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El nigeriano Femi Kuti pasó por Madrid para presentar su álbum más reciente. Julio 2002

Sobrevivir en Africa

Se llama “Fight to win” y apareció a finales del año pasado. Desde entonces Femi no había pasado por España, por lo que aprovechó el viaje para ofrecerse en directo junto a Youssou N’Dour y para contestar a las preguntas de algunos periodistas.

Lo malo (o lo bueno) es que Kuti no es demasiado parlanchín a la hora de hablar de su música. La situación africana en general, y de Nigeria en particular, le tiene prácticamente obsesionado. Y no es extraño. Para quien no conozca ya a este personaje bastaría aportar un par de datos biográficos a fin de entender la lucha interna de un hombre que se declara infeliz con la situación actual que se vive en el mundo. El es hijo del legendario músico Fela Kuti Anikulapo (padre y desarrollador del afrobeat y líder de su propio partido político, el Movimiento Popular) y nieto de Funmilayo Ransone Kuti (líder feminista de principios del siglo XX y luchadora independentista). Femi, con cuarenta años de edad, ha heredado de sus predecesores un carácter comprometido con la defensa de los derechos humanos además de un peculiar gusto por la música que le ha permitido añadir una nueva dimensión a los ritmos africanos, algo que le costaría, en sus inicios, duras criticas de los seguidores más fieles de su padre.

A mediados de los años ochenta se encontró en la situación de capitanear, para una actuación, la banda de Fela cunado éste había sido detenido y encarcelado bajo acusaciones un tanto oscuras. Fue su única actuación como líder hasta que, algunos años más tarde, formó su propia banda, The Positive Force, con la que debutó en su primer trabajo, “No cause for alarm”. Allí ya dejaba ver su compromiso con los problemas socio culturales mundiales, algo que se repetiría posteriormente otros discos como “Shoki shoki” y sus posteriores remezclas (“Shoki remixed”), obras que conformarían los antecedentes de su reciente “Fight to win”. Femi apenas dirá del álbum más que le resultó interesante trabajar con el mismo productor que dirigió a su padre en varias ocasiones (Sodi); tiene muy claro que, siempre que haya un periodista delante, sus palabras se han de dedicar a denunciar la actual situación de Nigeria y, por extensión, de toda el Africa negra.

La patria de Kuti cuenta con más de 110 millones de habitantes, 250 grupos étnicos y una riqueza lingüística extraordinaria (más de 250 idiomas locales aparte del inglés, hausa, ibo y yoruba). Vivir allí no resulta especialmente fácil: “El mayor problema de Africa es la corrupción de sus líderes. A ellos les encantan los problemas. No piensan en la gente; lo único que hacen es sembrar en los jóvenes el odio y la envidia y así no vamos a ninguna parte. El tiempo corre muy deprisa y lo hace en contra de Africa. Las jóvenes generaciones no tienen ninguna ilusión y se dedican, en la mayoría, de los casos al pillaje. La única salida profesional que ven es el fútbol y no por el deporte en sí, sino porque es una salida hacia Europa, hacia el estado del bienestar. Desde los medios de comunicación se muestra a la gente todas sus carencias materiales y eso duele a la población que trata de salir del país como medio de salvación. No existen buenos astrólogos, médicos o buenos profesionales en Africa: todos están en Europa. Nigeria es un país donde los crímenes sin justificación están al orden del día y no parece que esto vaya a cambiar en breve”.

El monólogo (Femi parece evitar absolutamente todas las preguntas solventándolas con un monosílabo antes de continuar su argumento) es demoledor: “La religión es el primer o segundo problema en Nigeria. La gran mayoría de la población es musulmana o cristiana, aunque también existen otros cultos tradicionales africanos. La religión es utilizada por los corruptos gobernantes como arma de presión y sometimiento de la gente; es un instrumento que el actual presidente de Nigeria, el cristiano Sani Abacha, esgrime como medio para amansar la falta de las cosas de primera necesidad: agua potable, luz, educación… Es increíble cómo puedes pasear por la calle y cada dos pasos te encuentras una iglesia o mezquita y, en contraposición, ves asaltos injustificados. La religión fuerza el odio entre unos y otros”. Nigeria se independizó del imperio británico en 1960 y en estos 40 años han pasado por su gobierno siete presidentes militares, ninguno de ellos elegido por la población. La lapidación de mujeres se practica diariamente y las cuentas corrientes de los gobernantes engordan gracias a las ayudas internacionales. “Estoy desencantado y soy una persona infeliz. Africa no está haciendo absolutamente nada, no está construyendo su nación; es un continente con unos problemas que no podéis imaginar en Europa. Yo trato de denunciar esto con mi música. Trato que la gente se pare a escuchar lo que digo y espero que alguien se mueva, pero parece causa perdida. Estoy muy involucrado no sólo con mi país, sino con todo el mundo. En Nigeria hay una embajada española y entre España y Nigeria se hacen negocios, como con otros países. Por eso me interesa saber qué pasa en España y en esos otros países. Mis discos y mi música son la denuncia a todo lo que está pasando. Quiero transmitir al mundo que el dinero no es la felicidad ni la forma de vivir. Es cierto que hace falta para vivir, pero el mundo es algo más. Mi principal objetivo es el desarrollo espiritual; por eso he decidido trabajar con la música”.

Ante la prodigalidad verbal de Femi una no puede sino recolocarse en la silla. “Cada vez que aparece un líder honesto lo matan. Yo, personalmente, he sido censurado por la prensa que está totalmente dirigida por los políticos. De mí se ha dicho que no tengo sangre pura africana, que soy un millonario al que no importa su país. Aun así, mucha gente me anima a seguir en mi lucha”. El problema, en el fondo, es siempre el mismo: “Todo el mundo dice que Africa está muriendo, que está sufriendo, pobre Africa… ¡Demasiado ruido! Estoy harto de todo esto. Hay que ayudar a África y algunos países mandan ayudas económicas para construir carreteras, construir hospitales… pero de alguna forma estas ayudas resultan no llegar. Las carreteras siguen sin construirse y la gente se muere en la calle. Se habla mucho del problema del SIDA en África, de las guerras, pero no se hace nada; se siguen construyendo armas nucleares y las mujeres siguen llevando bombas adosadas a su cuerpo”.

¿Sin solución? Eso parece. Recientemente un miembro de la comunidad musical (Bono, de U2) ha liado a Paul O’Neill, secretario del tesoro norteamericano, a fin de viajar juntos a Africa para comprobar la utilidad de las ayudas que Estados Unidos aporta al continente negro. O’Neill inquirió a Bono, representante de una poderosa ONG, si realmente esas ayudas servían para algo y el irlandés convenció a O’Neill de que, si viajaban juntos al continente negro, podría comprobar con sus propios ojos que sí. “Lo veo bien, pero ellos siempre van a ver el problema desde el punto de vista europeo y creo que se ha equivocado de persona “--comenta Femi--”. Creo que si me llamara a mí tal vez podríamos ir más al grano. Parece que el problema de Africa deja de existir cuando surge otra causa en India o en otro lado del mundo. De los préstamos que se conceden a Africa sólo se utiliza un porcentaje ridículo. Si se gastase de una forma inteligente, si la cantidad de dólares que se gastan para ir a la Luna se invirtieran en mejorar las condiciones imprescindibles como agua, luz, carreteras…, entonces se podría hacer algo”. Aludir a la carrera espacial no es algo gratuito. Entre las ideas de Kuti hay una que predomina: la tecnología no ayuda especialmente a resolver los problemas: “A mí la tecnología no es algo que me importe demasiado; yo no baso mi vida en eso. Mi felicidad está en tocar mi música, en estar feliz en el escenario. Yo voy al estudio y grabo como siempre lo he hecho. La tecnología me da la posibilidad de enterarme sobre qué pasa en el resto del mundo, saber qué ocurre en Israel e intentar hacer algo al respecto. Me pregunto qué se puede hacer para ayudar a Africa. En Africa no hay un solo país que esté por encima de la media y que pueda darle a su gente las cosas más necesarias como comida, vivienda, seguridad social y algo de dinero”.

De algún modo, los contertulios tratamos de extraer algún tipo de información que tenga que ver con Femi en concreto. No es que no nos importen los problemas africanos, sino que el tiempo del que disponemos se va acercando a su final. Entre las preguntas surge el interés por el “Fela Project”, un proyecto cultural en el que se trata de mostrar de un modo masivo y fidedigno la obra de Fela Kuti, el padre de Femi. En principio está previsto que el evento se presente en Nueva York en 2003, pero, por lo visto, el asunto no va tan bien como se esperaba. “Yo mismo no sé qué ocurre; llevo esperando dos años a que se haga, pero está parado. Soy una persona a la que no le gusta soñar porque al final terminaría frustrado; prefiero ver la realidad, pero me gusta involucrarme con actividades que creo importantes y que ayudan a la gente”, comenta Femi, quien continúa comentando sus alternativas, mucho más modestas que el mencionado “Project”: “Tengo un club donde los paisanos puede ir a escuchar música. Está equipado con generadores de luz, una de las carencias en los hogares nigerianos, y es un lugar donde todo el mundo puede entrar gratis, charlar, bailar, tocar… Tengo en la cabeza algunas ideas, pero de momento es un proyecto de una sola persona y no sé cuándo podré desarrollarlo como me gustaría. Si tuviera dinero suficiente me gustaría poder abrir un periódico que fuera la alternativa a todos los medios de comunicación del corrupto gobierno, donde se expresaran otras ideas. Me gustaría poder tener una radio donde emitir no sólo la música de Fela Kuti, sino música clásica y otros géneros que ahora no están al alcance de la gente humilde sin recursos. Me gustaría poder dar a los niños la posibilidad de ver y disfrutar lo que es un parque de atracciones, abrir una biblioteca para que todos puedan leer buenos libros y conocer el legado de mi padre, pero, desgraciadamente, yo no tengo el dinero que tiene Michael Jordan o el resto de las grandes estrellas. Si lo tuviera trataría de enseñar a la gente que se construye enormes casas, que se compra un montón de coches, que eso es una tontería ya que sólo pueden usar una habitación para dormir y sólo pueden conducir un coche; les enseñaría lo que pueden hacer con el dinero”.

Respecto al momento de su carrera musical, Femi apuntó que “estoy casi siempre viajando. Mi carrera profesional va mejorando porque estoy haciendo muchas giras. Voy de Europa a Lagos, de Lagos a América, a Japón, a donde sea… y vuelvo a Lagos. Casi no paso tiempo en Nigeria. No hago giras por Nigeria porque no me siento seguro. En mi país tengo muy mala prensa. Hace un año que no leo los periódicos ni escucho la radio porque están contaminados por el gobierno, aunque veo que la gente en mi país me quiere, me escucha”. La crítica contra los medios de comunicación nigerianos vuelve a aparecer cuando surge en la conversación el problema de las mujeres lapidadas y las campañas que Amnistía Internacional está desarrollando internacionalmente: “En Nigeria no te enteras de estas cosas si no es hablando con algún amigo. La prensa no es independiente y desvirtúa la realidad de lo que pasa. Amnistía Internacional no es muy conocida en Nigeria, pero si en el caso de Safiya se consiguió que todavía siga con vida es por la presión internacional que se ha hecho sobre el gobierno. En casos así tiene que parar tales hechos y no tiene toda la libertad par actuar”.

Es ya hora de abandonar la sala y dejar a Femi con sus dilemas. Es difícil no sentirse acongojados después de una charla así cuando tú te planteabas inicialmente hablar de música, de discos y de una carrera internacional que cada día parece más brillante. Sin embargo, la militancia de Femi y su necesidad por expresarse no terminan ni a la hora de despedirse. El compositor comienza a explicarnos cómo a los críos nigerianos, desde que son pequeños en la escuela, se les enseña un poema que habla de que las chicas están hechas de azúcar y flores mientras los niños están hechos de ranas: “Ya desde pequeños nos enseñan que existen diferencias; nos educan con una base materialista en vez de hacerlo con una educación más basada en el espíritu. Los jóvenes negros americanos se llaman así mismos ‘niggers’, algo por lo que murieron Malcom X y Martín Luther King. Michael Jackson, ya a los ocho años, era un niño objeto. Esa es la educación que recibimos. Si el sistema sigue por este camino, cuando yo tenga sesenta años, los hijos estarán matando a sus padres”.

Desolador.

Ana Felipe

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