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Los Porretas bordan un álbum estupendo sin necesidad de renunciar a su estilo. Marzo 2002

El orgullo de Hortaleza

Es un hecho. Si Hortaleza se conoce más allá de Madrid es porque tiene dos representantes que llevan su origen con orgullo. Uno es Luis Aragonés, el entrenador del Atlético de Madrid. El otro, este combo de cuatro artistas de la cerveza que han sabido proporcionarle al barrio un sonido particular. “Hortaleza” es también el título de su último disco, un compendio de quince temas en los que los Porretas alcanzan lo que es, hasta ahora, su mejor producción.

Mientras espero en el hall de la Universal, todavía tengo grabada en la cabeza la melodía de “Y aún arde Madrid”, una de las canciones que integran el último trabajo del cuarteto. El tema es un homenaje a Burning surgido delante de la tienda de instrumentos ArdeMadrid, de la que procede el título. Lo escribió Rober en uno de esos momentos en los que, aunque no lo parezca, se vuelve tierno, y se lo presentó a sus compañeros en el día de su cumpleaños asemejándose a un cantautor de los de guitarra de palo. La pieza tiene madera de himno, como esas canciones que reflejan un momento mágico que termina concentrándose en una melodía y una letra sencilla capaces de llegar directamente a la piel. Puede que no sea la mejor canción de “Hortaleza”, pero, a la primera escucha, cuenta con ese imán que atrapa tu cabeza y que consigue que andes con ella hasta la hora de meterte en la cama.

Compensando las virtudes que se le suponen a Rober para poder escribir canciones como ésa, tiene también sus defectos, y uno de ellos es el de presentarse a las cinco de la tarde cuando has quedado con él a las cuatro. Afortunadamente, sus otros tres compañeros de banda (Pajarillo, el Bode y Luis) parecen estar un poco más pendientes de la hora, aunque sólo sea porque, antes de bajarnos a charlar al bar, tienen que ver y chequear todo el grafismo que acompañará a sus nuevas canciones cuando éstas salgan a la calle.

Metidos en un pequeño despacho con el jefe de producto que se encarga de sus grabaciones, van sacando pegas y virtudes a la portada, al libreto interior del CD y a la galleta que quedará impresa en el disco. Se afanan porque aparezcan en condiciones los nombres de sus colaboradores y aportan ideas que puedan mejorar la imagen que va a identificar a “Hortaleza” durante su actividad más próxima.

Se encuentran molestos al escuchar que los Eagles no han dado, por medio de sus representantes, el permiso necesario para incluir una especie de sampler guitarrero del “Hotel California” como solo para “Y aún arde Madrid” y quedan para arreglar la pieza al día siguiente en el estudio. Cuando uno les contempla puede ver la diferencia con la que aborda un nuevo disco un grupo como Porretas y otra formación que, con la mitad de su carrera, puede llegar a mostrarse el doble de estúpida dando más importancia a lo pejiguero que a lo realmente importante.

Y es que para los Porretas lo importante se encuadra solamente en un triángulo sin lados en el que cada vértice es ocupado por sus canciones, sus amigos y… la cerveza. Sonríen cuando uno les pregunta sobre ello, y argumentan que, probablemente, toda su fama en ese aspecto proviene del hecho de que Jose (el  Bode) tenga una bodega que simultanea como profesión con su participación en la banda. Viendo los tres tercios que están delante de ellos uno no se para a analizar si eso es verdad o no; simplemente sonríe recordando que el logo que dio a conocer a la banda era una graciosa copia de la imagen de Mahou que todavía es utilizada para identificarlos. Los demás ríen con ganas cuando Jose cuenta los comentarios que hacía al representante de la firma de cervezas cada vez que aparecía por su local. “A ver si consigues que nos patrocinen algo”, le decía cada vez que realizaba un encargo; pero, por lo que se ve, ni Mahou ni nadie ve todavía el potencial publicitario que tienen los grupos de rock.

“Hortaleza” es el octavo trabajo de Porretas (el noveno si contamos un miniLP grabado en directo titulado “Cortos” durante un miniconcierto en las instalaciones de Radio 3). El inicio de su discografía se va hasta el principio de los noventa, cuando, amparados en la producción y padrinazgo de Mariano García, dieron a luz su primer álbum, “Que se vayan a hacer puñetas”. Ya entonces se apreciaba que este singular cuarteto tenía madera de escenario. Con unos medios muy justitos, y aún con la nebulosa del debut en su cabeza, desparramaron allí una serie de trallazos en los que la diversión era el imperativo legal. No es que Porretas dejen de lado ese aspecto reivindicativo que tanto influye dentro del rock de Madrid, sino que ellos, lejos de quedarse en lo obvio, giran su mensaje hacia una postura humorística y positiva.  “Somos un grupo apolítico “--dicen--”, pero eso no quiere decir que no escribamos sobre lo que vemos. Lo que ocurre es que ofrecemos el mensaje con cierto tono de cachondeo, buscando en lo que pasa un punto de optimismo. No nos parece que eso sea malo y, en el fondo, tiene que haber música para todos. Hay gente a la que le gusta estar siempre llorando, pero nosotros nos quedamos con la idea de que las canciones son para disfrutar, no para deprimirse”.

Después de aquél llegaría “Si nos dejáis”, álbum que cerró su etapa con la discográfica Barrabás y que les dio entrada en una empresa multinacional que empezaba a ver interesantes sus resultados. “Ultima generación”, su disco del 93, fue su debut en RCA y dio comienzo a una aventura que no resultó todo lo positiva que a ellos les hubiera gustado. “En aquel momento el hecho nos parecía la leche, pero no tuvimos suerte “--recuerdan—”. Echaron a todo el equipo que se encargaba de nosotros y lo sustituyeron por gente que no se creía nuestra historia. Incluso con el disco ya hecho se retiró el presupuesto de promoción abandonándolo por completo”. Hablan de “No tenemos solución”, último disco de aquella etapa y uno de los más ilusionantes por cuanto supuso el tener como productor a Rosendo, icono de los clásicos dentro del universo Porretas hasta el punto que los de Hortaleza no dudaran en participar en el homenaje que se le hizo al guitarrista con el disco “Agradecido”. En aquel proyecto, algunas de las bandas más representativas del rock español reinventaban algún tema del carabanchelero y Porretas, como no podía ser menos, eligió versionear el “Borrachuzos”.

Tal vez por detalles como ése al cuarteto se le consagró la representación de lo que algunos llamaron rock cervecero, o rock de bar. Cuando se lo comento aparecen encima de la mesa muchos más apelativos que, como cualquier otra etiqueta, siempre resultan el sambenito discordante que los músicos nunca aprueban. Rock calimochero, rock de bodega… “A nosotros nos gusta más eso de rocanrol. Sin k ni paridas de ésas. Tal y como lo decimos”, apuntan. “Rocanrol” se llamó, precisamente, su disco del 98, aquél que tenía que hacer frente a lo que ellos consideran su consolidación y que fue, sin duda alguna, su punto más alto a nivel de ventas, “Baladas para un sordo”, el álbum que publicaron un año antes. Ambos discos se editaron bajo el amparo de Edel, compañía que, en un momento dado de su existencia, apostó por el rock madrileño con unos parámetros comerciales que no terminaron de convencer a sus grupos. “Nuestra relación con ellos fue buena. Lo único negativo era el precio de los discos. Cuando vi que el ‘Baladas’ estaba en un Pryca a casi tres mil pelas no se me ocurría otra cosa que esconder la cabeza por si alguien me reconocía”, recuerda Jose. Para Porretas, al igual que les sucediera a Caskärrabias o Desastre, el respeto de su público llega gracias a una sensación de naturalidad que choca necesariamente con intentos comerciales como éste. Saliendo del barrio y con gustos tan normales como los botellines, cuesta trabajo asumir que un disco hecho por ti pueda tener un precio que es difícil de pagar incluso cuando tú mismo compras los de otro artista.

“Clásicos”, un surtido guitarrero y variado surgido de versionear a músicos a quienes admiran, fue el punto final de su historia con Edel. Tras él llegó un parón o, mejor dicho, una parada de descanso que tampoco duró mucho. Convencidos de que no tendrían ningún problema a la hora de encontrar una nueva discográfica, ellos mismos decidieron asumir la producción de su nuevo disco a fin de grabar el material que ya estaba compuesto. Se encerraron en Red Led con Angel Martos y, así, con alguna puntual ayuda de Ernesto, de Salida Nula, se fue dando forma a las canciones de lo que terminaría siendo “Hortaleza”. “Tiene un sonido más elaborado del que nunca habíamos alcanzado, y eso ha sido fruto de un mayor trabajo y tiempo empleado. El descanso nos vino bien porque llevábamos un ritmo que no nos favorecía a la hora de abordar otras cosas. Esto nos ha permitido trabajar con tranquilidad. Lo bien hecho bien parece”, comentan. El disco saldrá finalmente con Polydor dentro de la nueva estrategia de este sello de Universal. De momento, no es Porretas el único grupo rockero a potencia, ya que, a tenor de lo visto, los responsables del nuevo proyecto piensan incluir entre sus artistas a más grupos de talante guitarrero que engrandezcan lo ya conseguido por los Suaves, la única banda de rock que hasta el momento estaba en su nómina de artistas y que pronto tendrá también disco nuevo en la calle.

“Hortaleza” puede tomarse como el inicio de una nueva etapa de la banda, aunque ellos, por su parte, no son tan incisivos en este aspecto: “Somos de los que han ido poquito a poco y, como todo nos ha venido tan lentamente, nunca hemos sufrido ningún subidón en la cabeza. Ni ahora ni nunca nos hemos planteado lo que hemos hecho o lo que queda por hacer; simplemente tiras. Si empiezas a fijarte en lo que has conseguido giras la cabeza y miras a gente como Rosendo o La Polla. Entonces te das cuenta de que lo mejor es seguir con lo tuyo, ir a tu ritmo y no pensar en lo que has alcanzado o lo que puedes alcanzar”.

La simplicidad de criterio es, a veces, una enorme virtud y, en este caso, la frase gana sentido. Hay músicos a los que les agrada ir juntando en álbumes de fotos recortes de prensa que hablan de ellos y no dudan en presumir de lo hecho pensando que no está al alcance de muchos. El cuarteto cervecero, sin embargo, adora de entre todas sus vivencias el haberse encontrado con gente con la que no habría tropezado si no fuera por su trabajo en el mundo de la música y, sobre todo, el vivir decentemente haciendo aquello que más les gusta. Les resbalan bastante los comentarios sobre el estado actual del rock (“cuando firmamos discos o tocamos en directo vemos a un montón de chavales jóvenes, así que eso de que el rock es ya para mayores…”) y discuten acaloradamente sobre el hecho de que los medios de comunicación no apoyen a bandas nuevas, aunque, por lo demás, viven el mundo de la música con una distancia más que considerable: “Escuchamos la radio, lo de ‘Operación Triunfo’… lo que va saliendo. Lo nuestro ya es como lo de los carpinteros, que no se ponen a hacer mesas cuando llegan a casa. Si estás todo el día ensayando en el local, lo que menos te apetece es ponerte un disco entero cuando te sientas en el sofá. Ahora, con lo de los canales digitales, vemos más televisión porque, curiosamente, ahí te encuentras a multitud de grupos a los que la radio no les hace ni caso”.

Con todo, sí son conscientes de que, al igual que ellos se fijaban en grupos como La Polla o Barricada cuando empezaban, hay numerosos grupos del circuito que encuentra su sonido y su estilo como punto de referencia. “Lo curioso “--dicen--” es que ellos lo hacen hasta mejor que nosotros. Hay grupos que nos versionean que ni desafinan ni se olvidan de las letras. Es lógico que, cuando llevas mucho tiempo tocando, te encuentres con que hay otros chicos que empiezan en esto conociéndote”.

Aún sin publicar “Hortaleza” ya tienen claro que quieren grabar su próximo disco en directo. “Ya tenemos historia para eso”, argumentan, y esa historia pasa, lógicamente, por canciones que van quedándose en la memoria de su público. En su nuevo disco hay más de una y más de dos que, probablemente, pasarán a su repertorio habitual habida cuenta de que el resultado del álbum ha terminado siendo de lo más satisfactorio. En este caso se ha impuesto la lógica de una mejora progresiva y, siguiendo la tónica, lo aprendido con el paso del tiempo termina reflejándose en mejores producciones y en trabajos más acabados. “Siempre hemos tratado de sonar igual en disco que en los directos que hacemos, pero no lo conseguimos. En el escenario te sale el nervio, esa vena hinchada que nunca aparece después de tocar treinta y ocho veces lo mismo para pulir la grabación. Sí es verdad que en el disco suena más bonito, pero tiene menos feeling que un directo”.

En ningún momento de su carrera se han planteado dar un giro importante a sus maneras. “Esto es lo que sabemos hacer “--afirman--” y no nos imaginamos haciendo ninguna otra cosa. El rocanrol es lo que nos gusta y, aunque en alguna ocasión hagamos un reggae o una ranchera, no dejamos de darle nuestro toque y llevárnoslo todo a nuestro terreno”.

Con una serie de actuaciones que comienzan el 1 de marzo, los Porretas ya están preparados para presentar su nuevo material a quienes gusten de la distensión y del rock más eficiente. Ni se consideran unos clásicos ni tienen más ambición que la de mejorar cada día según sus aptitudes se lo permitan. Son, en el fondo, gente de barrio que disfruta guitarreando y que adora lo que, musicalmente, les ha dado su ciudad mientras consumían botellines y miraban a las chicas.

No es extraño que hayan llamado a su disco “Hortaleza”. De algún modo, la palabra no identifica solamente a un barrio: es una seña de identidad en un grupo como Porretas.

E.P.

Porretas. “Hortaleza”. Polydor

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