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• También cambió de estilo, aunque más radicalmente, Curtis Stigers. El vocalista inició su carrera como cantante punk, pero, en cuanto se hizo más o menos profesional, se constituyó en uno de esos crooners capaces de romper corazones. Su debut en solitario, a principios de los noventa, fue un auténtico bombazo y, a la postre, le proporcionó público y relaciones suficientes como para colaborar con gente como Jackson Browne, Carole King o Randy Brecker. Después de que uno de sus temas fuera incluido en la banda sonora de “El guardaespaldas” (otro bombazo) decidió dedicarse por completo al jazz vocal, terreno en el que ha sacado dos álbumes, el último de los cuales es este “Secret heart”. En él puedes escuchar temas de lo más pintorescos (Steve Earle, Cole Porter o Mancini) al lado de composiciones propias, todo ello en un ambiente muy de club, bien presentado y con un gusto ciertamente sibarita. (arriba)

• El primer “conjunto” con el que grabó Eddie Palmieri fue La Perfecta. Era un combo de ocho elementos en el que la salsa, la charanga y el mambo se daban la mano en una explosión sonora poco habitual para los años sesenta. Ahora, con la colaboración de Doug Beavers, Palmieri ha rescatado el material de aquella formación con unos arreglos mucho más vivos y, si cabe, más explosivos. Evidentemente, los temas actualizados no causan la misma impresión, pero se ven renovados de una manera brillante y con unas posibilidades interpretativas que facilitan la labor a los actuales colaboradores del pianista. El disco que recoge este material se llama, naturalmente, “La perfecta II”. (arriba)

• Siguiendo con el jazz latino nos llega por aquí la nueva grabación del Caribbean Jazz Project, el invento que mantienen Dave Samuels y Dave Valentin en un territorio difuso pero, con todo, muy bien expuesto discográficamente. “The gathering” es su más reciente trabajo y muestra, sobre todo, dos aspectos fundamentales a considerar: el primero, que el Caribbean es cosa de dos (atrás quedan los intentos de involucrar a Paquito D’Rivera o a Andy Narell); y, segundo, que el proyecto mejora en cada grabación. Si bien hubo una época de dudas en las que no se sabía por dónde iba a tirar esto, lo cierto es que este álbum las solventa todas. Es magnifico, mucho más concreto que cualquier otro de la formación, y con un liderazgo que predomina en cada uno de los temas. Muy recomendable. (arriba)

• Dentro de nuestro país nos encontramos con Dead Capo, grupo que agrupa en su particular visión del jazz guiños al funk, un ambiente divertido y un discurso no demasiado lineal que les hace ser del todo punto impredecibles. “Díscolo” es su primer trabajo discográfico y supone la presentación de Pueblo Records, un sello empeñado en premiar la calidad y lo sorprendente. (arriba)