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Papa Wemba
Todavía hay mucha gente que critica de Papa Wemba el hecho de que sea un dandy. Curioso: en la música europea se acepta con admiración la elegancia de Bowie o Bryan Ferry, pero parece difícil entender que un músico del (por entonces) Zaire también tenga gusto por la ropa. Está condenado a parecer un africano más de los que salen en la tele en situaciones mínimas. Wemba es un dandy no sólo por la ropa que lleva, sino por su concepto vital. Tuvo la suerte de poder salir del agujero aprovechando las modas juveniles de los chavales contestatarios, se vio envuelto en la revolución que hizo nacer el soukous y ganó una proyección que no podía ni imaginarse. Su salto a Europa no llegó, en su caso, por razones económicas: él quería incluir música europea en sus discos y ése fue el motivo principal de que, finalmente, se instalara en París. Si bien su carrera internacional creció, el valor de sus obras europeas es, en muchos casos, discutible si se comparan con sus grabaciones hechas en Kinshasa. El último trabajo de Papa Wemba lleva por título “Bakala dia kuba” y es un disco lo suficientemente ecléctico y accesible como para que Wemba no pierda su cartel de embajador y puente entre Africa y París. En otras obras suyas el puente llegaba bastante más lejos (Estados Unidos o Japón), pero aquí no: en el nuevo álbum Africa está más presente que cualquier otra cosa. Eso no quiere decir que este hombre bucee tanto como otros compatriotas suyos dentro de la música tradicional de su país; lo suyo pasa más por recoger la música juvenil de los núcleos urbanos de su país y ponerla en territorio internacional. E.P.
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