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En el asunto de los tributos y homenajes sorprende que aparezca un disco dedicado
a una figura del jazz, más que nada porque casi nos habíamos acostumbrado a
que toda esta parafernalia se centrara más en el rock y el blues. En fin: nunca
es tarde si la dicha es buena y este “Bird house” no puede ser malo una vez
que se centra en la obra del enorme Charlie Parker. Capitaneados por Will Lee,
músicos del calibre de los hermanos Brecker, Billy Hart o Lew Soloff se animan
a revisar la obra del mítico saxofonista. (arriba)
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Siguiendo con el jazz (o parte de él) hay que recomendar encarecidamente el
“Collection” de Lenny White. El disco recupera únicamente el material publicado
por el percusionista dentro del sello Hip Bop, pero lo bueno que tiene es que
muchas de las canciones incluidas en él no han aparecido en discos de White,
sino en recopilaciones y álbumes conjuntos en los que este personaje ha colaborado
con otros músicos de la etiqueta. White es, probablemente, el percusionista
más acertado a la hora de mezclar el jazz contemporáneo con las corrientes funkies,
dance y soul más en boga en la década de los noventa y su material es, sencillamente,
encantador. Ilustrar aquí la lista de músicos que participan en el disco sería
como comenzar a escribir el glosario de un diccionario de jazz de los noventa.
(arriba)
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Y del jazz al blues, ya que Peter Green ha decidido recopilar sus andanzas con
el Splinter Group dentro de un álbum de quince temas. El disco, titulado “The
best”, hace honor a su nombre, pero, en absoluto, seria reseñable como una parte
importante dentro de la discografía total de Green. El guitarra y vocalista
se reincorporó al mundo (así, en global) a mediados de los noventa y pareció
resurgir de sus cenizas, pero su material, con todo lo que pueda alegrar que
este hombre siga vivo, no hace sombra a un pasado casi glorioso. (arriba)
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Volvemos al tema de los homenajes para hablar de “The radioactive tribute”,
un disco surgido obviamente al amparo de lo que Señor Coconuts realizó alrededor
de la obra de Kraftwerk. En el álbum se han recogido los temas más pintorescos
de aquél y se han añadido otras versiones que del grupo alemán han realizado
artistas japoneses (Teruo Nakano, Hajime Fukuma, Hikashu…). Poco comentario
admite el disco: la música de Kraftwerk responde absolutamente a una época concreta
y todas las revisiones que se han hecho de ella en tiempos recientes han quedado
como trivialidades enfocadas, casi siempre, a aprovechar la reivindicación que
ha realizado la actual escena electrónica del grupo alemán. (arriba)
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En esto de la música nunca se puede dar nada por sentado. Y si no, aquí está
este “Rockin’ at barn” para demostrarlo. En 1999 el mandamás del sello sueco
Dusty Records hizo un viaje a Austin (la capital de Texas) y se quedó flipado
del ambiente musical de la zona, por lo que no se le ocurrió mejor idea que
la de hacer un recopilatorio alrededor de la música que, mayoritariamente, sonaba
en Austin: el country rock. Lo más significativo del hecho es que hizo el álbum
con… ¡artistas suecos! Y no hizo uno, sino dos discos, que ahora aparecen en
España del tirón. Posteriormente a éstos, Jan Andersson (así se llama el dueño
del invento) ha hecho un tercer volumen, aunque en él ha dado paso a algunas
bandas norteamericanas. Aunque en principio puede sonar a chiste, lo cierto
es que los dos primeros discos de “Rockin’ at barn” son extraordinarios. (arriba)
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¿Quieres más cosas curiosas? Pues elige este “Northern soul. Keep the faith”.
En principio puede parecer que el álbum está dedicado a un estilo determinado
de soul (¿el northern?), pero no es así. Northern soul fue un término aplicado
a la música que pinchaban los clubs del norte de Inglaterra en los primeros
años setenta. El fenómeno de los clubs estaba en un momento álgido y descubrir
música para la clientela era una seña de identidad de cada local. Ello generó
que multitud de clubs empezaran a rebuscar entre la discografía del soul americano
eligiendo únicamente rarezas inaccesibles que sólo pudieran ser escuchadas en
determinados locales. A ese tipo de música (que no es sino soul, sin más) se
le llamó “northern” por la situación geográfica de los clubs que lo pinchaban,
no por ninguna otra cosa. De ese modo, en “Keep the faith” dispones de piezas
que fueron más populares en Inglaterra que en Estados Unidos, muchas de ellas
casi desconocidas aquí pero todas sumamente llamativas. El disco es doble y
contiene treinta y dos canciones junto a una interesante disertación sobre lo
que es (o no es) el “northern soul”. (arriba)
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