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Juan Perro
¿Cómo? ¿Que Auserón se ha liado con el jazz? Tengo que admitirlo: me cuesta. Le doy vueltas al precioso estuche (un packaging de verdadero lujo) que envuelve este “Canciones de vela” sin dejar de jugar con el mando a distancia. Y paso del bolerito “No más lágrimas” hasta la estilizada guitarra de “Luz del barrio” tratando de recomponerme. No es que el álbum sea decepcionante; es que descoloca, sobre todo cuando su “Mr. Hambre” le había acercado, de un modo sutil y cuidado, a sus orígenes “radiofuturescos”. Ahora, dos años más tarde, todo se relaja hasta límites insospechados (para mí, claro), se busca el ambiente de club y se coge un cariño inusitado al órgano Hammond y a la guitarra limpia. Por momentos aparecen guiños latinos más propios de los dos primeros discos de Santiago como Juan Perro o se sienten melodías de pop que juguetean encima de los instrumentos, pero, aun con eso, lo que más me viene a la cabeza es una nueva faceta en la personalidad del Perro: la de crooner elegante. Y pienso que no es tontería: el packaging del que hablaba antes, la selección de medios realizada para promocionar el álbum, el transformismo constante que este personaje puso en marcha cuando abandonó su faceta de rock star… “Sólo el vino” es una canción melódica de lo más tradicional, “No me conoces” pop con una austera guitarra santanera colocada en clave de jazz, “Agujero en la red” se imagina interpretada sobre un taburete y con Juan haciendo pitos con la mano mientras el órgano y la guitarra dibujan toda la melodía… Si hasta aparece una trompeta en “La misteriosa” que recuerda algunos solos de Clifford Brown. Desde luego que el disco descoloca. No llega a emocionar a la primera porque el personaje arrastra más que la música. Con varias escuchas termina entrando, pero… ¿se le pueden dar tantas escuchas habiendo como hay crooners de primera? E.P.
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