierto espectáculo sobre el que presentar sus canciones. En base a ello, aparecen gestos de vestuario, un mayor apoyo musical sobre las tablas y un cambio de actitud en el personaje central que se agradece sobremanera. Lichis ha aprendido rápidamente a manejarse en estos terrenos y, tanto a la hora de elegir repertorio como a la de entablar comunicación, el chico domina el asunto con soltura, gracia y un resultado óptimo. Coloca hasta tres guitarras tras de sí además de contar con sección de vientos y con el canario Arístides Moreno, quien le echa una mano a la hora de interpretar “Felicidad”. Entre todos los componentes del combo le ponen gracia al asunto, aportan viveza y dan buena marcha a ese tren que, actualmente, es la Cabra Mecánica. Desde que empiezan con “Todo a 100” hasta que se ven obligados a repetir material debido a la insistencia del público, Lichis y su gente dan un repasito considerable a La maceta”, “De buena mañana”, “Cantautor”, “Reina de la mantequilla”, ese “Que te follen” que han transformado considerablemente o la famosa “Lista de la compra”, que ha sido la locomotora que ha tirado de todo para que el grupo encuentre un lugar apreciable en el mundo de la popularidad.

Previamente a La Cabra cogían el escenario King Putreak, el trío poético rockero que manejan entre los dos Kikes más famosos de Madrid y Panta, el cerebro musical del asunto que, como Juan Palomo, construye bases programadas y aporta con la guitarra ritmos y solos suficientes como para darle a todo una esencia audible en un contexto melódico. El trío también se reforzó para la ocasión con la presencia de ¿ y Bruno, componentes de The Vientre y de los extintos Huevos Canos, que aderezaron los acompañamientos de un modo sabrosón y contundente.

La propuesta escénica de King Putreak sigue siendo tremenda, pero gana en un escenario en el que la expresión corporal del Babas puede explayarse. Absolutamente demoledores, y con letras que hieren la piel y despiertan el sentido, los KingPu no dejaron indiferente a nadie, algo que supone territorio ganado cuando se han consolidado fuertemente en el circuito de salas pequeñas y cuando están ya liados preparando lo que será su tercer álbum. Gracias a ellos, el concierto ganó ese punto canalla y barrial que los conciertos de La Cabra han perdido debido al enorme crecimiento de su público.

E.P.

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