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Mike Oldfield anuncia la regrabación del primer “Tubular bells”. Julio 2002

Hace treinta años…

No era ésa, en teoría, la noticia. Mike Oldfield llegó a España dispuesto a presentarnos su nuevo álbum, “Tres lunas”, y a explicarnos en qué consiste su nuevo proyecto de "juego virtual". Sin embargo, el anuncio de que el año que viene regrabará su obra maestra coincidiendo con el trigésimo aniversario de su primera edición resultó un hecho mucho más interesante para los asistentes a la rueda de prensa que ofreció en el Museo de las Artes y las Ciencias valenciano.

Todo estaba preparado para que la presentación de “Tres lunas” fuera un gran evento. Fiesta por todo lo alto y hasta un cine de formato Imax listo para que el propio Oldfield realizara una demostración práctica de su “Music VR”, el jueguecito para ordenador que ocupa el segundo CD del álbum. El disco lo merecía por cuanto es, además, la primera obra que publica este personaje tras haber firmado contrato con Warner Music Spain y convertirse, por tanto, en artista local de la división española de la compañía.

“En mi próximo álbum regrabaré 'Tubular bells' tal y como me hubiera gustado hacerlo en su día y aprovechando la tecnología actual. El año que viene hará treinta años que lo hice y me gustaría retomarlo para darle una nueva dimensión. Aquel disco se grabó en una semana y se puede mejorar muchísimo”, anunció nuestro protagonista, quien también aprovechó para comunicar que, con el mismo motivo, volverá a la carretera para iniciar una selecta gira europea.

En esa gira no estará ausente España. Seguro: el cariño que Oldfield ha cogido a este país ya se palpó en su anterior “Millenium bell”, disco surgido, en principio, de un encargo pero que terminó incluyendo las primeras influencias ibicencas que este británico de cuarenta y nueve años añadió a su música. Estaba claro que, pasando por la isla, tarde o temprano Ibiza y Oldfield llegarían a tener una buena conexión. Ibiza es uno de los referentes de la actual corriente del chill out y, sin faltar a la verdad, Mike podría ser considerado como uno de los padres del estilo. “A mi música la han llamado new age, ambient, rock sinfónico… Ahora la llaman chill out, y no me importa: no me planteo el tema de las etiquetas. Dejo que las pongan otros”, comentaba sobre el particular. Los otros, se supone, son los responsables de su compañía discográfica: su “Tres lunas” lleva una pegatina enorme en la portada en la que se señala que éste es el disco "chill out" de Oldfield. Hay que aprovechar las modas a la hora de vender discos, incluso cuando se trata de un hombre con una carrera de treinta años y con veintidós discos a sus espaldas.

Más que el asunto del género con el que bautizar los nuevos temas de Oldfield habría que centrar su reciente lanzamiento en una nueva forma de unir la música a otras corrientes de ocio que imperan en el panorama actual. Según el guitarrista y compositor, “Tres lunas” es una obra multimedia en la que la música está íntimamente unida al videojuego que se añade en el segundo compacto. Lo malo es que el CD sólo aporta una versión de demostración del mismo y el kit de instalación del paquete completo: éste exige el pago por Internet de algo menos de doce libras. Lo que viene empaquetado en el CD se puede descargar sin cargo de la página de Oldfield: mikeoldfield.com.

Incluir un videojuego como valor añadido a una obra musical no es algo nuevo para Mike Oldfield. Ya lo hizo en “The songs of distant earth” en 1994, pero de aquellos tiempos a éstos ha pasado toda una eternidad. “Aquél era muy plano, muy básico. No había tecnología suficientemente desarrollada como para recrear en un ordenador un espacio virtual. Actualmente la potencia de las tarjetas gráficas se ha multiplicado y permite más posibilidades para lo que realmente deseo”. Dicho deseo consiste, básicament,e en ofrecer al jugador un viaje virtual por un mundo creado por ordenador. En él hay desiertos, mares, volcanes… y todo ello comunicado y orientado con música que fue la génesis de “Tres lunas”. “Primero hicimos el juego. En él, determinadas situaciones o parajes están asociados a una música en concreto, pero, claro, nadie sabe cuánto tiempo vas a estar viajando en ese paraje, de modo que los temas musicales incluidos como banda sonora del juego son muy cortos. Casi todo son loops que se repiten pero que fueron a partir de los cuales compuse los temas del álbum”.

Ese concepto es lo que ha conseguido que, finalmente, las piezas de “Tres lunas” se hayan catalogado como música de chill out. En su mayoría se remiten a esquemas simples que se repiten jugueteando sonoramente con los ambientes: “Siempre que compones algo cuentas con reminiscencias de lo que ya has hecho, pero en esta ocasión quería algo mucho más simple. Hay melodías en el disco que están compuestas únicamente de tres notas”, señalaba Mike, quien recalcaba más tarde esta misma opinión apuntando que, “actualmente, soy mejor compositor que ayer, probablemente porque me he dado cuenta de que ni la melodía ni los acordes son tan importantes como la emoción que pongas en la ejecución final. Seguro “--bromeaba--” que con el tiempo haré canciones a partir de dos notas, más tarde con una sola y, con el tiempo, sin notas. Todo será un silencio, pero un silencio con mucha carga emocional”.

Una de las obsesiones de Mike a la hora de crear su juego era que, en él, no hubiera violencia. Y no la hay. De hecho, para decir la verdad, no hay juego. “Music VR” es más un viaje que otra cosa y, por tanto, puedes tirarte horas y horas escudriñando cada uno de los paisajes que lo componen sin hacer otra cosa que recorrer kilómetros virtuales, desde el espacio hasta el fondo del mar. “Music VR” está también pensado para poder ejecutarse en red de modo que, si le encuentras encanto, puedes jugar al mismo tiempo que otras personas aunque, volviendo a lo mismo, la interacción entre ambas no existe: únicamente sabes que están conectadas porque se hacen presentes gracias a una representación gráfica de los jugadores por medio de figuras que el propio Mike ha llamado "avatares". El asunto es tan lisérgico que, cuando Oldfield se refería a "la risita del Music VR", muchos pensaban en que el juego era como "viajar sin necesidad de tomarse nada". “No es eso “--aclaró--”. Es que el juego es como una especie de simulador de vuelo y, al principio, te vas chocando con todo hasta que consigues el control. Una vez que te manejas con soltura es cuando a todo el mundo le aparece esa risita”.

Para terminar con el asunto del juego señalaremos que Mike, que lleva liado con esto desde principios de los noventa, ha terminado suficientemente satisfecho, aunque… “lo estoy si tenemos en cuenta los límites actuales en los que nos movemos. Me gustaría seguir explorando en eso, ya que, quién sabe, quizás dentro de unos años podemos estar en otro espacio virtual en base a hologramas”. Quien avisa no es traidor: “Music VR” se presenta como el “Episodio 1” y Oldfield se muestra absolutamente encantado de poder participar en la creación de un mundo relajante en el que no hay ni buenos ni malos. “El proyecto es un todo y es muy innovador”, añadía.

Yéndonos directamente al apartado musical del proyecto habrá que señalar que su grado de innovación no es alto. Al fin y al cabo, estamos hablando de un personaje que tiene un estilo propio, por lo que no necesita servirse de otros para mostrar su obra. En “Tres lunas” hay algunas particularidades propias de la música de Oldfield y otras que, si bien se han popularizado con el tiempo, ya estaban en su obra hacía muchísimo tiempo y fueron abandonadas para buscar otros proyectos sonoros diferentes. En el tema que abre el disco (“Misty”), por ejemplo, asistimos a una nueva creación sonora de Mike en lo que él ha llamado el saxofon-guitar: “es una especie de nuevo instrumento. Me encanta tocar la guitarra y su técnica me permite, a través de unos teclados y gracias a un software de última generación, sacar un sonido de saxo virtual muy peculiar, con acordes de guitarra”.

En “Return to the origin” vuelve a contar con su hermana Sally (ausente durante mucho tiempo de los proyectos de Mike) porque fue su voz la elegida para grabar la banda sonora de “Music VR”. A la hora de contratar a una vocalista, como sucede en “To be free”, el compositor prefirió a Jude Sim, cantante que hizo la pieza en una toma dos horas después de que Mike compusiese la letra. “To be free” es el tema elegido como single y de él se han regrabado remezclas de Pumpin' Dolls y de Soultronik.

Otro referente evidente en “Tres lunas” es el ambiente ibicenco. El título del álbum está relacionado con el restaurante Dos Lunas, situado entre la ciudad de Ibiza y la localidad de San Antonio: “Recuerdo que el dueño del local me dejó un recopilatorio variado que escuchábamos con frecuencia en aquellos días. Tenía muchos sonidos de guitarra, todos ellos muy sencillos y relajantes, y lo curioso del caso es que en distintos momentos se utilizaban samplings de algunos de mis temas. Fue entonces cuando pensé en hacer un disco de chill out”. El minimalismo y la música repetitiva han sido constantes en la música de Oldfield desde que, en 1978, lanzara “Incantations”. Posteriormente se alejó de la tendencia entrando en un terreno mucho más pop que trajo consigo algunos de sus álbumes más populares (“Five miles out”, “Crises”…). Ahora, de algún modo, vuelve a aquella época, aunque contando con una tecnología que hace mucho más factible sacar belleza de esos pilares estéticos. “La inspiración puede surgir en cualquier sitio. Es como recibir un e-mail del espacio interior”, comenta Mike. Obviamente, los e-mails no llegaban en los ochenta.

Actualmente Oldfield compone mucho más mirando al software emulador de sintetizadores que dirigiendo su mirada hacia las guitarras. Y eso se nota, como en sus dos discos anteriores, en el trabajo ambiental y de arreglos que cubren cada uno de sus nuevos temas. La circunstancia nos lleva de nuevo a lo que será la regrabación de “Tubular bells” dado que, por lo apuntado, el ordenador será una parte sumamente importante a la hora de cerrar la nueva versión. Otra de las novedades que tendrá, y que es lógico llegado el caso, es que las partes en las que las guitarras se doblaban, serán, en esta ocasión, cubiertas por más de cuarenta instrumentistas. En algunos pasajes de “Tubular bells” llega a sonar ese número de guitarras y en 1973 Oldfield tuvo que grabarlas todas.

Lo virtual, de momento, no ha llegado a todos lados.

E.P.

Mike Oldfield. “Tres lunas”. Warner

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