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PiLT se consolida, cada día más, como una de las mejores bandas del metal actual. Julio 2002

Tras el parón

Son de los grupos que no desaparecen. Pero hay más: en cada uno de sus álbumes, los de Munguía han sabido crecer y consolidarse sin dejar de evolucionar. El hecho les sitúa en uno de los puntos más acertados de la actual escena metálica en la que los clónicos parecen invadirlo todo. Su último álbum es “Minus”, un nuevo asalto a cualquier sensibilidad.

Su nombre proviene de la casualidad. Cuando grababan su primera maqueta el Dat se atascó cuando el contador indicaba 3.14.16. Lo de “LT” ya es más complicado y puede partir de la idea de un escritor (Rafa Rueda) que no se queda nunca en lo evidente. El, junto a Aitor Abio y Xanpe, (con la ayuda del bajista Txarli Solano), formaron el grupo en 1993 y, desde entonces, han grabado cuatro álbumes que no han dejado indiferente a nadie que los haya escuchado.

-- Al principio decíais que la palabra que mejor definía vuestra música era “ladrillo”. ¿Por qué motivo?

-- “Quizás ladrillo no era la palabra que mejor podía definir nuestra música, pero en aquel momento estábamos un poco obsesionados con la contundencia. Aun así, la definición original era ladrillo de colores, de manera que también hacíamos hincapié en los matices, que son un indicativo muy presente en nuestra música”.

-- Y esa definición, ¿sigue siendo válida?

-- “El grupo ha evolucionado con el paso del tiempo, pero creo que, conceptualmente, esa definición todavía está vigente aunque habría que afinar un poco en los términos. Algo que nos ha caracterizado mucho ha sido el eclecticismo a la hora de crear ambientes, por lo que, si tuviera que definir nuestra música, diría que es como imaginarte a Zidane con casco de rugby, traje de bailarina y botas de pescador. Es broma”.

-- La gente os empezó a escuchar en base a concursos de maquetas. ¿Os fue válida esa experiencia? Lo comento porque, por aquí, el tema de los concursos está muy desprestigiado y apenas genera bandas.

-- “De hecho creo que ganamos tres, y uno con bastante repercusión, como el de la emisora de radio Euskadi Gaztea. Entonces era la única manera de poder tocar sin que nadie te conociera y la sala no estuviera totalmente vacía. A nosotros, la verdad, es que nos ha ido bastante bien, pero creo que los concursos no son la mejor manera de apoyar a los grupos. El planteamiento, en principio, no es positivo porque parece una competición y, además, en cuanto a gustos, es todo tan subjetivo… Pienso que, hoy en día, los concursos son una manera fácil para las instituciones de quitarse el compromiso de apoyar a los grupos. Aunque la verdad es que los grupos pocas oportunidades más tienen, desgraciadamente”.

-- Cuéntame cómo fue eso de grabar vuestro primer álbum en un convento de monjas ¿Por qué se eligió ese sitio?

-- “Cuando nos propusieron grabar el primer disco nuestra idea era hacerlo tocando todos a la vez y sin la presión del estudio para acabar en un tiempo concreto. Nos pusimos a buscar locales donde pudiéramos montar la unidad móvil y surgió la posibilidad del convento de las madres irlandesas, que entonces también era colegio. Por mediación de antiguos alumnos conseguimos que nos cedieran una especie de teatro que tenían y allí nos tiramos dos semanas. Fue bastante curioso: las monjas no sabían nada de nosotros y tampoco creo que les gustara mucho lo de ‘Hil da jainkoa’ “(“Dios ha muerto”, su primer single)”, pero hay que decir que fueron muy simpáticas. Al final les regalamos unos bombones y lo agradecieron mucho”.

-- En vuestra música siempre ha sido importante la aportación de los teclados y creo haberte escuchado decir en alguna ocasión que, dentro del rock, es un instrumento marginado. ¿Crees que sigue ocurriendo, que las bandas no quieren teclistas?

-- “Pienso que el teclado ha sido un instrumento marginado en el rock a partir de los 80. En esa época era un instrumento asociado a la new wave y a otro tipo de tendencias no vistas con buenos ojos desde los ambientes más rockeros. Entonces la gente tenía bastantes más prejuicios a la hora de probar cosas y eso hizo que el teclado y la música fuerte no se llevaran muy bien. Con el tiempo ese tipo de prejuicios han ido desapareciendo y, hoy en día, el teclado es un instrumento tan válido para transmitir fuerza como puede serlo la guitarra. Por ejemplo, grupos de teclados como Depeche Mode, que en su día no eran muy bien considerados en ambientes ‘cañeros’, se han convertido hoy en día en principal influencia de muchos grupos de rock. Curioso”.

-- Al principio os planteabais el grupo como un trío y Txarli era un músico de apoyo en directo. Ahora Txarli se ha ido y me gustaría preguntarte cuán importante ha sido su aportación en este tiempo.

-- “Sin duda la aportación de Txarli en PiLT era muy importante. Cuando él entró en el grupo tenía bastante más experiencia que nosotros y nos sirvió de escuela. Tenía una manera bastante peculiar de tocar, con lo que daba mucho carácter al sonido de la banda. Aunque PiLT siempre hemos sido tres Txarli opinaba como uno más e influía bastante en el resultado de las cosas”.

-- Cuéntame como se incorporó David González, el nuevo bajista, al grupo.

-- “David tocaba en E-Virus 69, grupo que conocíamos y con el que incluso habíamos ofrecido ya unos bolos. Cuando Txarli decidió marcharse a Madrid a vivir se nos hacía muy difícil mantener el ritmo de ensayos y contactamos con David. A él le hizo mogollón de ilusión y se puso a trabajar enseguida, lo cual facilitó mucho el proceso de adaptación”.

-- Se ha tachado a tus letras de crípticas. ¿Crees que lo son?

-- “Es posible, aunque también creo que he escrito textos bastante directos. Quizás tengo cierta tendencia a huir de lo evidente y que, a veces, puede que me pase. Hay un cierto complejo a desnudarte que hace que rodees mucho las cosas y que, de esa manera, el significado sea un poco más difícil de comprender. De todos modos, creo que eso está en función de lo cerca o lejos que te pillen”.

-- En “Minus” los textos no son vuestros. ¿Por qué?

-- “No era algo que tuviéramos previsto de antemano. En los textos de este disco queríamos transmitir un poco lo que había supuesto este año de parón para nosotros. Empecé a escribir, pero no nos sentíamos a gusto porque nos veíamos demasiado reflejados. Decidimos que quizás convendría un enfoque más objetivo. Para ello hablamos con gente que conocíamos, como Txuma Murugarren, Kirmen Uribe, Unai Iturriaga, Igor Elorza e Ion Maia, y les contamos a todos lo mismo: lo que queríamos transmitir con este disco, el año de parón… Ellos hicieron nueve interpretaciones diferentes sobre el mismo tema, que era un poco lo que buscábamos”.

-- ¿A qué fue debido ese parón?

-- “Creo que es algo lógico en cualquier grupo que funcione a un ritmo fuerte. Llevábamos cinco años tocando sin parar y queríamos descansar y que la gente también descansara de nosotros. Así tendríamos tiempo de reflexionar y de reorientar la dirección del grupo, que siempre es positivo”.

-- Sí, pero esa parada parece haberos afectado mucho. Tú comentabas lo difícil que os había sido sacar “Minus” a la calle…

-- “Todo tiene un poco que ver. Por un lado se nos hizo duro un cambio tan drástico de dinámica. Pasar de tocar todos los fines de semana a no tocar nada fue bastante duro y nos descolocó un poco. Esto hace que se lleguen a dar situaciones que, de otra manera, no sucederían. Al no tener el bálsamo de los conciertos del fin de semana todo se hace más difícil de superar. Por otro lado, también han estado los cambios, que, aunque han sido positivos, requieren su tiempo de adaptación y su esfuerzo extra”.

-- Entre vuestro disco de debut, del que hablábamos antes, y “Minus” hay otros dos álbumes. ¿Cómo ha sido la evolución de PiLT a través de “Denbora” y “3”?

-- “La evolución ha sido bastante natural. En el primer disco queríamos plasmar esa naturalidad y frescura que normalmente tienen los primeros discos. ‘Denbora’ fue un disco más experimental; estuvimos cerca de un mes en un caserío jugando con sonidos poco habituales, como taladros, motores, etc. En ‘3’ volvimos a las canciones; era la primera vez que completábamos todo el proceso de grabación en un estudio y todo fue un poco más racional. Con ‘Minus’, después del año de parón, pienso que comienza una nueva etapa que me recuerda bastante al primer disco, sobre todo por actitud e inquietud musical, donde probamos nuevos caminos de una manera diferente”.

-- Tú señalabas el disco como un poco “stoner”. ¿A qué te refieres?

-- “Normalmente los críticos siempre tienden a poner etiquetas y, en este caso, si se las iban a poner, pues las ponemos nosotros y así les facilitamos el trabajo. Creo que es un poco stoner sobre todo por la forma de los rifs y por la extensión de los temas. Hay rifs con cierto toque zeppeliniano o con aires a Black Sabbath. Eso, unido a que los temas son bastante largos y al tipo de atmósferas que usamos, hace que el disco suene un poco stoner. En ‘Minus’ creo que hemos conseguido un buen equilibrio entre melodía y fuerza. Quizás la voz sea una de las principales novedades, ya que está un poco más trabajada que en discos anteriores”.

-- El mastering final lo ha hecho Arispont. ¿Por qué os habéis decidido por él?

-- “Mientras estábamos grabando en Gárate oímos la masterización del disco de Sen, nos gustó y decidimos probar a ver qué tal”.

-- Antes de acabar hay dos preguntas obvias: una es referente a la música que más os influencia últimamente y la otra es en relación a vuestros proyectos más inmediatos…

-- “Los gustos son bastante amplios dentro del grupo, pero podría nombrarte algunos nombres tan variopintos como Jeff Buckley, Björk, Neurosis, Kyus, The Cure, Queens of Stone Age o Van Morrison. Los futuros proyectos pasan por tocar lo máximo posible y, en breve, empezar a preparar el siguiente disco. Fuera de lo que es el grupo, Xanpe tiene algunas grabaciones pendientes, entre ellas el nuevo disco de OST, y yo voy a producir el primer disco de Kokein, que grabarán en verano”.

E.P.

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