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James Brown

La Riviera. 30 de mayo de 2002

Que James Brown es una de las grandes figuras que ha dado el soul, apoyado por una banda de músicos que llevaron al funk a cotas insuperables, creo que nadie lo pone en duda. Tampoco nadie niega que el hecho de que una persona con casi setenta años vividos con intensidad pueda subirse a un escenario; es un lujo al alcance de muy pocos. Lo que resulta más discutible es el espectáculo de “soul” que ofreció Brown durante casi dos horas en una sala repleta que había colgado, días antes, el cartel de no hay billetes.

Fue un concierto que se asemejó mucho a una actuación en un casino de Las Vegas, donde la “estrella”, en su ocaso, se convierte en un mero entretenedor del americano medio, que revive sus experiencias con el artista que le ofrece todos sus éxitos en un horario preestablecido y donde la emoción (la esencia de la música soul) casi nunca aparece.

James Brown presentó una macro banda, vestidos con traje de pingüino azul, camisa blanca y pajarita roja (parecían la orquesta de un mitin político americano) doblando todos los instrumentos (dos bajos, dos guitarras…), que se encargó de calentar al público durante la primera media hora de actuación con anodinos instrumentales y con un sonido falto de potencia hasta que apareció el presentador-animador que arengaba al público a que gritara el nombre de su ídolo.

Y así apareció el padrino, vestido con un traje rojo brillante y una sonrisa de oreja a oreja, que combinó clásicos propios con ajenos (acompañado de un individuo a lo Barry White, hizo una versión del “Soul man” de Sam & Dave con baile incluido), temas de relleno (una de las cuatro coristas hizo de Aretha Franklin cantando “Respect”) y otros que le sirvieron de descanso (sentado al Hammond se hizo una baladita), guardándose para la recta final las piezas que todos esperábamos (“It’s a man’s world”, “I feel good”). Como siempre, se despidió, acompañado por dos niñatas que hacían de chill leaders , con el mítico “Sex machine”. Un público entregado, con bastante gente joven , que disfrutó de lo lindo y acabó pidiendo los bises que el abuelo del soul, por supuesto, no concedió. ¡Viva Las Vegas!

Jon Mentxaca

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