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Mallory Knox + Los Padrinos

Gruta 77. 11 de enero de 2002

¿Qué le pasa a Madrid? Si te dicen que, al lado de tu casa, te ofrecen un viernes por la noche un concierto de tres grupos por seis euros y con las copas a un precio razonable, casi todo el mundo abriría los ojos como platos. Es inexplicable que la gente de Carabanchel no respondiera el viernes 11 ante la convocatoria del Gruta: puede entenderse que a alguien no le guste la programación, o que tuviera otras cosas que hacer, o... lo que sea. Pero que una oferta como ésa juntara apenas un centenar de personas sólo puede significar que la gente prefiere subirse al centro a tomar sus copas antes que consumirlas en un sitio donde hay música en directo. La visión era desoladora y supongo que es de las que hace replantearse a más de uno si la gente que pide música en directo tiene realmente la intención de ir a los conciertos.

El hecho se hace un poco hiriente si, además, tenemos en consideración que se agrupaban en el escenario un grupo del circuito (Suckin' Dicks), uno que presentaba disco (Mallory Knox) y uno de esos grupos vascos que, lejos de lo que hacen la mayoría, no duda en bajar a Madrid en cuanto puede a fin de ofrecer su música a la gente de esta ciudad. Una oferta, como digo, absolutamente estupenda para pasar el viernes con tus amigos si no tienes otra cosa mejor que hacer. Y, vamos a admitirlo, ese viernes no había tanta oferta como para que, cuanto menos, el local hubiera tenido otra apariencia. En fin...

Vamos al asunto. En teoría, éste es de los conciertos en los que uno va a ver más que a criticar, a medir antes que a sacar pegas y a comprobar la posible proyección que tienen los grupos que se atreven a subir a un escenario. En ese aspecto, Mallory Knox se mostró como una oferta divertida, potente y con actitud, pero con pocos recursos a la hora de atrapar al público. Si bien su directo no deja que desear, tal vez estén faltos aún de gancho para atraer a la gente que les ve por primera vez o, en su defecto, es posible que tuvieran un día un tanto flojo.

Los Padrinos, sin embargo, sí que supieron llenar ese hueco que, hasta su aparición, quedó un poco vacío. Su presencia en escena, la conjunción de sus dos guitarras y una rítmica muy bien fundida consiguió que, ya desde sus primeras canciones, la gente quedara intrigada con ellos. Su concierto fue de menos a más dando un repaso visceral por los estilos rockeros, acercándose al punk ramoniano y centrándose siempre en canciones con melodía que permitían seguirles con agrado y con el ritmo metido en el cuerpo. Tanto Mallory Knox como Los Padrinos tienen un disco en la calle y, a la hora de defenderlo en directo, se puede ver que su segunda oferta discográfica les mostrará más parecidos a lo que ofrecen encima de un escenario. Ambos resultan mejor en vivo que enlatados y el hecho de seguir tocando sólo puede hacerles mejorar.

E.P.

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