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Abordando uno de los mitos más grandes de la historia de la música. Marzo 2002 La vida en la carretera
por Kike Babas y Kike Turrón con ilustración de Mart La piel de toro es pequeña “Vivo en la carretera, el blues del autobús”... que cantaba Miguel Ríos años ha. Una suerte de alegato romántico a la vida sobre cuatro ruedas, al desarraigo de ir de ciudad en ciudad sabiendo que has dejado tus seres más queridos y tu cotidiano más inmediato a muchos kilómetros... Pero, ¿no exageraba un pelín? Si el señor Ríos hacía referencia a lo que es salir de gira por este país las cifras se vuelven en su contra. Veamos: las dos capitales más alejadas de la península son A Coruña y Almería, esto es, apenas 1.172 kilómetros. De ahí para abajo todo. O sea, que malamente puede desaparecer uno como si esto fuera el vasto territorio americano y a la vuelta de unos pocos bolos pretender que todo haya cambiado. Parafraseando al músico y poeta Dave Alvin, “llegando a Los Angeles/ a la vuelta de una gira de cuatro meses/ veo que han construido un mercado de restos de stock (...)/ urbanizaciones y edificios de apartamentos (...)/ haciéndome sentir un puto viejo”. Muy difícil sería tener esa sensación aquí dado que, debido a las cortas distancias, cada muy pocos días vuelves a tener la oportunidad de pasar de nuevo por tu ciudad y se deja poco tiempo al crecimiento de cualquier tipo sin que lo vayas viendo paso a paso. “Dentro de España no se da eso de despedirse de la mujer hasta dentro de tres meses. Sólo ocurre cuando uno se va a Sudamérica porque no tiene más narices. Incluso en las grandes giras en Sudamérica a veces se ofrece a los artistas la oportunidad de pagarle el viaje a la mujer porque se llegan a agobiar muchísimo. ¡Tanto tiempo fuera de casa! Eso que se decía antiguamente de salir de gira... No: siempre se regresa. Vamos, que hacer diez bolos en un mes ya es mucho. A veces se empalman dos o tres días de una ciudad a otra y luego se vuelve. Generalmente se trabaja mucho los fines de semana porque entre semana hay mucho menos. Lo normal es bolo en viernes y sábado y luego volver”. Quien así nos habla es Quiño, un veterano conductor de furgoneta que ha trabajado con casi todo el mundo en este país: “empecé a lo tonto, como se empieza todo. Me libre de la mili y no me había matriculado en nada ni tenía nada que hacer, así que me compré una furgoneta. Empecé con los Ñu, con los Coz, con gente de ésa, y luego me tiré muchos años con Rosendo y con Ketama dale que te pego. Me la compré para repartir chorizos y al final... fue lo que hice”. Tras esta pequeña explicación de cómo se metió en el mundo del show bussiness, Quiño reincide en ese carácter que tienen las giras estatales en las que, aunque el tour sea muy largo, no pasa una semana sin dormir en la cama propia. “Más de una noche... Depende del artista que sea. Con los Secretos, este verano, hacíamos tres y cuatro bolos seguidos y volvíamos, aunque la mayoría de las veces es ir y volver, por cuestión de contratación más que nada. También están las posibilidades físicas de los que van. Por ejemplo, Sabina, después del bolo, ya no se acuesta hasta el día siguiente y claro, no puede tocar, o más bien no quiere. Así no puede cantar dos días seguidos, porque le falla la voz, de modo que muchas veces hay que volver para darle un tiempo. Miguel Ríos, sin embargo, sí que canta tranquilamente dos o tres días seguidos”. Lo excepcional dentro de España es, precisamente, irte de gira y no volver. Y ya no es sólo una cuestión geográfica: el presupuesto también influye. “Yo “--retoma Quiño--” hice una de casi no volver con Jarabe de Palo, pero es porque eran de Barcelona, con lo cual, si les tocaba bolo en Andalucía, era un rollo volver. Generalmente, los grupos de Madrid siempre vuelven; los de otros lado sí pueden intentan empalmar. Manolo García hizo el año pasado una gira de no volver, pero si quieres alquilar un autobús de esos guapos te cobran por día, hagas bolo o no lo hagas. Desde el día que empieza la gira hasta que acaba todos cobran. Yo, por ejemplo, no puedo hacerlo, pero los autobuses sí”. El que va a intervenir ahora, casi por alusiones, es Miguel, un afamado técnico de sonido que sí compartió meses en ese "no return tour" del ex-miembro de El Ultimo de la Fila: “la de Manolo García puede llegar a ser de continuo de hasta catorce meses. Si va saliendo bien... no paras. En esos meses apenas pasas por casa para pegarte una ducha y cambiarte de ropa. Igual empiezas en junio y ya hay cien conciertos firmados y reservados otros cincuenta. Si empiezas la gira con el disco recién publicado y éste tiene aceptación te van llamando. Tú sigues ahí hasta que se acabe; al técnico le piden exclusividad. Posiblemente la de Manolo es la gira de referencia, la que más gusta a los técnicos. Está todo claro de antemano y se te cuida. La más asquerosa es la de Alejandro Sanz: te puedes ir muchos meses a América, pero sabes que vas a pasar malos ratos. Para eso no vas. Además, América es palmar en cuanto a equipo: quizás te cabe para ir a México, pero en el avión de Venezuela ya no te cabe no-sé-qué caja... Yo lo evito. Además no te da tiempo a conocer nada”. Cierto es que, yendo a toda prisa de lado a lado, poco o nulo es el tiempo que queda para hacer turismo, y así nos lo atestigua Viry, otro experimentado conductor con Fermín Muguruza: “llevábamos un ritmo de dieciocho bolos en veinte días. Hicimos Francia, Alemania, Suiza, Inglaterra... Es lo más que he hecho, esa gira de Dub Manifest. Fueron tres meses y sólo volví una vez a casa. La gira estatal nos la hicimos en apenas un par de semanas...” Definitivamente, se puede concluir que la piel de toro es tan pequeña que, con los fines de semana, es suficiente. “Yo las llamo giras de invierno “--nos explica Miguel--”, como las de Enemigos y Porretas. Suelen ser de fin de semana, de seis a ocho bolos, aunque luego siempre hay un pueblo que tiene un patrón que celebra sus fiestas el día que menos te lo esperas”. Olores de pies Pequeñas o no, si las comparamos con un periplo europeo o americano, las giras estatales siguen suponiendo muchas horas de carretera, abundantes y variadas vivencias y momentos compartidos. Mucho tiempo bajo un mismo techo, o encima de las mismas ruedas, así que, de entrada, un cierto orden y las más elementales normas de convivencia se hacen muy necesarias. No se olvide nunca que todos están en el mismo barco. “La relación entre todos depende un poco del montaje que sea. Si vas con uno muy tocho el equipo de sonido va en un camión y los técnicos en un autobús con camas o en autocaravana. En ésos, básicamente, no ves a la banda, te acuestas en Cádiz y te despiertas en Madrid, curras de 9 a 13:30, comes algo y, a las 15:00, a afinar instrumentos. En una gira potente los itinerarios van muy controlados: sales por la noche, te sientas en el autocar, te relajas con los compañeros, te vas a dormir a la cama, al día siguiente te vas despertando, el tour manager o encargado de la gira sube al autocar y levanta a los de carga y descarga primero, luego a los técnicos de luces y después va avisando a los de sonido, que pueden dormir dos horas más hasta que el escenario quede libre. Si la gira es con catering eso es lo primero en funcionar: un camión lleva cocinas, pucheros, cocineros, mesas, neveras... Ellos se encargan de preparar el desayuno para los técnicos, para lo que se habilita una habitación en el recinto en el que se vaya a realizar el concierto. En este tipo de giras ves poco al artista, principalmente en la prueba de sonido, sobre todo si en el grupo son todos iguales, en plan Revólver o Barricada. Si se trata de un solista famoso éste va con su banda contratada y, al ser esos músicos currantes, pues los ves más. El artista en sí tiene su especie de pacto con el diablo y ha de hacer televisiones, entrevistas, ruedas de prensa... Así se pasan todo el día y por eso les ves menos”. Así nos explica Miguel las obvias diferencias de convivencia que hay entre las giras de los artistas más potentes y las más modestas: “en los grandes despliegues todo el equipo técnico funciona y convive por un lado y los artistas y su séquito más allegado por otro”. Quiño coincide en este punto: “en las grandes giras, donde se vive bien es al lado del músico. En esta profesión los músicos son los mejor parados. Los técnicos... ¡pobres! Van ahí, en autocaravanas, viajando toda la noche, no tienen hotel... Normalmente es salir de noche para estar todo un santo día en un sitio y volver a viajar otra vez de noche. Los músicos sí son de élite: es llegar lo más justito a la prueba para terminar de probar, cenar... y ya estás libre hasta el día siguiente, no muy temprano, que ya sales otra vez. Cambia mucho”.
Hay un caso especial de convivencia en giras y es cuando se trata de un grupo guiri recorriendo nuestro país. “El grupo, si puede permitírselo, trae su propio equipo técnico, y éste tiene que apañarse (humanamente hablando) con lo que hay por aquí. Generalmente te llevas bien; siempre hay algún asqueroso, aunque habría que comprender que no se puede juzgar a la gente por un día. Son personas que, a lo mejor, tienen un crío de once meses y pueden llevar seis sin verle, están viajando por todo el mundo, agotados porque trabajan mucho, y un día malo lo pueden tener. Sobre todo, es muy importante no engañarles, respetar el contrato, porque hay veces que realmente lo tienen fácil para suspender. Fíjate lo que pasó con Suede en el Festimad”. Esto nos lo cuenta nuevamente Miguel, un tipo que tiene a sus espaldas el currículum de haber trabajado con artistas internacionales de la talla de B.B.King, REM, Oasis o Molotov. Otro que también trabaja con extranjeros, aunque de más modesto pelaje, es Viry, que trata como puede de superar la barrera idiomática. “Yo de inglés no controlo nada. Suele venir un road manager que controla castellano e inglés. Prefiero a los americanos que a los ingleses, que son más fríos. Ahora he estado con un tipo guiri que es pianista de jazz. Lleva un grupo muy formal: flauta, armónica... otro rollo. Hay dos de ellos que no paran de fumar porros: molan. Hay bandas con los que estas deseando llegar, gente con la que no te tomarías una cerveza ni de coña. Es muy distinto a ir con Fermín Muguruza o Sex Museum, que son gente con la que tienes trato y cierta amistad. Pero ya sabes que, con grupos de aquí, el tema de bolos es los fines de semana. Lo suyo es pillar giras de guiris: es lo mejor. Los guiris grandes ya van con autocares con camas y ducha: la autocaravana cada vez se utiliza menos. Es demasiado lenta, aunque hay gusto para todo”. Ni el cuánto ni el cómo Como final a este repaso de las giras estatales nos encontramos con otra clarividente conclusión y es que los músicos de este país, cuando salen de gira por esos caminos de Dios a presentar sus respectivos discos, nunca tienen a ciencia cierta la seguridad de cuántos conciertos van a dar y, en consecuencia en dónde. Comienza explicándose el veterano Julián Hernández, a la sazón voz y guitarrista de Siniestro Total: “es que en este país no se puede hacer una gira cerrada ni lógica ni coherentemente. Tal vez los artistas que vayan con Movistar o los de Mega-pasta, o tal vez un Alejandro Sanz, pero lo que es cerrar un gira es muy difícil, prácticamente imposible”, algo con lo que parece estar bastante de acuerdo Fernando Madina, bajista y voceras en Reincidentes: “efectivamente, cerrar una gira es muy difícil. Para empezar tienes que tener mnagers competentes al margen de cierta solvencia en lo que se refiere a ventas y, por supuesto, a público; tienes que asegurar la plaza. Aun así sólo se cierran unas pocas y el resto a lo que salga. Además hay que contar con que luego, siempre, alguna tocata se cae”. En la misma tesitura se encuentran La Polla, tal y como cuenta el propio Evaristo: “La Polla nunca hemos cerrado una gira: siempre vamos a lo que va saliendo. Ahora, este invierno, pararemos y empezaremos en verano, que es cuando hay festivales”. Lo cierto es que Evaristo ha introducido un matiz importante en el debate: la diferencia entre los meses fríos y los calurosos. En Reincidentes lo ven así: “nosotros distinguimos, y a lo que llamamos giras como tal es a lo que hacemos en invierno, las salas. Luego, a los meses estivales le llamamos hacer el verano y en esos meses te van llamando: es el turno de los festivales y de las fiestas patronales. Te llaman por demanda o porque tu management haya mandado muchos e-mails durante unos años diciendo tus condiciones”. Julián Hernández, en este sentido, da una opinión nada alentadora: “lo suyo sería que nosotros, siendo una banda de rock, pudiésemos cerrar un circuito de salas de rock, pero aquí es que, en este sentido, nunca hemos hecho una gira decente en cuanto a contratación y organización se refiere. Por tocar tocamos en una punta de lanza. Antes los Ayuntamientos no estaban mal. En los años 80 eran socialistas y, por hacerse los modernos, igual te llevaban a Gabinete Caligari o a La Frontera, pero ahora han cambiado mucho: prefieren a los de Operación Triunfo o a la Melody. Como mucho hay un día para los jóvenes y a lo mejor te meten a Rosendo, que ya me dirás tú a estas alturas para qué jóvenes será...”. Vista la falta de seguridad que plantean para sus giras los grupos de, digamos, a pie (el famoso mito de la farándula), nos terminamos preguntando cuánto tiempo se puede aguantar en estas condiciones, qué necesidad hay de un respiro de tus propios compañeros de ruta, cuántos fines y fines de semana sin horizonte fijo y con las mismas personas... Erre, que erre, kilómetro a kilómetro, de ciudad en ciudad. Julián se muestra tajante y partidario del lapidario "the show must go on": “en Siniestro Total no tenemos ese planteamiento de parar. Si hay curro hay curro y, si a alguno le da un yu-yu, pues a su yu-yu. Estamos aquí para tocar: hay que trabajar”. Parece, pues, que las jornadas de descanso de estos "men at work" son poco menos que irrisorias: “Hombre. Reincidentes, cuando estamos tocando, igual nos damos pequeños descansos de una semana o semana y media, pero no porque nos cansemos de nosotros, si no porque hay familias, novias... De hecho, solemos quedar entre nosotros con las familias para hacer comidas y tal. Este año hemos hecho un pequeño parón de no tocar en diez meses en España porque llevábamos casi tres años sin parar. Vamos a estar diez meses inactivos aquí: aprovecharemos para tocar en Sudamérica”. Capítulo
2: Los olvidados
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