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Block de notas
por DIEGO A. MANRIQUE
Junio de 2002

(N. de R.) Diego quería llamarlo “Desde la trinchera”, pero le convencimos de que ya hay suficiente terminología bélica en los medios y su sección se bautiza como “Bloc de notas”. A partir de éste número, nuestro colaborador compartirá con los lectores de Todas las NOVEDADES algunas de las vivencias y reflexiones surgidas en su trabajo de periodista musical. Se ha comprometido a cumplir todos los meses con esta cita, pero, conociéndole como le conocemos, nos lo creeremos cuando lo veamos.

Policías y raperos

Uno de los pluses del periodismo musical solía ser la posibilidad de viajar, por cuenta de la discográfica o (más raramente) de tu medio. Una buena costumbre que se va perdiendo: si te llevan ahora a Londres te obligan a madrugar, debes realizar la entrevista a la hora de comer y volverte corriendo, todo sea por no pagar una habitación de hotel. Odioso para los que tenemos querencia a las espléndidas tiendas de discos y las librerías londinenses.

Además, se acabaron los “junkets”, los generosos viajes a lugares insólitos, típicos de los días del despilfarro. Caso famoso: en 1978 Queen invitaba a una babilónica presentación en Nueva Orleáns, con la excusa de que sacaba un LP llamado “Jazz” (¿lo pillas?). Olvídalo: las multis ya no pagan bacanales y tengo el ejemplo actual de la misma compañía de Queen. Me factura a Toulouse para entrevistar a Orishas, que acuden aquí a mezclar sus discos. Nada de recorrer La Habana con Orishas, un gran reportaje que no procede.

Por la abundancia de universitarios, dicen que Toulouse es la Salamanca francesa (o viceversa) y no me muestra su mejor cara: están de obras en muchas calles principales y ni en el aeropuerto encuentro un quiosco abierto para comprar revistas (otro vicio, lo siento). Residen bastantes estudiantes españoles en Toulouse, aunque ser español conlleva ciertos inconvenientes, como me cuentan: “en el suroeste de Francia se esconden muchos etarras y los gendarmes te controlan regularmente si tienes un coche con matrícula española o viajas mucho a España”. Además, la ciudad todavía siente los efectos de aquella explosión de una planta química que dejó veintinueve muertos, tres mil heridos y veinte mil casas damnificadas. El Alcalde habló de “terrible accidente”, pero el Ministro de Medio Ambiente aseguró que fue un atentado del terrorismo islámico --fue poco después del 11 de septiembre-- y eso ha tensado aún más las ambiguas relaciones entre la comunidad norteafricana y sus convecinos. Sin embargo, Orishas no han notado muchos cambios en la Toulouse de 2002: “aquí nunca ves tantos uniformes como en La Habana, donde un policía está apostado en cada esquina… ¡y cincuenta si montas un concierto de rap!”.

Cuba duele, coño

Sí que sienta raro estar en Toulouse y terminar compartiendo aventuras cubanas. Lo siento, Esteban: es irresistible tentación para cualquiera que haya nacido o pasado por allí. Las anécdotas de Orishas son más fuertes que las mías: volvían a La Habana a grabar un vídeo del primer CD cuando los funcionarios de inmigración del aeropuerto José Martí decidieron que el visado del sonero Roldán no estaba en regla (el papeleo cubano es laberíntico y más cuando se trata de ciudadanos que viven fuera de la isla). ¡Atención! Roldán aparenta ser el más castrista del grupo, hasta en los asuntos menores: si quiere beber ron y no hay Havana Club jamás acepta Bacardi, empresa que financia el griterío de Miami; se pasa al Jack Daniels o el Chivas Regal. Roldán descubrió lo que significa caer en la red de la burocracia cubana: “estuve encerrado todo el tiempo de la visita, mientras mis compañeros trabajaban y se divertían, como se evidencia en ese vídeo que termina con una mulata bajándose la braga del bikini. ¡Yo, que llevo el nombre de Cuba por todo el mundo, que aporto divisas al país! De no ser por el consuelo de mi madre, que iba todos los días a verme, habría hecho una barbaridad”. Se realizaron gestiones a varios niveles y en varios países, pero fue imposible romper la inercia de la represión institucionalizada: Roldán no pisó las calles habaneras y le devolvieron custodiado al avión de regreso (sus escenas en el vídeo se grabaron después y en Paris). Contra toda evidencia, Roldán sigue creyendo que la arbitrariedad no es una característica intrínseca del régimen: “Fidel no sabe las cosas que ocurren”.

La famosa bronca de Antonio Canales en un aeropuerto estadounidense suena a un chiste en comparación con el cruel tratamiento aplicado a Roldán, pero Orishas han preferido no hacer bandera del incidente. Quieren continuar visitando su país, actuando cuando sea posible, conectando con el ambiente que les nutre espiritualmente. Se lo deben también al pujante rap isleño, ahora mirado con cierto beneplácito por las autoridades. Orishas son el modelo por el que se mide a todo el rap. Ruzzo disfruta tomando el pelo a los españoles y narrando hazañas improbables, pero le creo cuando asegura que “todos los que están allí en la moña del rap tienen nuestro disco, aunque no se haya editado porque lo saca una multinacional. Cuba es el único país donde es legal la piratería: existe una actividad económica tolerada que se llama ‘regrabador de música’ y que te faculta para piratear lo que quieras”.

Una disgresión mental: no puedo dejar de evocar la cara de gato satisfecho de Teddy Bautista, adalid de la antipiratería, cuando se junta con la dirigencia cultural de una isla donde, oficialmente, todo es copiable. Si la pobreza de la inmensa mayoría de los cubanos es una eximente ante las leyes de la propiedad intelectual…

El rap posible en un país imposible

Una recomendación: para los que quieran profundizar en el asunto cubano-rapero, un sello holandés, Papaya, ha grabado un muestrario de grupos bajo el título de “Cuban hip-hop all-stars Vol. 1” (en España lo distribuye Boa). Aunque el disco deba ser valorado tomando en cuenta los condicionantes. De principio, las carencias técnicas. Para los que no lo sepan, el rap al estilo estadounidense es una de las músicas más caras de producción: “Sin hablar del pago de derechos de ‘sampleos’, el rap exige equipos muy costosos que no existen en Cuba. Así que pillábamos maxis de ésos que tienen versiones instrumentales, se hacían ‘backgrounds’ con músicos amigos, se rimaba con percusionistas o con alguien que hacía ritmo con la boca en plan ‘beat box’”. Sin embargo, el rap resultó semilla muy apta para el suelo cubano: “rapear no es tan diferente de lo que se hace en la rumba afrocubana o en el punto guajiro, con sus repentistas que improvisan sobre un fondo musical. Luego, El Tosco metió rap en algún tema de NG La Banda y se empezó a aceptar”. Se salvan las carencias materiales, pero llega la segunda barrera: en Cuba, lo políticamente correcto impide reflejar determinadas realidades o manifestar disidencias. “Sabes que hay temas prohibidos que no debes tocar si quieres funcionar en Cuba. Lo primero que te miran en una emisora son las letras, antes que la fluidez de las voces o la calidad de la producción”.

Orishas pueden criticar --oblicuamente, cuidado-- algunos de los horrores de la sociedad cubana, pero eso no les hace políticamente digeribles para los enemigos de la revolución. En Miami intentaron saludar a uno de los más audaces músicos del exilio cubano, Willy Chirino: “sus hijas son fans de Orishas, pero Willy no se atrevió a reunirse con nosotros, ni siquiera en su casa: de difundirse, le hubieran puesto a parir los gusanos”.

Cubanos del foro

El uso del “poner a parir” revela que habla Yotuel, que vive con su familia en Madrid --los otros están en Milán y París-- y que ya está contaminado por la jerga española. Felizmente, no se ha dejado contagiar por otras aberraciones nuestras: “yo me veo regularmente con Asdrúbal, Nilo Manrique, Dinio y muchos otros que se lo han montado bien en España, pero también sé que hay cubanos que pasan penalidades y que trabajan duro. En la Madre Patria “(se palpa el sarcasmo de Yotuel)” tenemos mala fama: todos somos chulos que viven del cuento. Atento, ‘asere’: me propusieron que, como tengo buena pinta, me ‘empatara’ con una famosa y me dedicara a vender exclusivas por ‘Tómbola’ y las revistas del corazón”. Ni se te ocurra; que no se conecte a Orishas con algo tan lamentable. “Ya, ya. Dinio, por ejemplo, sabe que se espera que parezca un poco tonto y juega con eso. Yo no lo aguantaría: no me importa que Dinio sea un gigoló, pero me molesta que los periodistas le hayan transformado en un ‘mongolo’ cuando ¡no lo es!”. Que quede constancia de ello, insiste.

El circuito madrileño de Yotuel pasa por La Negra Tomasa y las sesiones raperas de Bush, en los bajos del Palacio de la Prensa. Y da la puntilla con un recordatorio de que nuestra burocracia puede ser casi tan cabrona como la cubana: “pero paso más tiempo en la calle Bretón de los Herreros. Cada poco tiempo, allí hago horas de cola para arreglar mis papeles”.

Aquí, esperando a los Rolling

La muy noble “Waiting on a friend” es una de mis canciones preferidas de los Rolling Stones. Y esperar sus giras es un ritual habitual de la gente que tenemos el rock como parte de nuestra dieta musical: sus conciertos sirven de espejos en los que nos miramos y comprobamos que nuestro deterioro es más tolerable si ellos, nuestros campeones, siguen cumpliendo, dando (más o menos) la talla y demostrando que se puede envejecer con cierta dignidad… a pesar de tantas barbaridades y tantas traiciones.

Ya lo habrán leído: en septiembre, Jagger, Richards y compañía comienzan gira por Estados Unidos. Eso sí: me ha extrañado que la agencia EFE informara de la rueda de prensa en Nueva York añadiendo la coletilla de que los Stones no iban a tocar en España. Me parece una afirmación un tanto despistada. Creo todo lo contrario. El actual itinerario de la gira es provisional y nada hay seguro sobre su tramo europeo, a desarrollar en primavera-verano del próximo año. Para nuestros promotores, los Stones son negocio (aunque comparativamente modesto, dados sus leoninos contratos). Que sí; que España está clasificada como un mercado óptimo para sus directos y la reciente “entente cordiale” entre Gay Mercader y Pino Sagliocco evitará una subasta enloquecida por sus servicios. Tranquilidad, pues.

Más me llaman la atención otros detalles. Rompiendo una sana costumbre, esta gira no irá precedida por la edición de un nuevo disco, algo que distinguía a los Rolling Stones de esos grupos-con-historia que viven de la nostalgia. Cara a la legitimidad moral, no sé si es suficiente consuelo lo anunciado: publicarán un recopilatorio con algunas “novedades”. ¿Descartes de anteriores discos? ¿Restos de discos particulares? ¿Versiones hechas por la vía rápida? Veremos.

Compensaciones y promesas

Sencillamente, los compromisos de la carrera en solitario de Mick Jagger han imposibilitado una vuelta al estudio de grabación con margen suficiente para empaquetar todo un disco nuevo. Por cierto, que, aunque Mick echó toda la carne en el asador, llegándose a rebajar a cuenta de la promoción indiscriminada (por todos los demonios, recibir al monigote de “Operación Triunfo”…), a fin de cuentas, su último disco no puede considerarse un superventas. Despachó cerca de un millón de copias, pero la apuesta iba por cifras muy superiores. Incluso, que no nos oiga nadie, se especuló con la posibilidad de que, al igual que Paul McCartney, Jagger se quedara sin contrato tras la reestructuración de EMI: los contables se empeñaban en que no era un artista rentable como solista. Pero aquí entran otras consideraciones: el prestigio, el negocio que representan sus grupos, sendas artes de seducción personal…

Los cínicos susurran que es típico de Mick el resarcirse de una (relativa) decepción con el trampolín de los Stones. Aunque sea verdad, eso parece humano y correcto. Además, destaca el entusiasmo de Mick en su faceta de cantante del grupo. Entrevistado por “Rolling Stone”, promete todo tipo de delicias: la gira combinará estadios, grandes locales cerrados y hasta clubes. Ante la incredulidad del reportero, menciona incluso la posibilidad de conciertos temáticos, es decir, aquéllos en que el repertorio sea, un suponer, canciones que grabaron en los ochenta, clásicas del blues de Chicago o todo “Exile on main street”. Demasiado bueno para ser verdad, pero reconforta que Jagger --¡No; no es Keith!-- también sueñe con unos Stones entregados, superflexibles, juguetones.

¡Brindo por ello!

3 historias que dan ánimo

PRIMERA: Casi levito con el último concierto de Mike Scott y los Waterboys en La Riviera. Por-ten-to-so. Aunque la fortuna comercial se les escape y nunca lleguen a ser la alternativa celta --se les postuló así-- para la muy épica propuesta de U2, se nota que The Waterboys se comportan todavía como un colectivo orgánico. Lo confirman historias como la siguiente: recién aterrizados en Barajas se dirigen hacia la emisora M-80, en la que se han comprometido a tocar unas canciones en formato acústico y en directo. En el trayecto hasta el centro de Madrid, el trío de Scott, el violinista Steve Wickham y el ilustre bajista Ian McNabb cambia la instrumentación de “The fisherman’s blues”; McNabb se aprende allí mismo, en la furgona, la parte de mandolina y, “pour le plaisir”, la canción toma nuevas alas durante la emisión del programa de Julián Ruiz.

SEGUNDA: El viernes 10, Miguel Ríos actúa en la Plaza Mayor madrileña. Coincide con la ceremonia de los Premios de la Música, que se come todo el espacio para el pop en los periódicos, y no leo críticas o comentarios sobre lo que allí aconteció. Unos días después sí que se publica un ataque de Fernando Martínez Vidal, concejal de cultura del Ayuntamiento de Madrid. Argumenta que el cantante “mantuvo una actitud muy poco democrática al arremeter fuera de lugar contra quien ha sido elegido mayoritariamente en las urnas”. Traducción: desde el escenario, Miguel pidió que no se votara a Alvarez del Manzano. Oiga usted: también es democrático ejercer el derecho a la crítica a uno de los peores alcaldes que ha sufrido Madrid. Un señor tan odioso que Ríos se arriesgó a la (segura) lista negra del PP para manifestar su oposición. Es pertinente, queridos míos: frustradas sus fantasías de suceder a Aznar en la presidencia del gobierno, Alvarez del Manzano ya no disimula su voluntad de --a temblar-- volver a presentarse a la alcaldía.

TERCERA: Johnny Cifuentes, actual cabecilla de Burning, se muestra desmesuradamente feliz ante la casualidad de que su reaparición discográfica, “Alerta”, coincida con la buena nueva de la vuelta al directo de sus amados Rolling Stones. Como ocurría en los ochenta con Rosendo, Johnny es un insospechado adalid de la apertura de orejas. Proclama que se alimenta de una dieta musical que incluye inevitablemente a Jerry Lee Lewis y los Stones, pero también a Peter Gabriel o Big Soul. Me pide nombres de grupos rockeramente rompedores, “a lo Primal Scream”, para renovar el arsenal sonoro de su bar, El Cocodrilo, en El Batán. “Sí. Está prácticamente enfrente de donde se ponen las ‘chicas’ de la Casa de Campo. Me gusta que suenen los clásicos en El Cocodrilo, pero me molesta que haya tipos cerradísimos --y no siempre es gante mayor-- que no aceptan a las nuevas bandas, que se escandalizan con un sintetizador, un bucle o una sencilla caja de ritmos.¿Saben en qué año vivimos?”.

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