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Caskärrabias ya tiene en la calle su nuevo álbum en formación de trío. Junio de 2002

Y sólo quedaron tres

Probablemente era lo mejor. Mantener un grupo funcionando cuando alguno de sus elementos no termina de estar convencido es algo que, tarde o temprano, se convierte en una rémora. Caskärrabias ha hecho la travesía del desierto desde que su anterior compañía decidió dar la espalda a sus bandas de rock. Como las desgracias no vienen solas, uno de sus guitarristas se partió un brazo y el otro se decantó por abandonar. Ahora, año y medio después de lanzar su “Radio”, aparece, por fin, el álbum del que, en teoría, aquello era un adelanto.

Al final, ni adelanto ni nada. “Radio” fue considerado por su compañía casi como un compromiso. Habían aceptado lanzar un EP con temas acústicos que apoyaran el lanzamiento de “Una noche cualquiera” (el segundo álbum de Caskärrabias), pero, por lo que parecía, abandonaron el proyecto al poco tiempo. Aun así, todo siguió su curso y la banda entregó el material confiando que, aunque tarde, éste fuera publicado. Aún tuvieron que esperar para que viera la luz, por lo que, en vez de pensar en una continuación de “Una noche cualquiera”, lo plantearon como el adelanto del nuevo álbum que, en breve, deberían empezar a grabar.

Tampoco. La edición se prolongó tanto que la banda rompió su chasis. Un grupo de rock es como un pez: si no nada se muere. Caskärrabias no se murió porque tiene como integrantes a una de las parejas más cabezonas que ha dado el rock madrileño en la última década. Kake Lago y su hermano, JuanPe, decidieron seguir adelante aunque, poco a poco, veían cómo su batería también se les iba por el sumidero. “Lo tenía claro. Cuando me rompí el brazo decidí irme a la compañía cada día hasta que me dijeran algo. Había mañanas enteras en las que sólo hacía esperar y esperar. Lo único que quería era que ese material no se perdiese. Que se editase y nos dieran la carta de libertad” recuerda Kake. Al final lo consiguió: en enero de 2001 apareció “Radio” en las tiendas aun cuando se sabía que nacía condenado. Su condena suponía la libertad de Caskärrabias y la posibilidad de buscar otra compañía que les tratara mejor.

No era mala suerte. Era el sino de una banda nacida al amparo de la confusión. Su primer álbum era, en principio, una maqueta y se publicó casi sin planteamiento comercial. La cuestión es que difícilmente se escuchaba una maqueta tan sumamente buena por ahí, así que pronto encontró una pequeña compañía que se decidió a editarla. Fue BKT, el sello dado de alta por Boikot, el que se utilizó para el asunto. De ese modo Caskärrabias podía presumir de tener su primer disco en la calle: “Vamos a liarla”.

Y lo dicho: el material del (ya) álbum era tan bueno que empezó a circular con facilidad. Llegaron los bolos y el reconocimiento. El grupo estaba convencido de que todo seguiría su curso normal y de que a aquel disco le seguirían otros. Y mejores.

No tardaron en encontrar una compañía más fuerte que les ofreció publicar su segundo álbum. Edel puso en la calle, ilusionada, “Una noche cualquiera”, uno de los discos que conformaban su “armada española” compuesta, de golpe y porrazo, por tres grupos madrileños encuadrados en el rock’n’roll. Edel también tenía otras expectativas y, en un ataque de inspiración, firmó a varias bandas españolas decidida a establecer un catálogo propio que funcionara al margen de sus importaciones internacionales. La idea era buena, pero el trabajo a realizar difícil. Hoy Edel ha perdido a Porretas, Desastre y Caskärrabias y el resto de sus bandas españolas también ha buscado el nido de otras compañías. Amparanoia, su mayor éxito, ha terminado firmando con Hispavox a fin de buscar una proyección más acorde con su trabajo.

Tras romper con Edel, Caskärrabias se encontró en medio del mar y sin gasolina, pero cuando hay ingenio se sale de cualquier cosa. Después de probar por aquí y por allá y de colgar carteles en todos los locales de ensayo de Madrid, JuanPe y Kake se tropezaron con Juanjo Concha. Tenía escrito en la frente que iba a ser su nuevo batería, así que… sólo hubo que leérselo. Conocía a Kake de sus antiguas aventuras con Tobruk; hizo amistad con Felipe, el antiguo batería de Caskärrabias, y hacía un programa de radio (que conserva) por el que el grupo había desfilado.

Eran un trío, disponían de local y a los tres les gustaba el rock. Volvían a navegar.

“Los otros dos son muy heavies, y eso se tiene que notar en algo, aunque, como yo soy el que compongo, también tengo mi peso. Aquí sigue la base del rock’n’roll”, comenta Kake antes de que Juanjo tome la palabra: “Antes controlaba otros estilos, pero lo que nos apetece ahora es meter tralla. La gente dice que el nuevo disco es más contundente y es lógico: tocar en trío obliga a cerrar un poco la música”. Ambos hablan de “Psicotropía”, el nuevo álbum de Caskärrabias que ha visto la luz hace unas pocas semanas después de su fichaje con Avispa. En él hay cambios sustanciales y otros que no son sino una vuelta atrás. Entre los primeros tienes un empaque propio de trío, una producción mucho más cruda y una solidez que la banda había desmadejado en su segunda entrega a la búsqueda de nuevos matices. De la vuelta atrás queda lo acerado del resultado. “El segundo es más intimista “--señala Kake recordando “Una noche cualquiera”--”. Es muy mío, más que los otros dos, en los que me dejo influir más por lo que vivo con la gente. ‘Psicotropía’ es una mezcla de ambos: tiene lo aprendido en el segundo y la sensación de inmediatez del primero”.

“Psicotropía” planteaba, a priori, otro handicap importante. Si no fuera así no sería un álbum de Caskärrabias: “Pedimos un productor a la compañía, pero… no había presupuesto, por lo que tuvimos que producirlo nosotros. Sí contábamos con un par de técnicos que, además de conocer el estudio, nos ayudaron mucho y se ajustaban a las intenciones que les íbamos marcando. No ha quedado mal y, realmente, creo que, de los tres discos que hemos hecho, es el que mejor suena”, añade Kake, quien tuvo que aprender la faceta de productor sobre la marcha. Esas cosas, a qué negarlo, no se aprenden en un curso por correspondencia. El manejo del sonido, el saber plasmar en un disco lo que tienes en la cabeza, el saber distinguir dónde está lo que vale de lo que no… es un trabajo que exige preparación y del que, aunque salgas airoso, resulta difícil presumir: “Cuando estábamos grabando, cada vez que oía una toma una y otra vez terminaba con un enorme dolor de cabeza. Puede que fuera porque no sabía escuchar, no sabía a qué tenía que atender, y quería oírlo todo con la misma nitidez. En las mezclas lo llevé mejor. Al final he aprendido mucho”, añade.

“Psicotropía” es digno de un productor primerizo y de una formación de trío. La virtud es la sencillez, ya que siempre es más fácil sacar adelante lo sencillo que lo exageradamente complicado. Al fin y al cabo, si una canción tiene enjundia, da lo mismo tocarla con una guitarra que con una banda de cornetas y tambores. Las canciones de Caskärrabias no defraudan y el aspecto sónico del resultado queda enmascarado por su letras y su contundencia.

¿Es que no se había dicho? Kake es uno de los mejores escritores que tiene el rock madrileño y, probablemente, si fuera conocido, tendría que dejar Caskärrabias para atender las peticiones de sus previsibles clientes. Admirador de Sabina, sabe manejar perfectamente las palabras para colocar sus letras en lo más urbano de la tradición madrileña. Las calles, su fauna, la noche, el bar, las chicas o la soledad son figuras inevitables en sus textos redondos. Y también están en “Psicotropía”. Esos textos pueden ser vestidos con galas de boda o con harapos de indigente y Caskärrabias no es lo uno ni lo otro, así que las visten de vaqueros y camiseta. Son un grupo de rock’n’roll.

“A la hora de componer tienes en cuenta lo aprendido en los dos discos anteriores. En esta ocasión no podíamos contar con la clase de arreglos que usábamos en ‘Una noche cualquiera’ dado que no los podríamos defender en directo. Buscamos el bien de los temas, que fueran directos y básicos. No teníamos que cargarlos, sino dejarlos en su esencia, como hicimos en ‘Vamos a liarla’. Aquel disco gustó mucho por eso: se hizo entre cuatro colegas y llegaba muchísimo por su sencillez”, recuerdan. Pasando revista a “Psicotropía” uno no puede evitar el hacer alusión a la parte más complicada: mientras fueron cuarteto, Kake ejercía de guitarra rítmica para compaginar su actividad con la propia de vocalista. Ahora, además de con su habitual trabajo, ha de cargar con la parte solista. “Es lo que siempre ocurre: fue irse los otros y que todo el mundo empezara a llamarnos para tocar. Justo cuando no teníamos ni batería ni guitarra. Teníamos un problema por cuanto los temas viejos no estaban pensados como una base en la que un guitarrista hiciera un solo como un arreglo; las dos guitarras eran parte de la canción. Ahora hemos tenido que readaptar esos temas dejando las bases de un modo más contundente y arreglándolos para trío, añadiendo pinceladas que podamos hacer por nosotros mismos. De todos modos, había temas que no podíamos perder, ya que son emblemáticos en nuestra música y la gente quiere oír. Ahí he tenido que ponerme las pilas: los solos de Patón no eran nada fáciles. Creo que, en ese aspecto, mejoramos cada día, pero… claro, no es lo mismo tocar en el local que hacerlo delante de la gente. En los primeros conciertos como trío era incapaz de separarme del micrófono, pendiente de la pedalera, de la letra… de que todo funcionara bien. Ahora ya lo voy controlando”.

“Psicotropía” puede entenderse, desde un cierto punto de vista, como la vuelta a la carretera de Caskärrabias; pero, desde un punto más ácido, no es sino un escalón más dentro de una carrera que representa fielmente lo que sufre una banda de rock’n’roll en un mercado con numerosas limitaciones. “Las compañías buscan gente joven porque piensan que, si tienes cierta edad, te vas a quemar enseguida. Es como una pescadilla que se muerde la cola porque, en el fondo, la realidad es que son las compañías las que queman a los músicos más jóvenes. Si estás en esto a los treinta y tantos es porque te gusta, porque es parte de tu vida”, señala Kake cuando se le pregunta si no se le empieza a pasar el yogur a un grupo que ha tenido que dedicar más tiempo de su historia a discutir con su compañía que a dar a conocer sus canciones delante del público.

Pero la resignación manda: “Cuando había más cultura de rock los medios hacían más caso al rock y la gente compraba más discos de rock. Ahora hay más cultura de karaoke, los medios apoyan al karaoke y se vende más karaoke. Al fin y al cabo, la mayoría de la gente va donde va Vicente. A nosotros, situaciones como ésta nos sirven para crecernos, no para deprimirnos”.

Como todo, el hecho hay que comprobarlo en el escenario. La nueva formación de Caskärrabias presentará su álbum el próximo 20 de junio de el Hebe vallecano. Allí se intentará contar con algunos de los músicos invitados que han participado en “Psicotropía”, si bien, para el caso, dará lo mismo. Eso corresponderá a la parte festiva. La otra, la de ajustar el punto crítico con las nuevas canciones y con la formación de trío, tendrá que llegar nítida y palpable. Tanto el grupo como el disco merecen una mejor oportunidad que la que tuvieron sus predecesores.

E.P.

Caskärrabias. “Psicotropía”. Avispa

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